Filosofía de la Educación, Ideología y Utopía. Reseña por Victórico Muñoz Rosales

Romero Griego, Miguel. Filosofía de la Educación, Ideología y Utopía, México,
         Ediciones del Lirio, 2014, 161 pp.
miguel romeroDotarse de sentidos o de criterios para comprender las incongruencias, los desatinos o los aciertos del fenómeno educativo en las IES –Instituciones de Educación Superior- en México, es el principal objetivo del libro que ahora reseñamos del doctor Miguel Romero amplio conocedor del sistema educativo nacional.
El título del texto significa perfectamente lo que el lector encontrará en su interior. En la Introducción el propio autor nos avisa que el libro constituye sólo una parte de una amplia investigación realizada en sus estudios de doctorado centrada en la Universidad como objeto de estudio y ubicado en el último cuarto del siglo XX; me permito señalar además que es la parte teórico-metodológica que sustentó dicha tesis, entonces en este libro encontraremos los medios, los caminos, las perspectivas y estrategias con las cuales abordó el fenómeno educativo. El Prólogo se debe a la mano sapiente del doctor Mario Magallón muy dedicado, entre otras cuestiones, a la problemática educativa latinoamericana. Magallón encuentra en la obra los elementos críticos suficientes para “…coadyuvar a, construir y practicar una filosofía para la educación y, a su vez, convertirse en una auténtica práctica filosófica de la educación…”
Dividido en cuatro capítulos, el primero titulado Educación y Filosofía es donde se establecen las relaciones de aplicar una indagación filosófica al objeto educativo para obtener de él una filosofía de la educación; aquí lo importante son los problemas que se identifican y construyen; el capítulo II Filosofía, Educación e Ideología delimita las funciones de cada uno de esos elementos en una visión interrelacionada y de conjunto, es decir holista; pasa al Capítulo III Filosofía de la Educación donde propiamente establece su denominación, funciones y aportes e introduce el enfoque filosófico latinoamericanista; la Filosofía de la Educación entre nosotros, desde este enfoque, es distinta. El último capítulo Filosofía Educación y utopía desde una perspectiva dialéctica introduce el elemento utópico –en el más productivo de sus sentidos teóricos- para cerrar el ciclo de la indagación de Romero sobre el fenómeno de la educación.
La hipótesis que recorre toda la obra y que fundamenta la argumentación del autor estriba en considerar que la realidad educativa en México puede calibrarse y conocerse al analizar sus idearios, sus fundamentos teóricos pero sobre todo sus documentos rectores oficiales y confrontarlos con sus verdaderas prácticas institucionales, al interior de los centros educativos y sus funciones académico-administrativas.
Capítulo I Educación y Filosofía. Romero Griego no peca de ingenuo y nos enfrenta de un inicio al problema de tomar postura respecto al problema de ¿cuál es la relación de la Filosofía con la Educación? Explícita e implícitamente toda educación conlleva una Filosofía y una ideología las cuales generalmente están determinadas por el grupo político-económico hegemónico. Es fácil comprender y encontrar ejemplos en el sentido de que los Estados y sus gobiernos controlan la educación, en el caso mexicano desde la preescolar, básica, secundaria y media superior directamente, para “educar” o “formar” al ciudadano que desean. Para nuestro autor esto involucra en esa educación toda una cosmovisión que da pautas, criterios, fundamentos relacionados con los proyectos y aspiraciones de los que detentan el poder. Pensar pues como filósofos –y en general como cualquier persona preocupada y comprometida con la educación- ¿cuál es mi función, papel, o relación con la educación? y en cualquier posición ¿cuál es el sentido de esta relación? ¿qué estoy haciendo? es el principio crítico metodológico del cual hay que partir. Así, a nuestro autor le parece que “Reflexionar entre las relaciones entre la Filosofía y la Educación permite entre otras cosas: a) comprender mejor los diversos factores que inciden en la educación, b) los valores manifiestos en ciertos comportamientos y formas de ser, c) una fundamentación teórica y crítica de la educación y sus fines; modelos educativos e instituciones y, a partir de ello; d) descubrir algunos errores, aciertos, “fortalezas” y “debilidades” y, en consecuencia; e) la posibilidad de corregir errores, así como perfeccionar y mejorar los aciertos y logros obtenidos.” (pp. 16-17). Como es de notarse si bien hay imposición hegemónica y políticas educativas ineludibles Romero apuesta a las prácticas conscientes y críticas que se separen del hacer por hacer sin reflexión. Otro aspecto relevante en este primer capítulo lo constituye la comprensión de que los desfases, distorsiones, incongruencias o definitivas contradicciones de la educación con lo que debería ser, estriba en que hay desvinculación (habría que establecer cuál, cómo, de qué tipo y por qué) “entre los postulados de los documentos respecto de las prácticas sociales relacionadas con ellos…” (p. 19).
Y así, con ese contraste se podrá establecer concretamente qué de nuestras prácticas educativas, escolares o administrativas son utópicas, cuáles ideológicas o cuáles reales y con fundamento filosófico. Mientras no se esclarezcan estas relaciones, es decir, mientras los mexicanos no hagamos un verdadero análisis de la realidad educativa y con ello establecer nuestros verdaderos problemas, sólo atinaremos a importar soluciones ya hechas en otros países, a imitar proyectos educativos ajenos. Romero griego llama xenofílica a esa actitud de amor por las soluciones del extranjero que lleva además la contraparte de ignorar o menospreciar las propuestas de solución que hacen los propios connacionales. Se dice fácil y exactamente esa debería ser una tarea de nuestras autoridades educativas, pero inmediatamente se impone la evidencia de que buena parte de ellas actúan ideológicamente, imitativamente. Es por ello que continúa la indagación de qué entenderemos por ideología.
Capítulo II Filosofía, Educación e Ideología. ¿La educación es ideológica? Nuevamente para no andarse con rodeos y perder el tiempo Romero Griego nos enfrenta con la realidad, recuérdese que anteriormente ha asentado que toda educación tiene una (o algunas) filosofía e ideologías. Más aún ¿la filosofía es ideológica? Dice nuestro autor: “La Filosofía, más bien algunas filosofías, llegan a tener un carácter ideológico o pueden ser empleadas ideológicamente, al igual que la ciencia y la tecnología, pueden estar asociadas con los intereses de poder, dominación, explotación y hegemonía [y aclara], pero no se pueden a priori y per se, considerarse ellas mismas ideologías.” (p. 51) Para esto sigue a Adolfo Sánchez Vázquez en su definición de ideología aparecida en su texto “La ideología de la neutralidad ideológica”. Así, se concibe a la ideología como ese conjunto de creencias, ideas, valores, actitudes, ideales y expectativas que se manifiestan en diversas prácticas sociales, inculcadas por los medios masivos de comunicación, las instituciones sociales y agentes moralizadores entre los que se encuentran la Escuela, el Estado, la Religión y la Familia.
Hace un repaso selectivo y desde esta óptica ideológica de la Historia de la Filosofía desde los griegos, pasando por el medioevo, a través de la época moderna hasta nuestros días destacando la orientación y funciones que la educación con su filosofía y su carácter ideológico van posibilitando a la largo de la historia para formarnos y educarnos –y de paso- sobre cómo se va gestando la filosofía de la educación. No deja de analizar otras posturas de interpretación sobre lo ideológico como la crítica de Villoro, la perspectiva del “análisis político del discurso” de Rosa Nidia Buenfil o del enfoque multicultural de Teun Van Dijk. Aquí Romero nos ofrece otro elemento muy relacionado con lo apuntado en el primer capítulo: el análisis histórico nos demuestra que es posible notar avance, desfase o desvinculación igualmente en el pasado al valorar 1) las propuestas teóricas de algunos filósofos y pedagogos, 2) las políticas y normatividad jurídica-gubernamental en materia de educación y, 3) las prácticas educativas concretas. (pp. 74-75).  Si pronunciarse por un modelo educativo o un paradigma educativo ya supone asumir, aceptar una filosofía y una ideología subyacentes a ese proyecto educativo, entonces se hace necesario aplicarles una crítica filosófica para conocer qué estamos aceptando y qué no. Si esa reflexión nos lleva al conocimiento real no podemos más que crear nuestras propias soluciones, al menos regionales pero sin desvincularnos del concierto mundial. Bien se ve en qué y para dónde hay que poner atención, es la filosofía mexicana y latinoamericana la pieza clave que nos permitirá lo anterior, recordando que no debemos desvincularnos de los demás. Si bien no debemos ser xenofílicos, tampoco queremos ser xenofóbicos.
Capítulo III Filosofía de la Educación. ¿Cómo es entonces una Filosofía de la educación latinoamericana? ¿Cuáles son sus características? En primer lugar hay que hacer notar que nuestro autor considera que lo filosófico no sólo está en los objetos de estudio, sino también en la manera de abordar esos objetos o fenómenos, es decir desde un enfoque, teoría y perspectiva filosófica; y añadiría yo, con intencionalidad, problematicidad y finalidad filosófica. Es decir compartimos la idea de que la filosofía se construye, se crea y se recrea, no sólo se reproduce o repite o imita. Bajo este presupuesto dice Romero Griego: “La reflexión filosófica sobre la educación trata de indagar, identificar y explicar los principios y fundamentos filosóficos (epistemológicos, axiológicos, éticos, estéticos y ontológicos) presentes en ciertos modelos, sistemas e instituciones educativas. Esta reflexión incluye, o debe incluir, el análisis de: a) documentos de tipo jurídico, administrativo y académico; b) las estructuras administrativas y académicas y c) las prácticas educativas, relaciones e interacciones de quienes forman la comunidad educativa, las cuales constituyen el factum; el cual puede corroborar o contradecir lo expresado en los documentos relacionados con esos sistemas e instituciones.” (pp. 102-103). Otra característica más de lo filosófico y de la filosofía es que ésta no debe quedarse sólo en lo teórico, en los discursos, sino llegar a la realidad de la cual quiere formar parte, incidir en ella e influirla o modificarla. Por ello el referente constante a las prácticas concretas y su contraste con lo escrito, con el deber ser o los documentos dotan al análisis del autor de una dialéctica entre la teoría y la práctica entre el deber ser y el ser de la educación entre la utopía y la ideología, por ello nos lleva al siguiente capítulo.
Capítulo IV Filosofía, Educación y Utopía desde una perspectiva dialéctica. ¿La educación es utópica? Y ahorrando tiempo preguntamos ¿la filosofía es utópica? Depende qué entendamos por Utopía; en congruencia con teóricos de la utopía como Horacio Cerutti o Fernando Aínsa y a través de la historia nuestra mexicana y latinoamericana Romero Griego considera la utopía en sentido positivo, teóricamente fecundo como imaginación crítico-realista de mundos posibles y alternativos. En ese sentido la Educación toda, siempre postula ideales, el deber ser de la humanidad, en sus programas, en sus planes de estudio, en sus modelos educativos, en las filosofías y las ideologías que las fundamentan.
Al igual que con la ideología va a suceder con la utopía: “Esta inadecuación o incoherencia entre lo real y lo ideal –dice Romero Griego- se ha hecho evidente en muchos de los planes educativos de nuestro país. Pero, curiosamente, al mismo tiempo, no ha habido imaginación y creatividad…para adecuar los proyectos educativos a nuestra realidad. Por el contrario, se ha preferido copiar o adoptar acríticamente sistemas y modelos educativos o pedagógicos de otros países con características y necesidades muy diferentes a las nuestras; así como tampoco se ha relacionado a la educación con la conciencia y el compromiso sociales, ni con la explotación sustentable adecuada a nuestros recursos, naturales y humanos, cultura e idiosincrasia” (p. 141)
Vale decir que lo utópico criticable es el que “no tiene lugar” por ese desfase entre las prácticas educativas y lo deseado en los documentos; pero lo utópico querible o deseable es aquel que aunque no se dé inmediatamente sea buscado y nos acerque a lo ideal, a ese ideal de humanidad en armonía, entre todos y con la naturaleza.
Este texto de Miguel Romero Griego, de nueva cuenta nos lleva a pensar en todas estas cuestiones cruciales sobre la educación especialmente en países como el nuestro que entra perfectamente en la descripción de los errores que cometemos, las ideologías que aceptamos, los ideales que nos planteamos y las necesidades que todavía nos falta cubrir. Pero enseña y describe el camino fehacientemente: mientras no analicemos la realidad educativa institucional, de sistemas, regional o nacional no detectaremos nuestros problemas concretos y tampoco diseñaremos nuestras soluciones. Así, entraremos nuevamente en las lógicas imitativas y de importación de teorías foráneas o la aceptación cabizbaja de la imposición hegemónica de paradigma y enfoques en lo educativo que responden no a nuestras necesidades reales sino a las del sector productivo de libre mercado capitalista.
Es ahí donde se juega lo ideológico y lo utópico en la educación y ahí mismo donde se hace necesaria la filosofía de la educación con un enfoque nuestro, mexicano y latinoamericano, que nos permita resolver su dialéctica. Eso es lo que nos recuerda y propone Miguel Romero Griego. Por darnos más qué pensar y en qué pensar con este rico semillero de temas sobre educación, espero que se anime a convidarnos el resto de sus investigaciones en próximos libros; enhorabuena, por mientras, para el presente.
Dr. Victórico Muñoz Rosales
Escuela Nacional Preparatoria
Facultad de Filosofía y Letras
UNAM
victórico2@yahoo.com.mx
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