La filosofía en la enseñanza, problema filosófico y condición de posibilidad para la apertura de la filosofía en la sociedad.

platon-aristoteles

Por Moisés Rodríguez Rosales.

Enseñar filosofía es dar lugar al pensamiento del otro.

Alejandro Cerletti.

¿Cuáles son las maneras en que los filósofos podemos incidir en la sociedad? ¿Qué es lo que podemos hacer para transformar nuestra circunstancia? Filósofos como Leopoldo Zea, Adolfo Sánchez Vázquez y otros muchos más nos han dicho que la filosofía en México, Latinoamérica y en cualquier lugar, debe incidir en la sociedad, que lo que se debe hacer es pensar la circunstancia para transformarla[1], valiéndonos de la teoría filosófica que nos proporcionan los filósofos clásicos; de lo que se trata es de hacer filosofía desde la praxis y para la praxis, es decir, desde la multiplicidad de lo concreto, diagnosticando los males de la circunstancia para ofrecer posibles soluciones a ella, para transformarla hacia lo que, creemos, puede ser “mejor”. Pero ¿Cómo podemos hacer eso? ¿Cómo es que, desde nuestra circunstancia, podemos incidir en la sociedad para transformarla? Una manera es, por supuesto, la enseñanza.

enseñanza filosofia

Gabriel Vargas, José Alfredo Torres, Guillermo Hurtado y Mauricio Beuchot, en La filosofía mexicana ¿Incide en la sociedad actual?[2] Nos muestran cómo ha sido el proceso a través del cual se ha desplazado a la filosofía en México a través de todo el Siglo XX, desde el proyecto de Vasconcelos para que los intelectuales salieran y se relacionaran directamente con la circunstancia y pudieran ofrecer soluciones a las problemáticas encontradas, hasta el enclaustramiento de los filósofos en la Academia en tiempos más recientes. Es decir, a través de los años y las distintas políticas prevalecientes en el país se nos desplazó, se nos separó de la sociedad hasta el punto que se nos considera “inútiles” o “prescindibles” incluso de los planes de estudio en los distintos niveles educativos, recordemos la ya tristemente célebre Reforma Integral para la Educación Media Superior (RIEMS). Pero, ¿debemos atribuirle toda la “culpa” del desplazamiento de la filosofía a las políticas prevalecientes en las últimas décadas? ¿No será que, también, nosotros tenemos que ver en eso?

Como ya lo hemos expuesto antes[3] es claro que por parte de los filósofos hay un desinterés por incidir directamente en la sociedad; si bien todos celebramos las acciones del Observatorio Filosófico de México, pero pocos hemos realmente intentado distintas formas de acercarnos a la sociedad, de meternos en ella y desde ahí partir para nuestra reflexión y para nuestras propuestas.

Como lo hemos mencionado más arriba, uno de los lugares donde podemos incidir es donde nos han dado espacio para hacerlo, es justamente en el lugar donde nos desplazaron: en la Academia, en la escuela, en el aula.

Como bien lo menciona Alejandro Cerletti en La enseñanza de la filosofía como problema filosófico[4] no es lo mismo enseñar filosofía que enseñar cualquier otra disciplina, la enseñanza de la filosofía, independientemente de que responda a un currículum institucional determinado, implica un análisis subjetivo; es decir, el profesor-filósofo tiene que analizar qué es lo que va a enseñar y cómo ha de hacerlo. La enseñanza de la filosofía implica una relación dialógica entre el profesor y el alumno, una relación en la que es necesario comprender al otro y entenderse en un dialogo en el que el contenido, determinado por la institución, se maneja de tal forma que pueden observarse las implicaciones en la vida cotidiana de ambos.

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Si quiere mantenerse viva a la filosofía, concordamos, es necesario relacionar dichos contenidos con la vida cotidiana de quien enseña y quien aprende. Los contenidos, si se enseñan simplemente como teorías  abstractas y sin relación contextual e histórica, pueden no comprenderse en su complejidad, lo cual da lugar al no entendimiento de las implicaciones de dichas teorías y al extrañamiento de las mismas: su inutilidad.

¿Qué se observa en las escuelas? Aquellos que hemos tomado clases de filosofía en distintos niveles educativos hemos sentido, más de una vez, que no hay una relación entre las teorías filosóficas y nuestra vida cotidiana, y hemos sentido eso porque a los profesores, muchas veces, nos falta remarcar esta relación, nos falta mencionar que la filosofía nace siempre de una inquietud del filósofo por solucionar algún problema que encuentra en su realidad, además de que no relacionamos el contenido teórico con la práctica cotidiana, lo cual, reiteramos, da lugar al no-entendimiento de las teorías y la perspectiva o “prejuicio” de que la filosofía no sirve o es prescindible.

Darle vida a la filosofía, en la enseñanza, es una decisión del filósofo, pues es él quien decide si vincular las teorías a la vida cotidiana o no, es él quien tiene en sus manos el mantener y crear nuevos caminos para la filosofía. Pues si damos vida a la filosofía en el lugar donde, hoy por hoy, tenemos abierto el camino para mostrar la pertinencia de dicha disciplina, es posible que, desde ahí, creemos la apertura hacia nuevos, o no tan nuevos, caminos para transformar nuestra realidad. En el aula pueden surgir ideas que nos abran la perspectiva de nuestra propia realidad, y también caminos para ofrecer solución a problemáticas que encontremos ahí mismo.

Como lo menciona Cerletti, y mucho otros, no hay un método eficaz de enseñar filosofía, pensar en un método válido para todo tiempo y lugar en ese respecto es ingenuo, la propuesta de Cerletti, y que secundamos, es que los profesores de filosofía reflexionen acerca de su quehacer, luego de esa reflexión, que implica el qué enseñar, el cómo y el para qué, el profesor podrá transmitir la actitud del filosofar hacia el alumno, en una relación, ya lo dijimos, dialógica, en la que no hay uno que  sabe y uno que no sabe, sino un dialogo entre iguales en el que hay un intercambio de ideas y perspectivas, lo cual mantendrá viva a la filosofía al ejercitarla, es decir, al filosofar. Con ello se llegará a una formación, tanto para el alumno como para el profesor, y a una transformación de ambos en la reflexión y el pensamiento, lo cual dará lugar a la apertura del mundo y la posibilidad de crear nuevos caminos para la reflexión y la transformación del mundo.


[1] Como ya lo hemos estudiado antes, en los artículos sobre “La relación entre filosofía y sociedad”, y el artículo de Luz Contreras sobre Ideología y Filosofía desde Adolfo Sánchez Vázquez.

[2] Vargas Lozano, Gabriel, Mauricio Beuchot, Guillermo Hurtado, José Alfredo Torres. La filosofía mexicana ¿Incide en la sociedad actual? México. Ed. Torres Asociados. 2008. Pp. 102.

[3] En artículos anteriores, ver Nota 1.

[4] Cerletti, Alejandro. La enseñanza de la filosofía como problema filosófico. Editorial Libros del Zorzal. Buenos Aires. 2008. 88 pp.

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