Cuatro mil títulos, el acervo de Adolfo Sánchez Vázquez

Tras 55 años de docencia en la Facultad de Filosofía y Letras, el catedrático español donará a la UNAM su biblioteca especializada en pensamiento, lógica y estética.

Martes 19 de abril de 2011, Yanet Aguilar Sosa | El Universalyanet.aguilar@eluniversal.com.mx

Hay al menos una generación que ya no conoció personalmente a Adolfo Sánchez Vázquez y mucho menos tuvo la fortuna de escuchar cátedra con ese filósofo que durante más de 55 años fue profesor de la UNAM; la oportunidad que les queda es leer los libros que él leyó, descubrir las notas que escribió al margen, en los cerca de cuatro mil ejemplares que fue atesorando desde su llegada a México en 1939, como exiliado español.

La biblioteca del profesor emérito de la UNAM y Premio Nacional de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía 2002, no es cuantiosa como la de otros bibliófilos mexicanos, pero tiene una virtud: es una biblioteca especializada en filosofía, con énfasis en teoría y praxis filosófica, en estética, lógica y en historia de la filosofía; una biblioteca con las obras fundamentales de Carlos Marx, Federico Engels y Georg Hegel.

De ese fondo filosófico, alrededor de 80% de los cuatro mil de todo el acervo, ha sido donado por Sánchez Vázquez a la Biblioteca Samuel Ramos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, para que esté a disposición de los estudiantes en un acto de “compensación por todo lo que de manera invaluable la Universidad me ha dado para poder ejercer la docencia y llevar a cabo mis investigaciones”, señaló el filósofo en una carta fechada en marzo de 2011, donde hace oficial la donación y que entregó al rector José Narro Robles, en una visita que éste le hizo a su casa en la colonia San José Insurgentes.

Junto a la ventana que da a la calle de Plateros, en la esquina que hacen dos libreros, el filósofo nacido en Algeciras, Cádiz, España, en 1915, ve pasar los días rodeado de sus libros. Hace cinco años se retiró de las actividades por una enfermedad que lo mantiene lúcido pero sin posibilidades de leer.

De esa biblioteca que está dispuesta en la sala, en un largo pasillo que da a las recámaras, en el comedor, cerca del baño y en las habitaciones, habla Aurora Sánchez Rebolledo, hija del profesor emérito e investigadora del Instituto de Investigaciones Filosóficas.

Un acervo con claro perfil

Mientras su padre sólo atestigua la charla, de lejos, Aurora Sánchez asegura que esta biblioteca tiene dos aportaciones filosóficas muy claras, una la de la estética y la otra la de la praxis “que son las líneas que él ha trabajado y que unidas a otras ideologías le dan un carácter muy original a la biblioteca”.

En entrevista con EL UNIVERSAL, la investigadora dice que tanto la praxis como la estética son las áreas que su padre sustentó en sus cátedras y que conforman parte de sus obras. Además, él es especialista en la obra de Hegel, Marx y Engels, a los que dedicó sendos estudios y muchas conferencias.

Entre fotos con amigos, Luis Villoro, quien es parte de su generación; Elí de Gortari, maestro español con el que empezó a dar clases en la Universidad, o de las ceremonias en las que recibió el Premio Nacional de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía 2002 o los varios doctorados honoris causa que le dieron universidades como las de Cadiz, Complutense de Madrid o de La Habana, hay cientos de libros que forman el fondo filosófico que llegará a la UNAM.

En los libreros destacan los textos de filosofía, como lo confirma su hija. “Sus libros de filosofía corresponden a diversas temáticas y diferentes perspectivas filosóficas; de ahí que una característica sobresaliente de esta biblioteca es su diversidad”; sin embargo, reconoció que entre ellos, evidentemente se encuentran textos básicos y fundamentales.

Destacan La fenomenología del espíritu, Ciencia de la lógica y Enciclopedia de las ciencias filosóficas de Hegel, que Aurora Sánchez, dice, son libros que para su padre fueron imprescindibles.

Pero hay otros que han ocupado un lugar preponderante en su biblioteca personal, las obras de Marx y de Engels, particularmente El Capital y Los manuscritos económicos y filosóficos de 1844, “que él considera como sus libros preferidos del conjunto de la obra de Marx”, dice la investigadora.

Recuerda que su padre trabajó muchos de estos manuscritos en seminarios y en cursos en la Facultad de Filosofía y Letras, pues sus clases casi eran monográficas con el tema de los manuscritos y sabe, porque se lo ha dicho, que él lo considera como uno de sus libros fundamentales, tanto que tiene una gran cantidad de ensayos y estudios sobre la obra de Marx, escritos por él, por otros autores y estudiosos.

En esa biblioteca donde sobresalen todos los libros del marxismo, destacan otras disciplinas que él ha trabajado, como la estética y la teoría del arte. “En esa área el acervo no es meramente academicista, allí se ven todas sus inquietudes, porque hay numerosos libros de estética que compró en ruso, porque él tradujo en sus primeros años del ruso al español”, recuerda la hija del filósofo.

Dice que cuando se formaba como profesor, Sánchez Vázquez trabajó como maestro en ruso y así se fue haciendo de libros de estética en ruso “un poco para distanciarse de la estética oficial que había en aquellos años. Los leyó para fundamentar sus teorías”.

Destino final

Sánchez Rebolledo no sabe cuántos libros tiene la biblioteca de su padre; hace años con sus hermanos intentaron hacer un inventario, pero él se enfermó y desistieron; ahora le tocará a la UNAM hacer la clasificación y catalogación del fondo filosófico que llegará a la institución. Esa biblioteca que empezó a formarse en 1939, cuando él llegó a México, tuvo entre sus primeros libros diccionarios de filosofía en varios idiomas; ejemplares de historias de la filosofía en distintas ediciones e idiomas. Poco a poco, la biblioteca se fue especializando, como el propio Sánchez Vázquez, que de un marco general de la filosofía pasó a áreas específicas.

De España, Sánchez Vázquez no trajo libros, pues su salida fue en plena Guerra Civil y con Franco acosando a los intelectuales. Él, como muchos, salió en condiciones muy difíciles, por lo que lo que menos traía eran libros; con los años comenzó a adquirir textos procedentes de España, sobre todo de la Guerra Civil, la República y el exilio.

Ese último acervo, que ronda los mil títulos, los ha pensado donar al Ateneo Español; mientras que su acervo de literatura, donde hay textos de Elena Poniatowska, Juan de la Cabada, Juan Goytisolo, Carlos Monsiváis, Juan Rejano, Jorge Luis Borges, José Martí, se quedarán con sus hijos.

Aurora Sánchez dice que su padre desde que era estudiante comenzó a adquirir libros. “Me contaba que los primeros los adquirió en una librería de viejo que estaba por la Alameda y así fue formando su biblioteca con libros que tenían que ver con su formación profesional, básicamente cuando empezó a dar clases, cuando participaba en conferencias nacionales e internacionales; era muy importante ir acumulando un acervo que le servía de apoyo”.

Después, los libros que iban formando su biblioteca tenían que ver con su propia obra, la manera de sustentar sus tesis filosóficas y sus planteamientos teóricos; así, se fue haciendo de una bibliografía que le ayudó como instrumento para su desarrollo profesional.

Adolfo Sánchez Vázquez siempre ha sido un lector ávido.

La imagen que tienen sus hijos de él es a un hombre leyendo sus libros, escribiendo al margen sus propias reflexiones y apreciaciones. “Hay libros que tienen una gran cantidad de anotaciones de él porque sí los estudia a fondo; es un lector muy ávido, en cuanto se entera de algún planteamiento nuevo, alguna corriente filosófica que está causando cierta polémica, busca toda la bibliografía y la estudia a fondo”.

La idea de donar su fondo filosófico a la UNAM surgió hace varios años; con la enfermedad se puso a pensar qué hacer con su biblioteca, decidió entregarla a la Facultad de Filosofía y Letras “que es su casa”, donde trabajó durante más de 50 años como docente.

Aunque Adolfo Sánchez Vázquez ha hecho la donación oficial, la biblioteca no saldrá de su casa hasta su muerte. Así lo confirma su hija, Aurora Sánchez Rebolledo: “mientras él todavía esté con nosotros no queremos mover esto ni tocarlo, es su ambiente, son sus libros; él de repente se acuerda y me dice busca tal libro que está allá y me precisa el lugar; entonces le leo algún párrafo o alguna introducción de ese libro en específico”.

Fuente: El Universal

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