María Zambrano y la Filosofía Latinoamericana: reflexiones desde la vida.

Por Iris Yadel Chávez
Durante el periodo de su exilio, María Zambrano hace una fuerte crítica al racionalismo imperante en la filosofía occidental. Para la española ver al hombre sólo como razón (y en específico, como racionalidad ilustrada) significa acortar sus posibilidades. Así también, considerar a la filosofía sólo en el plano de la sistematización, es lo mismo que empobrecerla. Por ello es necesario preguntar: ¿qué pasa con aquellos pensamientos que no están inscritos en dicha tradición filosófica? Ya que estos pensamientos, como la filosofía latinoamericana y mexicana, se enfrentan al cuestionamiento por su autenticidad filosófica y su validez epistémica; en parte, por el desconocimiento que se tiene de ellas y, también, porque no pertenecen a la tradición occidental racionalista moderna y sistematizada. Siguiendo los pasos de la filosofa española, plantearé que la filosofía latinoamericana nace de la propia vida, de la circunstancia; y que es ella, en sí misma, una manera distinta de filosofar. Para hablar de ello, retomaré a Leopoldo Zea como un defensor de la circunstancia, como punto de partida en la filosofía Latinoamericana.
La crítica de Zambrano a la razón ilustrada.
maria_zambranoEn su texto[1], Zambrano se refiere a la poesía y la historia unidas por la anulación, en el plano de lo cognoscible, que el pensamiento, el riguroso pensamiento filosófico tradicional hizo, “reservándose para sí la realidad íntegra, para sustituirla en seguida por otra realidad, segura, ideal, estable y hecha a la medida del intelecto humano[2]”. Por ello, el propósito de la filosofa será recuperar la vida del exceso de racionalismo. Pero, ¿a qué se refiere con racionalismo y su exceso?
El racionalismo -afirmaba Ortega- no es una actitud propiamente contemplativa sino más bien imperativa. En lugar de situarse ante el mundo y recibirlo en la mente según es, con sus luces y sus sombras […] el espíritu le impone un cierto modo de ser, lo imperializa y violenta, proyectando sobre él su subjetiva estructura racional[3].
Sin embargo, es necesario investigar primero, de dónde viene este racionalismo desbordado y cómo llegó a ser una manera imperializante del pensamiento.
Zambrano escribe que la tradición filosófica que va desde Parménides hasta Hegel ha forjado un orbe estable para la habitación del hombre. De la misma manera, con Santo Tomas y Dante nace la sistematización y, por tanto, la forma cerrada y absoluta del saber filosófico. Sin embargo, este entramado histórico ha desembocado en llamar razonable a la vida que más se conforma a ella.
Para la filosofa, la vida se rebela, por ello el racionalismo parece insuficiente para “dar cuenta de la vida, para forjar una razón emergida de la vida.[4]
Y es que cuando habla de racionalismo se refiere a que occidente se caracterizó por ensoberbecer no sólo la razón teórica, sino “una razón como primer y último paradigma no sólo del pensamiento y los saberes sino, obviamente, de la vida.[5]” Lo que la vuelve excluyente ante los modos de vida que se encuentren fuera del contexto racionalista. Es claro que el hombre no es solamente teorético, pues se afirma en la práctica y en la experiencia; sólo a partir de ellos puede haber pensamiento que se dirija hacia la razón. Por ello, para Zambrano es necesario que la razón se funde en el ser, de esa manera, el ejercicio del entendimiento consistirá en recuperar “aquello que fue olvidado o que huyó de la hiriente luz del racionalismo”[6], es decir, la pasión, la experiencia, la vida misma porque:
“o la vida tiene sentido, o no es nada, y hay que sumergirse en la vida de un pueblo, perderse primero en ella, en su complejidad ilimitada, para salir luego a la superficie con una experiencia en la que se da el sentido. El sentido ordena los hechos y los encaja entre sí al encajarlos en su unidad.[7]
La Filosofía Latinoamericana.
La pregunta por la filosofía latinoamericana, al menos desde el aspecto epistemológico, es preguntarse por la legitimidad de ésta; pues en sentido estricto, desde el discurso de la filosofía hegemónica, si no es racionalista, entonces no es filosofía. Ahora bien, ¿cómo es el pensamiento que se genera en este continente?
Filósofos como Augusto Salazar Bondy explican que “el proceso del pensamiento filosófico hispanoamericano comienza con la introducción de las corrientes predominantes en la España de la época de la conquista[8]”; a partir de ello, en su libro[9], hace un análisis de lo que ha sido la filosofía en este continente, dice que durante el paso de los siglos las corrientes de pensamientos europeas han sido importadas y han influido los cambios que en Hispanoamérica han sucedido; por ello, se carece de autenticidad. Pero lo que interesa resaltar es que para Bondy se ha logrado regularizar el ejercicio filosófico, suscitándose así un dilema fundamental para la justificación del filosofar latinoamericano. Los pensadores latinoamericanos no construyen grandes sistemas especulativos y se vinculan muchas veces con la literatura o las ciencias sociales, por lo cual no se ha dado una tradición continua y no se ha generado, según Bondy, una línea de pensamiento propia; además advierte que en la filosofía hispánica hay ausencia “de un nexo estrecho con la creación científica que, como se sabe, ha sido tan importante en la evolución del pensamiento europeo y norteamericano[10]”.
En contraparte, Leopoldo Zea lanza la pregunta, que algunos críticos se hacen: “¿Filosofía en Latinoamérica?”; siempre preguntando: ¿dónde están los sistemas?, ¿dónde está el filósofo americano que pueda ser equivalente a Kant o a Hegel? Pero quienes ya no se preguntan por los sistemas, preguntan por un supuesto profesionalismo que consideran que no ha existido, pero que, por supuesto, comienza con ellos. Metafísica por un lado, lógica como filosofía estricta, por el otro; como condiciones para el surgimiento de una supuesta filosofía original, latinoamericana[11].
Zea sostiene, en el texto mencionado, que la originalidad filosófica implica que las reflexiones parten de la propia realidad, es decir, desde la problematización del entorno del sujeto. Esto, sin olvidarse del pensamiento que viene de la tradición greco-europea. Claro está que partir de la circunstancia propia del filósofo que la piensa, es lo mismo que tomar como punto de partida su propia vida. Diría Zambrano que el conocimiento es cuestión de voluntad; así, el conocimiento nace “enlazado a una cuestión del quehacer en la vida[12]”.
Es así como:
Una filosofía es original porque intenta dar respuesta a problemas de la realidad del hombre, no por crear nuevos y, como el autor mismo dice, “extraños” sistemas, con “exóticas” soluciones. Es en ese sentido que Zea afirma que no es necesario que el hombre americano se esfuerce por crear nuevos sistemas, tratando de parecerse al europeo, sino simplemente que intente responder a los problemas de su realidad[13].
Entonces, para la filosofía latinoamericana y, dentro de ella, la mexicana, el acento no radica en la sistematización totalizante pues, históricamente, Latinoamérica ha pensado distinto; aún en pequeñas medidas, bajo un sincretismo cultural, se dejan ver las raíces de los pueblos originarios, que han servido como pautas para preguntar por la universalidad y el intento de totalizar una manera de pensar.
Siguiendo a Zambrano, hay algo a lo cual llamar pensamiento filosófico cuando éste se funda en la vida, en la circunstancia, parte de la propia vitalidad y se lleva a conceptos que surgen como necesidad de nombrar aquella vivencia.
Apuntes finales
1264114430001_6D86183A-EEBF-4EFD-94DF-1666BDF56A7B_dnEn Latinoamérica hemos heredado, adquirido y asimilado una forma de hacer filosofía que viene de la tradición eurocentrista. El problema no es que esté presente esta añeja tradición, pues ha sido fruto y constitución de un modo de vida, la cuestión que aquí resulta inquietante es que, al momento de trasladar todos los saberes que conquistaron a América, hay una fragmentación, pues de ninguna manera pueden ser lo que para el mundo greco-europeo han sido. Por ello la necesidad de pensar sobre el pensar filosófico ha sido de vital importancia. La crítica que construye Zambrano pone en ejercicio reflexiones sobre lo que ha desembocado ese quehacer racionalista, al menos, en la circunstancia mexicana. Vislumbro, sin más, algunas cuestiones que resultan problemáticas en lo que atañe a la filosofía en su acepción sistemática.
En primer momento, no admite otros “tipos” de pensamientos, por ello los pensamientos que se construyen desde los países orientales o pensamientos hinduistas, que han pasado por la lupa del racionalismo, han dialogado y se han alejado del occidentalismo. O quizá por ello, también, las filosofías latinoamericanas y mexicanas que vienen desde los pueblos originarios (inca, náhuatl, tojolabal, etc.) han sido desvalorizadas en el estatus filosófico, desde el propio racionalismo, muchas veces, por partir del sentir, del pensar, de la vida y de la experiencia.
Esto, ha mermado un poco la posibilidad de buscar nuevas vías de investigación, pues se niega a admitir y a dar lugar para reinterpretar sus conceptos desde otros puntos de vista. Con esto no quiero (y no puedo) descalificar tantos siglos de pensamiento filosófico. Todo esto ha sido asimilado de una manera muy extraña pues se ha quedado, en algunos casos, en filosofía encerrada en el cubículo de investigador, lo que hace pensar a la gente, dentro y fuera del ámbito de la filosofía, que ésta se encuentra separada y distante de la realidad. De ese cerrazón de cubículo ha nacido la necesidad, desde algunos otros lugares de la filosofía, de sacar la filosofía del cubículo y llevarla a la vida pues la mayoría de la gente (la población no especializada) ha adoptado ideas vagas sobre la tarea del filosofar, que se muestran en afirmaciones tales como “la filosofía no sirve para nada”, “mi filosofía de vida” o “la filosofía de la empresa”. Cabe aclarar que sólo me estoy refiriendo a casos aislados, pero que de fondo preocupan, porque, entrando en otros temas, como filósofos hay que pensar qué estamos haciendo y cuál es nuestra posición en la sociedad; claro, no es la que Platón pensó en sus Diálogos.
Regresando al punto central, definitivamente en Latinoamérica pensamos diferente y partimos de diferentes lados, por ello es necesario pensar en que nuestro quehacer filosófico es diferente; que está un tanto alejado de ese sistema criticado, en su momento, por Zambrano. No hay que olvidar que, no obstante, es necesario retomar esta crítica para concretar otros métodos de investigación filosófica. Ella hace una propuesta atrevida desde la poesía, ¿qué podemos proponer nosotros?
Bibliografía.
Zambrano, María, Pensamiento y poesía en la vida española, [en línea], Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Alicante, 2000, 31/05/2014, Formato HTML, Disponible en internet: http://www.cervantesvirtual.com/obra/pensamiento-y-poesia-en-la-vida-espanola—0/.
Rivara Kamaji, Greta, La tiniebla de la razón, La filosofía de María Zambrano, Editorial Ítaca, México, 2006.
Zea, Leopoldo, La filosofía americana como filosofía sin más, Siglo XXI Editores, México, 1969. Y en su versión electrónica: http://www.olimon.org/uan/zea.pdf
Salazar Bondy, Augusto, ¿Existe una filosofía de nuestra América?, Siglo XXI Editores, México, 1968.
Rodríguez Rosales, Moisés, La relación entre filosofía y sociedad II, en: https://filosofiamexicana.org/2013/05/16/relacion-filosofia-sociedad-2-moises-rodriguez/
[1] Zambrano, María, Pensamiento y poesía en la vida española, [en línea], Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Alicante, 2000, 31/05/2014, Formato HTML, Disponible en internet: http://www.cervantesvirtual.com/obra/pensamiento-y-poesia-en-la-vida-espanola—0/.
[2] Ibíd., p. 3.
[3] Rivara Kamaji, Greta, La tiniebla de la razón, La filosofía de María Zambrano, Editorial Ítaca, México, 2006, p. 48.
[4] Ibíd., p. 55.
[5] Ibíd., p. 58.
[6] Ibíd., p. 44.
[7] Zambrano, Op. Cit., p. 24.
[8] Salazar Bondy, Augusto, ¿Existe una filosofía de nuestra América?, Siglo XXI Editores, México, 1968. p. 15.
[9] Salazar Bondy, Augusto, ¿Existe una filosofía de nuestra América?, Siglo XXI Editores, México, 1968.
[10] Ibíd., p. 29.
[11] Zea, Leopoldo, La filosofía americana como filosofía sin más, en http://www.olimon.org/uan/zea.pdf
[12] Zambrano, Op. Cit., p. 36.
[13] Rodríguez Rosales, Moisés, La relación entre filosofía y sociedad II, en: https://filosofiamexicana.org/2013/05/16/relacion-filosofia-sociedad-2-moises-rodriguez/
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