Democracia y sistema político mexicano I

Por: Moisés Rodríguez Rosales

Introducción.

Actualmente ¿Cuáles son los elementos que nos permiten hablar de “democracia” en una sociedad dada? ¿Existe algo así como un “sistema democrático” en México? ¿Cómo podemos caracterizar el sistema político en el que nos encontramos? Estas y muchas otras preguntas son las que una gran parte de la población se plantea al voltear la mirada a la circunstancia que nos interpela. Evidentemente, puede abordarse este tema desde diversas disciplinas y pretender dar diversas respuestas. En el presente artículo, dividido en cuatro partes, tendré, como guía, estas preguntas para elaborar una respuesta desde la filosofía política y, más específicamente, me apoyaré en las reflexiones de Carlos Pereyra para analizar de una manera rigurosa, y teóricamente precisa, el tema planteado.

La importancia de retomar a un autor como el mencionado radica en la necesidad de volver al pensamiento de aquellos filósofos que nos proporcionan una claridad teórica, un rigor analítico y una reflexión que parte de la realidad en que vivieron; además, fue un importante filósofo mexicano y militante de izquierda que, con las bases teóricas y una realidad tan cercana a la nuestra (sus reflexiones se ubican en las décadas de los 70´s y 80´s), nos permite aclarar cuestiones que se nos complicaría interpretar de filósofos cuyas reflexiones parten de circunstancias distintas a las que hoy vivimos.

Como puede notarse, para responder a la segunda pregunta es necesario responder la primera, por lo que en ésta parte me guiaré por ella e intentaré darle una respuesta desde la teoría política del autor mencionado. Si bien para muchos es evidente el que no estamos dentro de un “sistema democrático”, es necesario fundamentar nuestras afirmaciones con argumentos. Lo que pretendo en este artículo es, como ya lo he mencionado, un análisis riguroso de las condiciones que nos permiten hablar de “democracia” en una sociedad dada, para analizar posteriormente si, con base en lo anterior, nos es posible caracterizar como “democrático” al sistema político mexicano.

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La democracia en una sociedad de masas

Cuando pensamos en la democracia como problema de la filosofía política pensamos en las diversas acepciones del término, desde el griego “poder del pueblo” hasta las definiciones que el contractualismo y el liberalismo dan a ese término. En el Estado liberal se pretende una democracia basada en la división de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) que tengan propósitos y facultades distintas, y cuyo objetivo sea regular o mediar entre la sociedad civil (compuesta de propietarios) y proteger la propiedad privada.

Sin embargo, como nos dice Carlos Pereyra “Más allá del uso específico del vocablo ‘democracia’ en la filosofía griega, lo cierto es que la preocupación por la cuestión democrática es un fenómeno contemporáneo. Se trata, en rigor, de un asunto que sólo se plantea con toda su fuerza a raíz de la aparición de la sociedad de masas”[1] Es decir, la cuestión de la democracia representativa, tal como la conocemos y la problematizamos hoy, es un fenómeno plenamente moderno y, con el surgimiento de la “sociedad de masas” a principios del siglo XX, adquiere un carácter distinto, incluso al planteado por el  liberalismo de Locke, por ejemplo.

En este contexto, la preocupación por la democracia está atravesada por la necesidad de precisar cómo y en qué sentido sociedades tan grandes pueden o  no participar de ella. “La demanda de democracia política expresa un conjunto de necesidades suscitadas por la aparición de la sociedad de masas, es decir, por la aparición de un tipo de organización social donde irrumpen en la escena política todos los estratos de la población”.[2]

Democracia política y democracia social son los componentes que una sociedad de masas necesita para llegar a una democracia que, forzosamente, tiene que ser representativa pues, tal como afirma el autor

Es inherente a la sociedad de masas la pluralidad de intereses, aspiraciones y proyectos sociales, ningún partido puede pretender en la sociedad de masas centralizar y encarnar la voluntad colectiva, por lo que sólo hay lugar para la dominación autoritaria que anula las diferencias y, en definitiva, agota y esteriliza la multiplicidad y riqueza de la sociedad de masas, o para el funcionamiento de la democracia política, único mecanismo capaz de garantizar la productividad social y cultural de una sociedad heterogénea.[3] [Criticando al partido único del “socialismo real”]

Aquí es muy interesante notar que Pereyra considera que, por un lado, no es posible llegar a una “democracia directa” dentro de una sociedad de masas y, por otro, las aspiraciones de los “partidos únicos” propias de los autoritarismos y las pretensiones de las revoluciones del llamado “socialismo realmente existente” son incompatibles con una democracia política. A este respecto el autor considera que la estatización de los medios de producción y el gobierno de una cúpula que pretenda ser la “voz del pueblo” no puede más que anular las diferencias y esterilizar la libre opinión y el debate de ideas, propios de una democracia política en una sociedad de masas.

Cuando hablamos de democracia política, nos referimos, en sentido estricto, a la libre elección de gobernantes o dirigentes; en una sociedad de masas “la democracia, en rigor, sólo tiene que ver con el asunto de cómo los dirigidos eligen dirigentes. Lo que está en juego es la forma que adopta la relación entre gobernantes y gobernados. La democracia es siempre democracia formal.”[4] Es decir, lo que está en juego para determinar si en una sociedad existe o no la democracia política es la forma de elegir a los gobernantes y cuál es la relación de estos con los gobernados, por eso decíamos que una democracia política es la libre elección de gobernantes. Según el autor, no podemos apelar a algún tipo de democracia directa en una sociedad de masas, porque resultaría imposible, por un lado, consensuar entre la opinión de una multiplicidad tan grande de sujetos y, por otro, que las decisiones no pueden llevarse a cabo por todos los integrantes, sino forzosamente por un grupo determinado “… la magnitud y complejidad del Estado moderno [hablando de las sociedades de masas] vuelve impensable la operación de la democracia directa.”[5]. Sin embargo, para él “La democracia es una forma de vincular a tales dirigentes, administradores o representantes con los dirigidos, administrados o representados […] La democracia es siempre democracia representativa”.[6]

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Al ser tan grandes las diferencias ideológicas y ser imposible el consenso, es necesario remarcar que eso no significa una homogeneización de estas diferencias, en dado caso, significa conjuntar lo que pueda entrar en un grupo, sin anular dichas diferencias “La democracia opera como el único régimen político que no supone la supresión del otro. La democracia es siempre democracia pluralista”.[7]

Es con estos elementos como podríamos hablar de una democracia en una sociedad de masas, teniendo como características el pluralismo, la representación, la libertad de elegir a los gobernantes y, sobretodo, la libertad de organización política, debate de ideas y de información; sólo así podemos hablar de participación política: “La participación es un mito sin formas democráticas tales como libre intercambio de ideas e información, concertación de proyectos, negociación de intereses, confrontación pluralista en los órganos de decisión.”[8]

La participación de los sujetos en la vida política, como vemos, corresponde a la garantía de estas libertades. Los sujetos de una sociedad se constituyen como sujetos políticos por la participación; es decir, “Los miembros de una sociedad no son sujetos políticos por el mero hecho de existir y ocupar determinado lugar en las relaciones de producción. Su constitución como sujetos pasa por la dimensión ideológica”.[9] Si no hay sujetos políticos no hay auténtica participación, se necesitan las libertades que mencionamos para que los sujetos puedan constituirse como tales: sin sujetos políticos no hay participación, sin participación no hay pluralidad, sin pluralidad no hay democracia.

La pluralidad parece ser un ingrediente muy importante para una sociedad democrática, pero ¿en qué sentido hablamos de pluralidad? La pluralidad de la que hablamos no significa solamente diversos grupos o partidos políticos, significa, también, la libertad de expresión e información, la libertad para formar grupos, libertad de debate de ideas. Para lo anterior es necesario contar con medios de comunicación que garanticen, en mayor o menor medida, la transmisión de información lo más objetiva posible, así como espacios para el debate de ideas y la posibilidad de organizarse libremente. Con lo anterior sostenemos, al igual que Pereyra, que

La política no se agota en el ámbito estatal; recorre el conjunto de las instituciones sociales. Hay relaciones de poder y sistemas de autoridad en todo el entramado institucional constitutivo de la sociedad; hay otros centros de poder además del condensado en el gobierno del Estado y ello exige la ampliación de los espacios democráticos del plano donde los agentes sociales intervienen en calidad de ciudadanos (democracia política) a los otros planos donde intervienen en función de la diversidad de sus funciones y papeles específicos (democracia social).[10]

Es decir, la intervención en la vida política no se agota en el sistema institucional ni en la emisión de un voto, implica también una participación en los demás “centros de poder”, lo que el autor llama democracia social, que es complementaria a la ya expuesta democracia política, e implica esta libertad de organización y de expresión de opinión.

En resumen, podemos decir que la democracia en las sociedades de masas, como en la que nos encontramos ahora, se relaciona con varios factores: es de suma importancia la democracia política que tiene que ver con la elección de gobernantes, la relación que éstos tienen con aquellos y la pluralidad de organizaciones políticas que participan en el terreno electoral. Pero ésta no es suficiente para hablar de democracia en éstas sociedades, también se requiere de la democracia social, que implica libertad de organización política y sindical, de expresión y debate de ideas; requiere de medios de información autónomos del Estado, es decir, medios que brinden información lo más objetiva posible y espacios para el debate la opinión sobre los asuntos públicos; en fin, de la posibilidad de construir una opinión pública lo menos cooptada posible, y que los sujetos componentes de una sociedad se constituyan como sujetos políticos.

[1] “La cuestión de la democracia” (1987) en Pereyra, Carlos. Sobre la democracia. Ed. Cal y Arena. México 1990. pág. 83.
[2] “El viraje hacia la democracia I” (1987) en Pereyra, Carlos. Op. Cit. Pág. 71.
[3] Ibíd. pág. 72.
[4] “La cuestión de la democracia” (1987) pág. 85.
[5] “Democracia política y transformación social” (1988) en Pereyra, Carlos. Op. Cit. pág. 98. Los corchetes son propios.
[6] “La cuestión de la democracia” (1987) pág. 85.
[7] Ibíd. pág. 86.
[8] Ibíd. pág. 86-87.
[9] Ibíd. pág. 87.
[10] “Democracia política y transformación social” (1988) pág. 100.

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