Ensayo sobre los rasgos distintivos de la sensibilidad como factor del carácter mexicano.

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Por Carlos García
zero.aprl@gmail.com
Suele considerarse El  perfil del hombre y la cultura en México[1] de Samuel  Ramos como el primer trabajo, hecho desde la filosofía, dedicado a investigar el carácter del mexicano, pero quien se haya tropezado con el Ensayo sobre  los rasgos distintivos de  la sensibilidad  como factor del  carácter  mexicano de Ezequiel A. Chávez puede tener una base suficiente para afirmar lo contrario.
Chávez es de esos personajes que aunque brillantes, curiosamente se hallan bajo la sombra de un olvido inexplicable. Su enorme labor a favor de la educación en México no ha sido suficientemente estudiada, peor que eso, no es siquiera conocida, como desconocido es él.
¿Ante qué personaje nos encontramos? Aquí una breve semblanza: Nació en Aguascalientes un 9 de septiembre de 1868 y murió en 1946. Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Escuela de Jurisprudencia. Gracias a él se instalaron las cátedras de Psicología y de Moral en la Escuela Nacional Preparatoria, en la misma introdujo la Lógica de John Stuart Mill y Los principios de moral de Herbert Spencer. Colaboró con Gabino Barreda como Secretario de Justicia e Instrucción Pública y trabajó con Justo Sierra como subsecretario de Instrucción Pública y Bellas Artes. Realizó un  papel importante en  la fundación de la Universidad Nacional de México. Fue director de la Facultad de Altos Estudios, ahora Facultad de Filosofía y Letras, y rector de la Universidad Nacional en dos ocasiones. Recibió múltiples premios y distinciones, la  más importante fue la de Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional.

Ezequiel A. Chávez Lavista.

Un 13 de diciembre de 1900,  Ezequiel A. Chávez pronuncia su Ensayo sobre los rasgos distintivos de la sensibilidad como factor del carácter mexicano. Desde el inicio de este trabajo, el  filósofo  mexicano advierte que el estudio del carácter es de suma  importancia para cimentar cualquier sociedad. El autor sostiene que quien no observe que el carácter varía de un pueblo a otro incidirá “en el absurdo de querer trasplantar, lisa y llanamente, a un país instituciones educativas, represivas o políticas que han florecido en otro, sin reflexionar en que acaso no sean aclimatables en el intelecto, en los sentimientos y en la voluntad de los pueblos a quienes se trata de mejorar, ofreciéndoles un presente tan precioso tal vez cuanto inadecuado.”[2] Con esta observación, Chávez se anticipa por mucho a la denuncia del afán imitativo que realizan tanto Antonio Caso como Samuel Ramos. El  autor considera que las leyes o teorías deben adaptarse a la situación concreta y especial del pueblo en cuestión, pues si no es el caso veremos que “planes maravillosamente trazados sobre el papel, constituciones armónicas, como los  sueños de Platón, se estrellan en las  asperezas de la práctica, o quedan en parte sin cumplirse…”.[3]
Por otra parte, el filósofo considera que pese a que la mayoría sabemos que somos psíquicamente distintos de otros pueblos, no obstante no alcanzamos a distinguir en qué consiste tal diferencia. Lo anterior se debe a que no existen muchos estudios en torno al tema lo cual hace necesario comenzar a realizarlos. Chávez sabe que analizar el carácter de los mexicanos es una tarea por demás compleja y que todo intento por hacerlo quedará incompleto. Por esta razón es que, metodológicamente, se enfoca en investigar únicamente los rasgos de sensibilidad pues considera que una vez esclarecidos estos puede comprenderse de mejor manera nuestro carácter.
El objeto de análisis, como ya se ha anotado, es la sensibilidad. Lo que quiere este filósofo es mostrar cómo se produce, qué le caracteriza, cuánta duración y fuerza  tiene y, por último, qué efectos produce. Dado que estudiar a toda la población es  una tarea imposible, Ezequiel A. Chávez fija su atención en el indio, en el mestizo vulgar y en el mestizo superior.
Aquí presentamos una tabla que esquematiza, de modo general, lo analizado por Chávez:
Producción
En sí misma
Duración/Fuerza
Efectos
Indio
Se despierta con  trabajo, nace poco a poco, se resiste a  los excitantes. No acepta nada que rompa la cadena de  sus hábitos. Parece tener desdén por todo.
Tiene pocas emociones, es indiferente, solo siente lo que por largos años le excita. Tiene firme amor por su tierra y aborrece lo  que limita su libertad. Es desconfiado y receloso para la innovación. Es aislado y tiene indiferencia  por la muerte. Tiene inclinación a  la embriaguez e intensa gratitud. Su sensibilidad es visceral.
Es profunda, enraizada,  indestructible, impasible, armónica, firme, fuerte, estable y duradera.
No lanza un grito, su orgia es  silenciosa  y mudo es su trabajo. Su sensibilidad es de carácter interno y centrípeta. NO es impulsivo sino pasivo y estático. Es rencoroso, guarda o  aplaza lo que siente, se contiene y es taciturno. Lo soporta todo, se ha vuelto desconfiado y su acción es enérgica.
Mestizo vulgar
Respecto al indio hay mayor facilidad para experimentar emociones. Su producción es variable.
Es arrojado y valiente. Polígamo, infiel a dios, al  rey y a su  mujer. Escéptico y desinteresado. Nada le produce envidia. Quiere ser “muy hombre”, ama a su patria. Es informal, anticlerical, le entusiasma el progreso y la civilización. No tiene residencia duradera. No resiste la burla,  le  aggrada la enbriaguez, le gustan las  mujeres. No piensa en el futuro ni en la economía, ni en la vejez. Su sensibilidad  es cerebral pero intuitiva.
Es brillante y aguda, más rápida e intelectual que la  del indio. Es superficial e inestable. Lo único que dura en ellos es su “dignidad” inquieta.
Sensibilidad invasora y dinámica.  SU emotividad es impulsiva, ardorosa y fugaz. Tiene reacciones desproporcionadas cual máquina de impulsos que asemeja a un resorte.
Mestizo superior
Su excitabilidad es intermedia.
Es  capaz de experimentar todas las emociones y las anima  con ideas. Ha sentido el ideal de la  Independencia, de la Reforma, de la Revolución, etc.
Su sensibilidad es  intelectualizada.
Intelectualizan sus sentimientos, forman  abstractos ideales. Cristalizan sus sentimientos cerebralizándolos,  eso  los hace más fuertes, vivaces, estables y concentrados. Su sensibilidad es sistemática.
Emociones de tipo dinámico y centrífugo. La voluntad se halla encima  del impulso. Tiene un balance de estados afectivos que coloca un alto entre el excitante y la acción, ello permite una tendencia  hacia el altruismo  al lograr la distinción entre sus intereses y los ajenos.
 Chávez insiste en que el estudio que está realizando además de atrevido, es incompleto y espera ser complementado[4]. De ahí que concluya del  siguiente modo: “En todo caso, seguro como estoy de que faltan aún numerosas observaciones que hacer y, que retocarán, modificarán y complementarán este estudio, quedaré satisfecho si los que en México piensan y me hacen el honor de prestarme su atención, fijan sus miradas en el presente informe canevás y lo enriquecen con sus penetrantes y sagaces estudios, a fin de que quede definitivamente hecho el cuadro que hoy delineo…”[5]
Con lo dicho anteriormente podemos afirmar que antes de Ramos, Chávez ya había realizado un estudio sobre el carácter mexicano. Pero, a manera de interrogantes abiertas, llevemos más allá la especulación: ¿Conoció Ramos este estudio de 1900? ¿Podríamos pensar que Chávez influenció, motivó o tuvo algo que ver con los estudios que, posteriormente, haría Samuel Ramos en la década de los 30´s? Estamos ante preguntas bastante sugerentes que podrían abrir una brecha de investigación filosófica. ¿Alguien tiene una  respuesta? o en todo caso ¿alguien se ha sentido convocado para realizar una futura investigación?

[1] Ramos, Samuel. El perfil del hombre y la cultura en México. Tercera edición. España: Espasa Calpe, 2009. pp. 145.

[2] Chávez, Ezequiel A. “Ensayo sobre los rasgos característicos de la sensibilidad como factor del carácter mexicano.” en Obras III. Glosario e índice biográfico de  la obra ¿de dónde venimos a dónde vamos? Recopilación  de María del Carmen Rovira Gaspar. México: El  Colegio Nacional, 2007. p. 375

[3] Ibid, p 376.

[4] Nos parece necesario aclarar que el autor de ninguna manera está pensando en apresar una esencia inmutable de “lo mexicano”, tal como negativamente se atribuye al grupo Hiperión, más bien está pensando que este estudio brindaría un autoconocimiento necesario para encaminar del mejor modo nuestra acción. De ahí que el estudio de Chávez parezca un  anticipo de lo realizado por Samuel Ramos.

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