Ziranda, encuentro académico en honor de Bolívar Echeverría

Homenaje post mortem al filósofo de origen ecuatoriano, quien fue profesor de la Facultad de Filosofía y Letras

Se dice que en la Facultad de Filosofía y Letras es perceptible una ausencia, la del profesor Bolívar Echeverría, apreciable en los pasillos, en el aeropuerto y su accidentado tránsito, en la Sala de Maestros y, sobre todo, en las aulas, que desde el pasado 5 de junio se quedaron a la espera de aquella clase que ya no se impartió.

Para recordarlo, colegas y amigos le organizaron un homenaje, que no fue luctuoso ni solemne, sino uno más acorde con el carácter de Echeverría, conformado por mesas redondas en las cuales se analizaron algunos de los temas predilectos del filósofo de origen ecuatoriano: cultura, periodo barroco, política, marxismo, arte y literatura, entre muchos otros, “pues aunque él no esté aquí –dijo uno de los participantes–, su pensamiento sí, y eso es otra manera de quedarse”.

El encuentro (aunque nacido de “un duelo compartido”, como comentó el profesor Isaac García), se caracterizó más por el ánimo de diálogo que por la nostalgia, un sentimiento que, a decir del mismo Bolívar, “termina por sacrificar su objeto en aras del objeto añorado”.

Sin embargo, eso no obstó para que, de vez en cuando, se recordara al muchacho que estudió en Berlín en la década de los 60; al joven que, libro en mano, dialogaba constantemente con Martin Heidegger, Karl Marx y Walter Benjamin; o al hombre que, desde 1988, se volvió un rostro familiar en la Facultad de Filosofía y Letras y en la que demostró no sólo con palabras, sino también con hechos, “que el pensamiento crítico es la condición primaria de la libertad”, como señaló Gloria Villegas, directora de esa entidad universitaria.

Sin protocolo

Para desprenderse de cualquier tufo de protocolo o mausoleo, este encuentro fue bautizado con una de las palabras más caras a Bolívar Echeverría: ziranda, que aunque el diccionario dice que no es otra cosa que sinónimo de higuera, al filósofo le gustaba explicar que con esta voz se hace referencia al juego que en México se conoce como volantín, en el que un grupo de niños emulan la experiencia del vuelo al correr en derredor de un poste del que penden largas cadenas.

“Esta es la metáfora perfecta del pensamiento, que no puede levantar vuelo si no es con el concurso de muchos”, remataba Bolívar. Así, ninguno de sus allegados se sorprendió cuando el académico llamó así, Ziranda, a la columna que publicó de 2003 a 2004 en la Revista de la Universidad de México, en la que lo mismo hablaba de cine o danza, que del importantísimo papel que desempeñan los mosquitos en la Creación, porque el pensamiento de Echeverría, como describió su alumna Diana Fuentes, podía serlo todo, “menos solemne”.

Esta imagen dice mucho de la apuesta de Bolívar, quien hizo de sus lectores niños aferrados a un volantín, es decir, logró que éstos, después de dar vueltas en torno a sus propuestas, regresaran una vez más a sus palabras, pero sólo para tocar tierra, tomar impulso y elevarse de nueva cuenta por los aires.

Por ello, no llamó a sorpresa que el profesor Adolfo Sánchez Vázquez fuera enfático al decir que aunque la pérdida de Bolívar fue repentina y abrupta, aún “podemos encontrarnos con él y su vigoroso pensamiento, siempre y cuando volvamos para leerlo y también para releerlo”, o que el historiador Adolfo Gilly agregara que para reencontrarse con el filósofo, no debe hacer mucho, “sólo tengo que buscarlo en las páginas de sus libros”.

Pero quien quizá sintetizó mejor el espíritu que animó al homenaje fue José María Pérez Gay, amigo de juventud y compañero de rebeliones, al apuntar que, mucho más que un hombre y mucho más que un académico, “Bolívar Echeverría es una conversación que tendré siempre”.

Honores legislativos en Ecuador

Paralelamente, la Asamblea Nacional de Ecuador hizo un alto a sus actividades cotidianas y rindió un homenaje post mortem a Echeverría Andrade, que incluyó un acuerdo legislativo y la condecoración póstuma Doctor Vicente Rocafuerte, que entregó a la señora Raquel Serur, viuda de Echeverría, por parte del titular de la Legislatura, Fernando Cordero Cueva.

En la capital ecuatoriana, el escritor Fernando Tinajero, al evocar al académico, subrayó que “nunca antes la función legislativa hizo un paréntesis en sus actividades para dedicarlo a la memoria de un filósofo que, como Bolívar Echeverría, haya contribuido con lúcidas reflexiones a la discusión de los retos de la modernidad capitalista.

“Los ecuatorianos tardamos en reconocer nuestros propios valores. Fue necesario que acabáramos convenciéndonos de que hay una filosofía ecuatoriana. Pocos saben que a lo largo de estos últimos 40 años que permaneció en México, Bolívar visitó constantemente el Ecuador, con el deseo de estar con los suyos.”

Por ello, instó a los legisladores a editar las obras completas de Echeverría, tarea que “es de urgencia inaplazable”. Además, pidió que en nombre del mismo espíritu que animó al homenaje, se instaure una beca de investigación que lleve el nombre del filósofo, con el propósito de propiciar el estudio y el desarrollo de su pensamiento entre quienes tengan interés y condiciones para hacerlo.

Fuente: Gaceta UNAM, N° 4281, 4 de octubre de 2010, p. 10.

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