Migración: filosofía contra barbarie, por Héctor Eduardo Luna López

Dos hechos:

I) La mañana del 24 de agosto del año pasado, en un rancho del estado de Tamaulipas amanecieron muertos 72 migrantes centroamericanos, apilados los cuerpos sanguinolentos uno sobre otro cual si fueran un montón de reces en el matadero. El hallazgo: se realizó gracias a que un migrante ecuatoriano pudo escapar de ser asesinado en dicho lugar por un grupo de sujetos que tenía secuestrados a los migrantes. Lo asombroso: no hubo detenidos por la masacre, y el hecho no es aislado ni mucho menos raro. Al año son secuestrados aproximadamente 20 mil migrantes en México, según informa la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

II) Hace menos de un mes, el 16 de diciembre, alrededor de 50 migrantes centroamericanos fueron secuestrados en el municipio de Chahuites, estado de Oaxaca. Apenas comenzaban un viaje por el territorio mexicano con destino al norte del país.  Las condiciones: precarias, prendidos de un tren de carga, sin dinero,  con poco alimento y agua, y propensos al crimen organizado, a los policías y agentes corruptos del Instituto Nacional de Migración. Su sueño: llegar a los Estados Unidos para trabajar, ganar más que en sus países de origen y enviarle dinero a sus familias para vivir más dignamente.

Estos sucesos, cuando menos, deben movernos a la indignación y la rabia, pero también a la reflexión desde nuestros ámbitos inmediatos, en mi caso, la filosofía. Francisco Severo Maldonado, un filósofo mexicano, anheló que la migración en nuestro continente no sólo fuera libre, sino promovida por los gobiernos de las incipientes naciones americanas del siglo XIX, esto quedó asentado en los Apuntes sobre un tratado de confederación general entre todas las Repúblicas Americanas.

Los Apuntes… son un breve texto que se incluye a manera de apéndice en una obra amplia y lúcida: el Contrato de Asociación para la República de los Estados Unidos del Anáhuac. Dicho Contrato… es un proyecto de Constitución Política para el México Independiente con el que el filósofo tepiqueño soñó hacia principios del siglo XIX. En los Apuntes… se establece la fundación de una Confederación Americana que abarcara a las naciones de América: Estados Unidos del Norte, México o Estados Unidos del Anáhuac, Colombia, Buenos Aires, Chile, el Alto Perú, la Isla de Santo Domingo y las islas del continente que se fueran independizando del yugo europeo.

Así, mediante la integración de las naciones independientes del continente se establecerían acuerdos para llevar a cabo la defensa militar contra el intervencionismo europeo; la liberación de las regiones aún dominadas por los imperios de Europa; poner fin a los problemas que por diferencias podrían tener las naciones americanas; y “facilitar la libertad y emigración de todos los hombres buenos que gimen bajo el imperio de los tiranos del antiguo mundo, recomendándolos a las Repúblicas que tuvieren más sobrante de tierras, para que los acomoden en ellas”[1].

Este último objetivo me parece de un valor fundamental para las discusiones contemporáneas que se dan en el mundo sobre migración y particularmente para la urgente reflexión actual en torno al problema que se vive en México: el fatídico cruce de migrantes centroamericanos por territorio nacional con destino a los Estados Unidos de América.

El pensamiento de Severo Maldonado me parece excepcional, pues no sólo fue el primer pensador americano en plantear una integración continental al modo en que luego la plantearía Simón Bolívar o como hoy en día se realizan proyectos como la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América, antes Alternativa para las Américas (ALBA). Severo Maldonado pensó por primera vez que mediante la unión de naciones libres se podría responder a intereses regionales, comunes, humanos, se podría luchar en defensa de las más nobles causas de la humanidad: la libertad, la justicia, la autodeterminación de los pueblos, el derecho a la vida y la felicidad.

En dicha línea se enmarca el derecho al libre tránsito que el filósofo nos propone en su artículo 5° de seis que contiene el texto: facilitar la libertad y la emigración hacia naciones donde haya tierras disponibles. ¿Por qué las tierras? Por la cuestión económica. Las tierras significan en ese momento, como afortunadamente lo significan hoy todavía en muchos pueblos, la posibilidad de acceder a una fuente de trabajo, de alimentación, de salud, de mejoramiento de la vida. Facilitar el tránsito a las tierras disponibles implica entonces el interés por la vida de los seres humanos sin distingos.

Si trasladamos ese pensamiento a nuestro contexto actual, tenemos que los migrantes centroamericanos que a diario ingresan a nuestro país por los estados de Chiapas y Tabasco, van en busca de una superación social y económica que no encuentran en sus países de origen y que piensan, hallarán en la nación vecina del norte. Sin embargo, como lo testimonian los hechos presentados al principio, en nuestro país la migración está amenazada no sólo por las leyes sino por el crimen organizado, los secuestros, los cárteles del narcotráfico y los policías corruptos del país. Y sabemos, trágicamente, que si los migrantes del sur no mueren o quedan secuestrados en nuestro país, se enfrentarán con una frontera hostil, quizás más que la mexicana, a la puerta de los Estados Unidos. Esto aunado a los recientes embates a la libertad que enarbolan proyectos como la Ley Arizona que criminaliza a los hispanos ilegales en EU.

Los hechos sacuden por sí mismos, pero no basta con conocerlos si no nos trastocan en lo más hondo de nuestra humanidad y si no aprovechamos las herramientas que cada quien tiene a la mano. Las humanidades en general, como la filosofía en particular, y nuestra filosofía propia, tienen bastante luz que arrojar sobre los problemas que nos aquejan como país y como humanidad. Atendamos a la exigencia que el sufrimiento de otros seres humanos nos hace a gritos. Conozcamos a nuestros filósofos y entendamos que la filosofía sirve, puede ser práctica y proponer alternativas a la barbarie. Uno de nuestros filósofos ya pensaba hace 200 años en que la paz, el progreso y la felicidad entre los seres humanos requería de la integración regional y la eliminación de la opresión. ¿Por qué nos cuesta trabajo hoy en día pensar en soluciones desde la filosofía? ¿Por qué no demostramos que pensar es útil?

hell


[1] Maldonado, Francisco Severo, El Nuevo Pacto Social propuesto a la Nación Española, Bibliófilos Mexicanos, Monterrey, 1967, p. 107-108.

Más información:

Masacre de migrantes en Tamaulipas.

Centroamericanos denuncian secuestro masivo.

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