María del Carmen Rovira Gaspar (1923-2021), pilar de la filosofía mexicana

Por Héctor Eduardo Luna López*

Resumen:

En el siguiente artículo destacamos algunos aspectos de la vida, pensamiento y obra de María del Carmen Rovira Gaspar, filósofa mexicana de origen español, que a lo largo del siglo XX y las primeras décadas del XXI fundamentó epistémica e históricamente la existencia de la filosofía mexicana. Dada la relevancia de su obra, Carmen Rovira es hoy en día uno de los pilares fundamentales del área de investigación de la filosofía mexicana y de la filosofía en México, por lo que nos centraremos en algunos rasgos de su ejercicio profesional, docente y de investigación que nos permita revelar la significación que la última filósofa del exilio español, fallecida en 2021, tiene para nuestra filosofía. Nuestro objetivo es hacer evidente el lugar central que Carmen Rovira tiene en el espectro filosófico nacional gracias a su trabajo en favor de la reconstrucción y consolidación de nuestra tradición filosófica mexicana, sus objetos de estudio, problemas y estructura interna.

Palabras clave: Filosofía mexicana, Filosofía en México, Historia de la filosofía mexicana, Humanismo mexicano, Utopía mexicana.

Introducción

María del Carmen Rovira Gaspar (1923-2021) es para la filosofía mexicana uno de los pilares fundamentales que tuvo a lo largo del siglo XX y de lo que llevamos del XXI. Gracias a sus desarrollos teóricos de fundamentación epistémica y a su trabajo de investigación histórica, la línea de investigación de la filosofía mexicana se sostiene hoy con una fortaleza incuestionable y se halla en un momento de consolidación, a partir del cual ya no podrá ser cuestionada su legitimidad filosófica, su originalidad, ni mucho menos la relevancia que tiene para la vida cultural e intelectual de nuestra nación y del mundo.

En el siguiente artículo destacaremos algunos aspectos de la vida, pensamiento y obra de Carmen Rovira, así como los rasgos de su ejercicio profesional, docente y de investigación que nos permitan evidenciar la importancia que tiene para nuestra filosofía y, por ello, valorar con justicia su decidido trabajo en favor de la reconstrucción y consolidación de nuestra tradición filosófica mexicana, sus objetos de estudio, problemas y estructura interna.

Ma. del Carmen Rovira Gaspar y su arribo a México

Carmen Rovira nació en la ciudad de Huelva, España, el 27 de julio de 1923, en el seno de una familia acomodada, pero de pensamiento crítico y compromiso social. Sus primeros años los pasó en la ciudad onubense hasta que, en 1934, por causas laborales de su padre, se mudó con su familia a Madrid. Fue en dicha ciudad donde les sorprendería la Guerra Civil Española, en 1936, tras el golpe de Estado encabezado por Francisco Franco y la caída del legítimo gobierno de la Segunda República Española, hecho que marcó un antes y un después en la vida de Rovira y su familia, pues a partir de ese momento iniciaron una larga peregrinación por la supervivencia.[1]

Con apenas 13 años, tuvo una infancia marcada por el dolor de la guerra, una guerra de resistencia que los grupos republicanos sostenían frente a la violencia y la intolerancia del fascismo.

En ese convulso contexto de golpe militar y respuesta civil republicana, buena parte de la familia de Carmen Rovira tomó partido; su padre, Miguel Rovira Malé, de filiación socialista y desde hacía tiempo un crítico radical de los abusos de los poderosos sobre los obreros y trabajadores, les favorecía a estos últimos condiciones para la organización política, lo que le costó ser perseguido por el régimen fascista; su hermana, Mercedes, llegó a ser militante del movimiento de mujeres antifascistas; mientras que su hermano, Miguel, luchó como combatiente republicano en el Frente de Madrid y fue apresado en varias ocasiones.[2]

Tras una serie de dificultades signadas por el miedo, el hambre y el frío, pasando largos meses huyendo entre bombardeos, retenes militares, amenazas falangistas y luego de atravesar clandestinamente los Pirineos con ayuda de socialistas amigos de su padre, Carmen Rovira y su familia finalmente se embarcarían en la ciudad francesa de Le Havre con destino a Nueva York. A su arribo, tomaron un autobús y se dirigieron al sur del continente hasta llegar a la Ciudad de México, en donde comenzarían una nueva vida.

Inmediatamente, Carmen Rovira fue inscrita en la Academia Hispano-Mexicana, para concluir su educación secundaria y preparatoria para luego, en 1945, ingresar a la Universidad Nacional Autónoma de México a estudiar la carrera de Filosofía.

En México, Carmen Rovira no solamente logró adaptarse en su calidad de exiliada, sino que llegó a arraigarse en esta tierra y a identificarse con su gente, a hacer suya la cultura e historia de México hasta el punto de afirmar que se sentía más plenamente mexicana que española. Y más allá de cualquier nacionalidad, Carmen Rovira afirmó siempre el valor de la genuina universalidad del ser humano, al que concebía hermanado por el principio de dignidad humana en un sentido radical, capaz de trascender cualquier frontera o límite cultural.

En cierta ocasión, tuve el privilegio de realizarle una entrevista en la que conversamos sobre diversos temas intelectuales y hubo una pregunta referida a su vida y los años que pasó entre 1936 y 1939 en la convulsa España; le pregunté cómo la experiencia de la Guerra Civil y el exilio influyó en su concepción y forma de hacer filosofía, a lo que me respondió:

Permíteme que nombre a mi padre. Yo lo admiro porque me enseñó a respetar la libertad y la justicia, me enseñó que es lo mejor que puede haber y que hay que respetarlas. Y creo que esa libertad y esa justicia, si las respetas, da lugar a un humanismo. Porque ahí va implícito el respeto al otro. El otro tiene tanto derecho como yo. Yo creo que eso son las bases de un humanismo. (Rovira & Luna, 2018)

Desde muy niña, Carmen Rovira llegaba al encuentro de los ideales de libertad y justicia que movían al espíritu crítico de su familia, ideales a los que, con el tiempo, ella misma dedicaría su vida desde la perspectiva filosófica, y que le servirían como brújula para la reconstrucción del pensamiento crítico de los filósofos y filósofas mexicanas que, desde sus propios contextos, también enfrentaron encrucijadas existenciales que demandaron un compromiso político en contra del poder absolutista.

Formación y profesionalización filosófica de Carmen Rovira

Carmen Rovira, última filósofa del exilio español republicano en México, estudió la carrera de Filosofía en la hoy centenaria Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde entraría en contacto con su principal maestro y mentor, José Gaos, también exiliado o, a decir de él mismo, “transterrado”.

Fue en el Seminario para el Estudio del Pensamiento en los Países de Lengua Española, que el doctor Gaos dirigía tanto en El Colegio de México como en la FFyL de la UNAM, donde Carmen Rovira, invitada por Gaos y becada gracias a sus gestiones, comenzó en 1950 una investigación en torno a los filósofos eclécticos portugueses, misma que se convertiría en su tesis de maestría y en su primera obra publicada bajo los auspicios de El Colegio de México con el título de Eclécticos portugueses del siglo XVIII y algunas de sus influencias en América (1958), reeditada luego por la UNAM en 1979.

Como parte de este seminario, Carmen Rovira perteneció a la generación de estudiantes y discípulos que el propio Gaos reconoció como “los historiadores”, por haber realizado historia de las ideas en torno al pensamiento filosófico de México, América Latina y la Península Ibérica.[3] Además de Carmen Rovira, que, a la par de desarrollar sus ideas propias, fue la única que durante toda su vida realizó investigaciones histórico-documentales sobre la historia de las ideas, también se cuentan en esta promoción a: Leopoldo Zea, con sus trabajos en torno al positivismo en México;[4] Victoria Junco Posadas, que estudió al mexicano Juan Benito Díaz de Gamarra;[5] Monelisa Lina Pérez Marchant y sus estudios sobre la inquisición en México;[6] Bernabé Navarro[7] y Olga Quiroz-Martínez,[8] que investigaron sobre la introducción de la filosofía moderna en México y en España, respectivamente; Luis Villoro y su obra ya clásica sobre el indigenismo en México;[9] Rafael Moreno, que trabajó el tema de la ilustración en México;[10] Francisco López Cámara, en torno al liberalismo en México;[11] y los trabajos de Vera Yamuni Tabush, donde realizó estudios comparados en torno a diversos pensadores de lengua española.[12]

Sobre esta generación de jóvenes filósofos e historiadores de las ideas que trabajaron en el periodo de 1950 a 1955 bajo su dirección, Gaos auguraba venturoso porvenir: “A quienes se han destacado en la obra colectiva a que estoy refiriéndome quiero decirles que estoy seguro de que la parte que les corresponde persistirá en la historia de la cultura mexicana en la posición y con la duración de los sillares cimientos de vastos y altos edificios”. (Gaos, 1980, p. 168)

El tiempo ha dado la razón a Gaos y la obra de Carmen Rovira es evidencia de ese alto edificio con sillares cimientos sobre los cuales se erigen hoy en día los estudios de historia de la filosofía mexicana. Gracias a ellos contamos con mejores enfoques y materiales para comprender el devenir de la filosofía mexicana a lo largo de las épocas, sus tendencias intelectuales y los objetos de estudio a los que se ha dedicado desde hace más de 500 años en esta región que hoy conocemos como México.

Ya graduada como maestra en filosofía, Carmen Rovira trabajó como profesora en la Universidad Femenina, sustituyendo a José Gaos. Ahí fue profesora de destacadas estudiantes de bachillerato como, Graciela Hierro y Juliana González que, con el tiempo, también se convertirían en figuras centrales para la filosofía mexicana: Graciela Hierro desde los estudios feministas y Juliana González desde la bioética. Por testimonio de ambas filósofas sabemos que fue en la clase de Carmen Rovira donde ellas se decidieron a estudiar filosofía, seguramente contagiadas por la pasión y la agudeza intelectual de su maestra. Graciela Hierro recuerda en su libro autobiográfico Me confieso mujer (2004): “Después de terminar la preparatoria, me inscribí en la carrera de filosofía. La iluminación me llegó durante la clase de Introducción a la filosofía, con la maestra Kay Rovira, en la Universidad Femenina.” (p. 87). Por su parte, Juliana González ha reconocido que fue en las clases de Carmen Rovira en la misma universidad en donde nació su interés por la filosofía: “La primera clase que tomé, sobre Heráclito, fue de Cay Rovira. Yo dije: ‘Esto es lo que me hace campanitas’”. (González & Del Río, 2016).

Entrados los años 60, Carmen Rovira ingresa como profesora a la Escuela Nacional Preparatoria, en donde dicta todos los cursos de filosofía que se ofertaban y para inicios de los 70 se incorpora como profesora en la FFyL por invitación de Adolfo Sánchez Vázquez, otro destacado filósofo del exilio. En entrevista con el filósofo español Antolín Sánchez Cuervo (2022, p. 221), Carmen Rovira recuerda su ingreso a la facultad de este modo:

… fue Adolfo Sánchez Vázquez, que había sido mi maestro durante mis estudios de filosofía, quien entonces me apoyó. Me lo encontré un día en la Facultad de Filosofía de la UNAM, me preguntó a qué me dedicaba y yo le respondí que daba clases en Preparatoria. Él era coordinador de la Facultad y me dijo que debería dar clase allí. Me propuso entonces que fuera ayudante de Rosa Krauze, que siempre fue muy amable conmigo, y que concursara para impartir clases en la Facultad. Así lo hice, superé el concurso y empecé a dar clases de Introducción a la Filosofía.

A partir de ese momento, Rovira dedicó todos los años siguientes de su vida a la docencia y la investigación en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. En agradecimiento, esta casa de estudios concedió a Carmen Rovira una serie de reconocimientos y homenajes a su destacada labor, entre los que figuran el Premio Universidad Nacional en Docencia en Humanidades (2006); el reconocimiento Escuela Nacional de Altos Estudios (2012), otorgado por primera vez; la medalla Sor Juana Inés de la Cruz (2013); y, como hemos mencionado, el nombramiento de Profesora Emérita (2020), que representa el máximo galardón que la UNAM concede a sus académicos y académicas destacadas.

Por su parte, en España, la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) le otorgó la Medalla al Mérito (2019), el más alto reconocimiento que la universidad concede a intelectuales que, viviendo en el extranjero, mantienen una relación de estrecha colaboración intelectual con la UAM; mientras que el gobierno de Huelva homenajeó a Carmen Rovira nombrándola Hija Predilecta de la Cuidad de Huelva (2020).

Crítica a José Gaos y propuesta filosófica de Carmen Rovira

Pasemos a comentar un par de los aportes teóricos de Carmen Rovira. En el año 2000, dio una conferencia titulada “¿Nuevas rutas en la filosofía en México en el siglo XXI?”, en el marco del coloquio La filosofía mexicana entre dos milenios, organizado por Norma Delia Durán y Mario Miranda.

La importancia de tal conferencia radica en dos aspectos: 1) Es una crítica a las categorías propuestas y usadas por José Gaos para el estudio de la filosofía mexicana, mediante las cuales, a decir suyo, se demostraría la existencia de una filosofía mexicana y su originalidad y 2) En que a partir de una propuesta propia para el estudio de la filosofía mexicana, la doctora Rovira nos revela dos contenidos filosóficos originales y propios, el humanismo y la utopía, que escapan a la caracterización ofrecida por Gaos; y que, por el contrario, nos confirman la existencia de una filosofía mexicana que surge de una racionalidad plenamente consciente de sus circunstancias y necesidades.

Atendamos a los textos. La obra de Gaos analizada por la doctora Rovira es En torno a la filosofía mexicana, publicada entre 1952-1953. En su capítulo titulado “La historia de la filosofía en México”, el doctor propone una serie de categorías que, a su juicio, demostrarían la existencia y originalidad de la filosofía mexicana.[13]

Gaos comienza su exposición señalando que la duda sobre la originalidad de la filosofía mexicana puede zanjarse a partir de “categorías autóctonas”, donde: “la categoría de importación, demostrará la creciente originalidad relativa de la filosofía mexicana” (1996, p. 305). En seguida, profundiza en dicha categoría, dividiéndola en dos: importación desde fuera e importación desde dentro.

Siguiendo la exposicion de Gaos, importación desde fuera, puede aplicarse a los casos de filósofos extranjeros que importan filosofía, por ejemplo, de Europa a México, como se dio en la introducción de la filosofía cristiana a América al momento de la Conquista y la Colonia. Mientras que importación desde dentro se refiere a la importación que hacen los nacionales de filosofías ajenas después de un viaje al extranjero o incluso sin haber hecho ningún viaje. Es decir, cuando los mexicanos asumen una filosofía extranjera como un modelo a importar. Y, sin embargo, abunda Gaos, la cuestión de la importación no es una cuestión meramente geográfica sino más bien de “Historia del Espíritu”, está en relación con la actitud y el ánimo del que importa.

Así, propone tres tipos: el espíritu de metropolitano, o sea, del que llega a la colonia trayendo consigo sus propios contenidos y sintiéndose seguro de su valor incuestionable; el espíritu de colonial, es decir, el que estando en la colonia acepta sin resistencia y con beneplácito los valores e ideas del metropolitano y; finalmente, el espíritu de espontaneidad, de independencia y personalidad nacional y patriótica, aquel “en el que predominan ideas y valores específicamente mexicanos en algún sentido… aquellos que tienen plena conciencia de la personalidad nacional y la voluntad patriótica de lograr su independencia” (Gaos, 1996, p. 307)

En ese sentido, serían los últimos, los de ánimo patriótico, quienes por conservar valores “específicamente mexicanos”, importarían con miras a la independencia mental, intelectual y cultural. Y en es ese punto donde aparece la primera crítica de la doctora Rovira (2014), quien nos dice:

Si leemos con atención las palabras del doctor Gaos advertiremos que tanto los que realizan una importación desde fuera, como desde dentro, traen algo de fuera, y ese algo no ha surgido del propio pensamiento mexicano, sino que ha sido importado, pudiendo coincidir o no con el espíritu de “espontaneidad, independencia y personalidad nacional”. (p. 197)

Con ello, Rovira mina de principio la categoría fundamental gaosiana de importación, que probaría la “creciente originalidad de la filosofía mexicana”.

Gaos va más allá y establece también la categoría de: inserción. Ésta se daría en dos sentidos, como inserción en lo nacional y de lo nacional, y sería activada por los importadores con espíritu de espontaneidad e independencia nacional.

La inserción de lo importado en lo nacional consistirá entonces en: “la adaptación de lo importado a las peculiaridades culturales del país en cada momento.” (Gaos, 1996, p. 308) Esto quiere decir que el importador, consciente de su contexto como condición de posibilidad de la filosofía importada, adapta aquello que más le funciona, reemplazando o cambiando elementos.

De manera más profunda se daría la inserción de lo nacional en lo importado, que consiste en la reivindicación o inclusión de lo nacional en la filosofía importada, es decir, en concebir que, al importar y adaptar una filosofía a un contexto nacional se está haciendo, al mismo tiempo, un aporte a la filosofía en general, desde lo nacional, digámoslo así, en un proceso de mexicanizaciónuniversalización.

Sobre ello, la doctora Rovira apunta: “como puede advertirse en estos pasos categoriales, no se supone algo propio y auténtico en el pensamiento mexicano, sino que todo gira en relación con la ‘importación’ y a su ‘inserción’ en lo nacional” (Rovira, 2014, pp. 197-198). Es decir que, aun cuando el nacional adapta o acondiciona una filosofía extranjera al contexto particular, e incorpora lo mexicano en ella, depende en todo momento de la importación de filosofías generadas en otro lugar.

Finalmente, Gaos plantea la categoría de importación electiva y aportativa; a su juicio, la que mejor explica la originalidad de la filosofía mexicana. Tal categoría refiere al momento histórico en que considera que los mexicanos comenzaron a elegir aquello que importaban; a saber, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII cuando llegan a México ideas eclécticas modernas y tiene lugar un proceso activo de elección en donde se detienen a pensar qué sí y qué no importar. Afirma Gaos: “Se siente la tentación de decir que lo mexicano en Filosofía consistiría fundamentalmente, aunque no supremamente en semejante modo de elegir o módulo de preferencias filosóficas…” (Gaos, 1996, p. 310).

Por su parte, la doctora Rovira concluirá, de modo crítico, que, en todas las categorías planteadas por Gaos, el elemento sustancial es el de la “importación”, ya sea desde fuera o desde dentro, con espíritu de independencia, de modo electivo y aportativo, e incluso realizando una inserción de lo filosófico en lo nacional y de lo nacional en lo filosófico, pues se parte irremediablemente de la “importación”:

… vale preguntar, si no hubiera habido esta “importación”, ¿se hubiera dado la filosofía en México?, indudablemente, según lo planteado por él [Gaos] y de acuerdo con su esquema, no. Por lo mismo nos inclinamos a pensar que al doctor Gaos, en el manejo y planteamiento de las mencionadas categorías se le pasó inadvertido lo auténticamente filosófico mexicano, [lo] no nacido de una “importación”, ni de una “inserción”, sino esencialmente propio y original… (Rovira, 2014, p. 199)

Esta crítica, aunque formulada varios años después de lo planteado por Gaos, me parece uno de los grandes aportes de la doctora Rovira, pues nos permite ver una superación teórica de la alumna respecto del maestro al ofrecernos una propuesta propia para una mejor y más amplia comprensión de lo que vendría a constituir las características de la filosofía mexicana.

La crítica me parece importante, además, pues la influencia de Gaos y de sus categorías ha estado presente en muchos autores que se dedicaron al rescate de la filosofía mexicana en su sentido histórico. Algunos casos son los de Laura Benítez Grobet, que basándose en ellas, señala la originalidad aportativa de Sigüenza y Góngora en el siglo XVII tras haber realizado una “asimilación discriminada” (Benítez, 1980, p. 123) de la modernidad. Otro autor que rescata las categorías de Gaos es el historiador Ernesto de la Torre Villar, que en su antología de Lecturas históricas mexicanas, las presenta como un aporte fundamental para la comprensión de nuestra cultura y filosofía. (De la Torre, 1998)

Por su parte, Gabriel Vargas Lozano ha escrito el artículo: “La filosofía mexicana: las sendas de Gaos” (Vargas, 2001), en donde reconoce la claridad de Gaos para señalar la existencia de limitantes históricas para la conformación de filosofías propias y originales que identifica con la dependencia política de México a España por tres siglos, hecho que propició, al mismo tiempo, una dependencia cultural e intelectual de España y Europa. Situaciones que explicarían el carácter “imitativo” de la filosofía en México, de la mano del llamado “complejo de inferioridad” del que hablara también Samuel Ramos.

Sin embargo, en su análisis, Gabriel Vargas pierde de vista las implicaciones que tiene el contenido de las categorías de Gaos de importación electiva y aportativa para la filosofía mexicana y las acepta como una propuesta ideal para realizar investigación histórica sobre nuestros propios pensadores. Por su parte, la doctora Rovira, sin desconocer la importancia de la tarea histórica de rescate de nuestros filósofos y filósofas, hace una reflexión previa en torno al marco categoríal usado para validar la originalidad del pensamiento mexicano.

Pasar por alto la crítica de Carmen Rovira a Gaos y conformarnos con las categorías que éste propuso nos llevaría a restringir los aportes filosóficos nacionales a aquellos que cumplen con la condición de importación, ya sea electiva o más reflexiva, pero importación a fin de cuentas. ¿Cómo acometer entonces el estudio de la historia de la filosofía mexicana, sin caer en la rigidez categorial de Gaos?

En su obra de madurez, Francisco de Vitoria. España y América. El poder y el hombre (2004),Carmen Rovira nos alerta del riesgo de un choque categorial al hacer historia de la filosofía, pues nos dice que si al interpretar el pasado filosófico vamos con un marco categorial definido a priori, podríamos confundir los resultados de la investigación y, como nos prevenía antes, podríamos perder de vista la peculiaridad y originalidad de la filosofía que estudiamos. Así, aconseja: “si interpretamos con rigor los conceptos o categorías filosófico-político, morales-religiosas usadas en una época […] si las interpretamos en su tiempo límite, respetándolas como tales, podemos llegar a un conocimiento de los textos analizados.” (p. 14)

Es decir, nos propone estudiar en su justa dimensión a los autores y sus textos, dejarles hablar y plantear sus propias categorías, no ir a ellos con nuestras categorías del presente. Tal consejo obliga a respetar las fuentes directas, a acercarse sin prejuicios ni estructuras categoriales para desentrañar la esencia de las propuestas filosóficas del pasado, trascendiendo con ello la rigidez metodológica de querer ajustar las filosofías y sus aportes al esquema gaosiano fijado en las categorías de “importación”, “elección” y “adaptación”. La propuesta de Carmen Rovira invita a encontrar en las mismas obras las ideas que son producto del compromiso intelectual de los y las filósofas frente a los problemas que delimitados espacio-temporalmete les aquejaron.

Tal idea se complemeta con otra de sus propuestas filosóficas, a saber, las características propias de un filosofar mexicano original y auténtico. Carmen Rovira plantea que lo auténticamente mexicano será aquello que implique un esfuerzo propio de racionalización de los nacionales, aquellas formulaciones que no partan de un modelo preconcebido en otro contexto, situación o lugar, sino que emerjan de la propia realidad como problemas particulares a los que se busca ofrecer respuestas.

En su obra Bibliografía mexicana filosófica y polémica (1993), Carmen Rovira nos plantea algunas de las características que han de definir a la filosofía mexicana:

Partimos afirmando una característica y contenido, comprobable en el acercamiento a la historia de las ideas, de que la filosofía en México ha sido por excelencia filosofía política, esto es, filosofía cuyo principal fin y sentido ha sido lo político. Filosofía en y para una circunstancia determinada, concreta e imperiosamente urgente de resolver. El intelectual mexicano ha sido siempre una figura primordial en la urdimbre de lo político (p. 10)

Esta característica de la filosofía mexicana apela al carácter inmanente y ametafísico de la filosofía mexicana aceptado por Carmen Rovira y enfatiza el valor de la situación concreta que interpela a los y las pensadoras, a su contexto específico del cual se hace una lectura problematizadora. En el prefacio al Tomo I de su antología  Pensamiento Filosófico Mexicano del Siglo XIX y primeros años del XX (1998), Rovira afirma:

El pensamiento filosófico mexicano -muy distinto, por cierto, al europeo, en cuanto a contenidos y sistematicidad-, responde a una situación propia, a un “aquí” y a un “ahora”, que implica la necesidad de resolver situaciones, problemas ingentes e inminentes a lo americano; en esto, precisamente, consistió la tarea filosófica de nuestros pensadores. (p. 14)

Así, Rovira nos enseña que el entramado circunstancial de la dimensión social, religiosa, cultural, pedagógica, política y cultural, es el espacio de donde han de extraerse los problemas y objetos de reflexión de la filosofía mexicana, dimensiones que imbricadas en un plano totalmente práctico y existencial, mueven a la toma de postura frente a la realidad. Desde esa óptica, la filosofía mexicana adquiere un sentido ideológico en tanto que es una reflexión sobre la realidad y para su transformación. Lo ideológico, entendido como un compromiso práctico con valores y principios que hacen posible la vida, vinculan a la filosofía con un quehacer racional, de lo político y en sentido práctico.

De ahí que para Carmen Rovira haya dos propuestas filosóficas mexicanas por excelencia donde se fraguan el carácter político, la finalidad práctica y el compromiso ético: el humanismo y la utopía, “contenidos propios y originales al interior de un pensamiento filosófico mexicano, muy distintos, por cierto, en sus proyecciones y contenidos del humanismo y la utopía europeos”. (2014, p. 199)

Humanismo y utopía, dos propuestas originales de la filosofía mexicana

Del humanismo mexicano, la doctora Rovira enfatiza su diferencia respecto del humanismo del Renacimiento italiano, pues éste, nos dice, buscaba elevar al hombre de manera idealizada. Las propuestas de Pico della Mirandola o Gianozzo Manetti tienen “una carácter abstracto que raya en un idealismo romántico” (Rovira, 2014, p. 200). Romántico pues postulan un estado ideal de perfección y realización humana a través de la adquisición de características que distaban mucho de las del ser humano de carne y hueso y que, en el mejor de los casos, eran cualidades de un sector de lo humano bien determinado: el italiano y europeo letrado, de clase alta, cultivador de su espíritu a través de las artes y las ciencias, aprendidas en las universidades, embebido en el estudio de las lenguas y la cultura clásica, y considerado todopoderoso en tanto que todo ello le daba la oportunidad, como diría Pico, de elegir aquello que quiere ser en absoluta libertad, un ser creador, casi divino.

La crítica de la doctora Rovira a tal humanismo es que lejos de ser un humanismo dignificador de la humanidad en su conjunto, se trata de un proyecto autorreferencial que se agota en su misma cultura, dejando fuera al resto de la humanidad. En cambio, al estudiar la filosofía mexicana, Rovira encuentra una propuesta humanista más amplia y radical: “El ‘humanismo’ mexicano es un discurso antipoder, conformado desde una realidad colonialista […] Es un ‘humanismo’ que abraza a todos los hombres, sin distinción de raza o cultura, es en sí mismo, antiesclavista”. (Rovira, 2014, p. 201).

Es decir, halla un humanismo más incluyente capaz de solidarizarse y reivindicar la dignidad del sojuzgado, del esclavo, del oprimido por el poder colonial, a la vez que habla por la humanidad toda, no sólo por la letrada. Un humanismo que fue desarrollado por una amplia nómina de intelectuales de la tradición filosófica mexicana, entre quienes se encuentran personajes como Bartolomé de Las Casas o Alonso de la Veracruz, del siglo XVI, o los jesuitas mexicanos del siglo XVIII, Francisco Javier Alegre, Andrés Cavo, Pedro José Márquez y Francisco Javier Clavijero, entre otros; todos ellos, críticos del sistema colonial y la violencia que éste  significaba para los pueblos indígenas y afrodescendientes.

Teniéndoles como referente para su formulación del humanismo mexicano Rovira nos da algunas de sus características:

Es, el mexicano, un humanismo con relación a lo social concreto […] que enfoca críticamente la problemática del hombre americano y en general la problemática de todo hombre sojuzgado. Es un discurso antipoder, conformado desde una realidad colonial, discurso en el que no funciona lo imaginativo siendo su contenido ontológico, en el más amplio sentido de la palabra, el hombre, por lo mismo es un humanismo que abraza a todos los hombres, sin distinción de raza, cultura o credo. (Rovira, 2007, p. 58)

A decir de Ambrosio Velasco Gómez, quien también ha valorado la contribución de Carmen Rovira en torno a su noción de humanismo, nos dice que:

Este discurso de antipoder es esencialmente pluricultural porque defiende la validez de todas las culturas y la igualdad de todos los seres humanos Estos principios se aplican con plenitud a los indios de América a quienes se les reivindica contra las falsas pretensiones de superioridad de los europeos. (Velasco, 2018, p. 22)

En cuanto a la utopía mexicana, Carmen Rovira también la distingue de las propuestas utópicas occidentales del Renacimiento como las de Tomás Moro, Francis Bacon o Tommaso Campanella.

En su interpretación, aunque las utopías renacentistas contiene un valioso sentido crítico de la realidad, no ofrecen vías de realización, ni tampoco se presentan como propuestas para la acción ni para transformación de la realidad. Al igual que en el humanismo renacentista, prevalece en la utopía europea un sentido romántico, pues se construyen mundos perfectos en donde todos los problemas han sido solucionados, espacios imaginarios y atemporales en donde las virtudes morales, políticas e intelectuales han sido conquistadas y rigen la vida de los pueblos, nada más alejado del ser humano real, nada más distante de la angustiante realidad concreta.

Por ello, la caracterización de la utopía mexicana que Rovira encuentra en la filosofía mexicana se distingue por su sentido eminentemente político y práctico que parte de un análisis de la situación real concreta del filósofo en acción. En sus propios términos:

lo utópico en el pensamiento mexicano y latinoamericano no consiste en que el modelo de referencia, que en este caso es un modelo teórico -entendiendo por ello una concatenación de ideas que pretenden ofrecer soluciones a lo real- este situado en un topos ideal, sino en la posibilidad y confianza de que dicho modelo logre corregir la realidad concreta, la cotidianidad aceptada y carente de una crítica precisa (Rovira, 2013, p. 22-23)

Algunas figuras de nuestra filosofía a partir de las cuales Rovira plantea su formulación de la utopía son, por ejemplo, Francisco Severo Maldonado y Juan Nepomuceno Adorno, dos filósofos y utopistas del siglo XIX que postularon propuestas para el mejoramiento económico y espiritual de los mexicanos de cara a la independencia y autonomía política. La utopía mexicana no es una fuga intelectual ni un delirio fantástico, sino una “solución tentativa” (Rovira, 2013, p. 22) que por resistencias fácticas no se realiza.

En síntesis, la propuesta utópica y humanista mexicana es el resultado de un compromiso de los filósofos mexicanos de carne y hueso que, partiendo de su propia realidad, problematizándola y reflexionándola agudamente, dejan de lado todo intento de imitación o adecuación, pues se dan cuenta de que para resolver los problemas de su realidad no tiene caso traer modelos formulados en otras latitudes.

Lo que define lo original de la propuesta filosófica mexicana no es la importación, sino el esfuerzo de pensar por cuenta propia, teniendo la certeza de que nuestra situación es particular y nuestra filosofía lo será también, por ello mismo, al atender nuestros problemas, distintos a los de otros pueblos. Así es como en el caso de la utopía y el humanismo mexicano, son expresiones propias y originales de nuestra filosofía.

El no perder de vista las circunstancias y problemáticas sociales, culturales, políticas, religiosas, en suma, existenciales que se le presentan al ser humano en su contexto local, inmediato o nacional es lo que da cuenta de la peculiaridad y originalidad de nuestra propuesta filosófica; ese entramado de circunstancias fácticas, reales y latentes en nuestro caso, es lo que da propiedad o carta de naturalización como mexicana a la filosofía.

Estas son algunas de las múltiples enseñanzas que nos dejan las reflexiones de la doctora Rovira en sus textos y propuestas de análisis sobre nuestros filósofos.

Conclusiones:

El proceder metodológico de Carmen Rovira, su idea de la filosofía mexicana y las características que le atribuye, así como los principios y el compromiso ético que asumió a lo largo de su vida en el trabajo de investigación de la historia de las ideas mexicanas y latinoamericanas, nos revelan que estamos ante una figura central para la filosofía de Latinoamérica, pero, particularmente, ante un pilar fundamental para la filosofía mexicana.

El trabajo de la doctora Rovira comprendió un estudio histórico minucioso en torno a la filosofía mexicana de los siglos XVI, XVII, XVIII, XIX y parte del XX. Así lo constatan sus estudios sobre los teólogos de la Universidad de Salamanca y su vinculación con el problema americano, así como el trabajo de los frailes y filósofos que en el siglo XVI acometieron el problema de la conquista y colonización, como Las Casas o el menos conocido Alonso Maldonado; sus luminosos estudios sobre la filosofía de Sor Juana Inés de la Cruz en el siglo XVII; el humanismo de los filósofos jesuitas expulsos en el siglo XVIII; sus trabajos sobre los independentistas, liberales y utopistas del siglo XIX; y sus estudios sobre la filosofía del siglo XX en personalidades como Ezequiel A. Chávez, Justo Sierra, el Ateneo de la Juventud o Samuel Ramos. Lo anterior nos habla de un trabajo exhaustivo que recorre cinco siglos de filosofía mexicana.

A su vez, los alcances de la obra de investigación y filosofía de Carmen Rovira poseen un carácter y perspectiva global, pues si bien su gran pasión fue la filosofía mexicana, conocía bien y admiraba a múltiples personalidades de la filosofía europea de todas las épocas. Carmen Rovira fue ávida investigadora y catedrática de filosofía medieval y renacentista, como dan cuenta no sólo sus más de cinco décadas de docencia enfocada en historia de la filosofía de la Edad Media y del Renacimiento, sino sus publicaciones en esa línea temática, que darían lugar a otro estudio y comentario crítico. Esta formación le permitía comprender a profundidad los vasos comunicantes y las diferencias entre la filosofía occidental y la de México y Latinoamérica.

El impacto de su obra y acción, además, ha de ser valorado también en la formación de grupos de trabajo y equipos de investigación interdisciplinarios a los que siempre convocó a jóvenes entusiastas. Entre otros esfuerzos, Carmen Rovira fue fundadora del Seminario Permanente de Filosofía Mexicana en 2008 y lo dirigió incansablemente hasta el día de su fallecimiento[14]. Su capacidad de convocatoria y diálogo con otras disciplinas ha de ser apreciada también en los trabajos que, junto con la especialista en Letras Clásicas, la Dra. Carolina Ponce Hernández, y su Seminario de Estudios Retóricos Filológicos y Humanísticos, impulsaron en beneficio de los estudios y traducciones de la filosofía mexicana escrita en latín durante el periodo colonial.

Hasta aquí algunas de las labores de Carmen Rovira, de su aporte filosófico y la generosa invitación que nos hace a seguir profundizando, con todo rigor, en los estudios de la filosofía mexicana y latinoamericana, pues confiaba que en ella podríamos hallar un horizonte de posibilidad y realización que nos permitiría superar los contextos de opresión y falta de libertad. Como nos enseñó hasta sus últimos días, la filosofía mexicana es un discurso antipoder; para combatir tiempos tan mezquinos y egoístas, vale la pena reivindicar la utopía y el humanismo mexicano que Carmen Rovira reivindicaba.

A más de cien años de su nacimiento y cuatro desde su partida, sirvan estas líneas para rendir homenaje y expresar mi profundo agradecimiento a mi admirada maestra, la Dra. Ma. del Carmen Rovira Gaspar.

Referencias:

Benítez, L. (1980). La idea de historia en Carlos de Sigüenza y Góngora. UNAM.

De la Torre, E. (1998). José Gaos. Lecturas históricas mexicanas. Tomo IV. UNAM.

Gaos, J. (1996). Obras Completas. VIIEn torno a la filosofía mexicana. UNAM.

Gaos, J. (1999). Obras completas. XIX – Epistolario y papeles privados. UNAM.

González J. & Del Río, F. (2016, julio 2). Nunca podría ser dogmática: Juliana González. Milenio. https://www.milenio.com/cultura/nunca-podria-ser-dogmatica-juliana-gonzalez

Hierro, G. (2004). Me confieso mujer. DEMAC.

Mora, J. (2021). Carmen Rovira Gaspar, historiadora del pensamiento mexicano. Convicción, constancia, compañerismo. EN-CLAVES del pensamiento, (30).

Rovira, M. (2013). Dos utopías mexicanas del siglo XIX. Francisco Severo Maldonado y Ocampo y Juan Nepomuceno Adorno. Universidad de Guanajuato.

Rovira, M. (2004). Francisco de Vitoria. España y América. El poder y el hombre. Miguel Ángel Porrúa; Cámara de Diputados.

Rovira, M. (2014), ¿Nuevas rutas en la filosofía en México en el siglo XXI?. En Muñoz, V. (coord.). Filosofía Mexicana de la Educación (Selección antológica) (pp. 193-205). Editorial Torres Asociados.

Rovira, M. (comp.) (1998). Pensamiento Filosófico Mexicano del Siglo XIX y primeros años del XX. Tomo I. UNAM.

Rovira, M. (coord.) (1993). Bibliografía mexicana filosófica y polémica. Primera mitad del siglo XIX. UNAM.

Rovira, M. & Luna, H. (2018, abril 27). Carmen Rovira: “Hay que buscar otro nacionalismo, mucho más autentico”. Círculo de Estudios de Filosofía Mexicana. https://filosofiamexicana.org/2018/04/27/carmen-rovira-hay-que-buscar-otro-nacionalismo-mucho-mas-autentico-entrevista/

Rovira, M. & Ponce, C. (2007). Antología. Instituciones teológicas de Francisco Javier Alegre. Y Ejercitaciones arquitectónicas. Dos monumentos de arquitectura mexicana, de Pedro José Márquez. FFyL-UNAM.

Sánchez, A. (2022). Del exilio español a la filosofía mexicana. Un trayectoria más que intelectual: Una entrevista con María del Carmen Rovira Gaspar (1923-2021). ENDOXA, (49).

Vargas, G. (2001). La filosofía mexicana: las sendas de Gaos. Cuadernos Americanos, 4 (88), pp. 222-227. CIALC-UNAM.

Velasco, A. (2018). La visión de Carmen Rovira sobre la filosofía mexicana. Theoría. Revista Del Colegio De Filosofía, (34), 11–26. FFyL-UNAM.


[1] Véanse estos y otros datos biográficos en Sánchez Cuervo, A. (2022). Del exilio español a la filosofía mexicana. Un trayectoria más que intelectual: Una entrevista con María del Carmen Rovira Gaspar (1923-2021). ENDOXA, (49).

[2] Para estos y otros datos sobre la vida y familia de Carmen Rovira, véase el artículo de Mora García, J. (2021). Carmen Rovira Gaspar, historiadora del pensamiento mexicano. Convicción, constancia, compañerismo. EN-CLAVES del pensamiento. (30). En él se halla una amplia semblanza biográfica a partir de múltiples entrevistas que Mora tuvo con nuestra filósofa, así como un meritorio trabajo de documentación en torno a la familia de Rovira Gaspar.

[3] Referencias y apreciaciones en torno a las investigaciones de sus estudiantes del Seminario para el Estudio del Pensamiento en los Países de Lengua Española y, particularmente, a las investigaciones de Carmen Rovira, aparecen en la correspondencia que José Gaos mantuvo con Alfonso Reyes, quien era presidente de El Colegio de México durante los años en que estuvo activo el Seminario. Véase: Gaos, J. (1999). Obras completas. XIX – Epistolario y papeles privados. UNAM (pp. 208-257).

[4] Zea, L. (1943). El positivismo en México. El Colegio de México, y Apogeo y decadencia del positivismo en México. (1944).El Colegio de México.

[5] Junco, V. (1944). Gamarra o el eclecticismo en México. (Tesis de Maestría en Filosofía, Universidad Nacional Autónoma de México).

[6] Pérez, M. (1945). Dos etapas ideológicas del siglo XVIII en México; a través de los papeles de la Inquisición. El Colegio de México.

[7] Navarro, B. (1948). La introducción de la Filosofía Moderna en México. El Colegio de México.

[8] Quiróz-Martínez, O. (1949). La introducción de la filosofía moderna en España. El eclecticismo español de los siglos XVII y XVIII. El Colegio de México.

[9] Villoro, L. (1950). Los grandes momentos del indigenismo en México. El Colegio de México.

[10] La tesis que Bernabé Navarro sustentó en 1962, dirigida por José Gaos, permaneció inédita hasta el año 2000 en que apareció publicada como parte de una compilación de sus escritos realizada por Norma Delia Durán Amavizca: Navarro, B. (2010). La filosofía de la Ilustración en México y otros escritos. FFyL-UNAM.

[11] López, F. (1954). La génesis de la conciencia liberal en México. El Colegio de México.

[12] Yamuni, V. (1951) Conceptos e imágenes en pensadores de lengua española. El Colegio de México, y Procesos discursivos en pensadores de lengua española comparados con pensadores de otras lenguas. (1954) (Tesis de Doctorado, Universidad Nacional Autónoma de México).

[13] Gaos advierte que debe entenderse el término “original” en sentido “relativo”, es decir, que es “original una cosa sólo relativamente a otra”. En el caso de la filosofía, su originalidad está en relación con otras filosofías, anteriores o coetáneas, por lo que nunca puede hablarse de una originaldad absoluta, sino sólo en términos de mayor o menor originalidad: “El grado de originalidad de las filosofías […] está, pues, determinado fundamentalmente por ideas que forman parte de ellas y de los tiempos correspondientes.” (Gaos, 1996, p. 304).

[14] Fundado un 25 de agosto de 2008, además de Carmen Rovira como fundadora, integraron el acta constitutiva del Seminario Permanente de Filosofía Mexicana: Ambrosio Velasco Gómez, Victórico Muñoz Rosales, Xochitl López Molina y Luis Patiño Palafox. Al Seminario han venido a integrarse nuevas generaciones de académicos como Monserrat Ríos Reyes, Héctor Eduardo Luna, Laura Alicia Soto, Jesús Bucio Castañeda, Mariana Aguilera Roa, Fernando Téllez Hernández, Brenda Reyes, así como entusiastas estudiantes de filosofía mexicana.

*FUENTE: Revista Murmullos Filosóficos, enero-junio 2025.

¡Síguenos en redes sociales!

Facebook Instagram YouTube

Deja un comentario