Nëgax winmaany: Al otro lado del pensamiento

Por: Ana Matías Rendón*

Hay que quebrar el español. Inicio así porque he visto una grieta en el muro que intentamos derribar. He sido testigo de cómo todos hemos golpeado sin que caiga. Pero he visto una grieta. Tal vez sea posible golpear en otro lado y mirar cómo se derrumba el muro. Es el lenguaje. No se trata sólo del rompimiento gramatical, se trata de romper con las reglas del otro. Un pequeño acto de rebeldía. Romper el paradigma. Ellos lo llaman “ruptura epistemológica”, nosotros lo podremos llamar “nëgax winmaany” (al otro lado del pensamiento).

I

No todos los mexicanos tienen como primera lengua el español. Cosa bien sabida, pero que se olvida con tozuda persistencia. El establecimiento del español como lengua oficial trajo consecuencias profundas en todos los niveles de la vida, pero el problema no se centra sólo en hablar o no el español, éste ya tiene cierta influencia aun cuando el individuo no domine el idioma. Entre el español y la lengua materna indígena hay un nudo que centra la atención en la diferencia de hablar español y pensar en el segundo idioma, y en un problema de traducir o interpretar, por supuesto, también las consecuencias del uso de la lengua en los miembros de las sociedades indígenas: ¿lo que se expresa en la lengua materna es lo mismo que se dice en español? ¿Los dos sistemas lingüísticos son tan disímiles que no se alcanza una interpretación adecuada?

Las implicaciones sociales se concentran en la forma en cómo comprendemos el mismo fenómeno, con interpretaciones diferentes. El concepto de “libertad” y “democracia”, por ejemplo, es un constructo occidental, ¿cómo entender ambos conceptos a partir de la lengua indígena? Es más, ¿cómo buscar soluciones sociales y políticas, a partir de una forma imperante del pensamiento?

El lenguaje es la puerta para entender el mundo, es lo que nos permite construir la realidad, y tomando en cuenta que el conocimiento es un constructo social, entonces, comprender sus formas también lo es, en este sentido, incluso buscar soluciones está limitado por nuestros paradigmas. Por ello, cuando en el lenguaje español se clama por justicia, libertad o democracia, ¿qué es lo que realmente se pide? ¿Es lo mismo que se exige en lengua indígena? No basta con señalar los signos sociales y políticos de la lengua, en la sociedad se vive de muy diversas maneras el lenguaje.

Aquellas impresiones de los primeros europeos por la moral que vivían los naturales y las dudas por lo que sentían, no son del todo equívocas o desarticuladas para entender a una parte de la sociedad. El vocablo “amor”, como se entiende del lado del mundo occidental, tampoco existe en las lenguas originarias. Los sentimientos se comprenden de otra forma. Los sentimientos son otros. Esto no significa que los humanos no tengamos una base universal o de coincidencias, pero no se puede dudar que en el lenguaje y la forma en cómo nos expresamos, se encierra la forma de sentir y comprender el mundo.

Un mismo objeto o fenómeno puede verse de formas muy distintas de acuerdo a cómo concebimos el mundo: pensamos a través de un idioma. Cuando se inicia el aprendizaje de una segunda lengua, el profesor acerca las herramientas para comprenderlo, incluyendo libros que dan cuenta de la vida de los hablantes, pero aprender español para todo miembro de las sociedades indígenas no representa una inquietud profesional o recreativa, simplemente, el español es la lengua imperante, y hay que asumirla. El español se aprende por las experiencias cotidianas, no es como aprender inglés siendo mexicano, hay quienes lo hablan mal o no lo hablan, de todos modos, eso no importa, pues te puedes expresar en español para cubrir cualquier necesidad en tu país. Pero, si eres indio y no hablas bien el español, no sólo te enfrentas a burlas y discriminaciones, se cierra un mundo. Pedir trabajo se vuelve un viacrucis, sin tomar en cuenta si se tiene la licenciatura o apenas se sabe leer y escribir. Ambos son igual de frustrantes.

Cuando se inicia el aprendizaje de una segunda lengua, el profesor acerca las herramientas para comprenderlo, incluyendo libros que dan cuenta de la vida de los hablantes, pero aprender español para todo miembro de las sociedades indígenas no representa una inquietud profesional o recreativa, simplemente, el español es la lengua imperante, y hay que asumirla.

El español se vuelve parte intrínseca de un mundo con el que se resiste a ser parte y al que indudablemente se accede, incluso en la comunidad, en el que el profesor desconoce la lengua del lugar al que va a trabajar, los niños hablan poco, en el mejor de los casos –sólo si los padres son bilingües en su casa, podrán adquirir los nuevos conocimientos–, pero por múltiples razones, de idiosincrasia, prejuicios y falta de atención, como de defensa al propio idioma, dentro de la comunidad se habla la lengua que nació con las personas. Aprender a leer, escribir y entender el mundo desde una segunda lengua en la que se “debe” expresar, por los rezagos de la colonización que llega constantemente como gotas de tempestad, es una obligación.

No se esconde el rostro cuando te preguntan los profesores, en la lengua propia, ¿cómo te llamas? ¿Qué edad tienes? ¿Dónde están tus padres? Se esconde el rostro ante la lengua venida con los hombres del otro lado del mar. Hay que aprender su “palabra” se oye en los sonidos secretos de las voces de los adultos, como una confesión criminal: “ellos vienen y nos hablan en su idioma, y esperan respuestas con su lengua”.

Ellos reciben la mirada extraña como respuesta, pero ellos están contentos y hablan de las monerías que se encuentran en la naturaleza. Si fueran a Estados Unidos, se preocuparían por aprender inglés, sin embargo, en el monte pretenden imponer su lengua, pero sólo el monte habla el mismo idioma de los indios.

El indígena que sale de la comunidad se encuentra con el lenguaje de los otros, con su mundo, su sociedad, “otra sociedad” como lo dijo Benito Juárez. Una brutalidad encarnada. Un camión con un letrero, cuyos signos no le importa el destino al que te lleve, te pierde más de lo que estás, lo mismo que una escuela que da por hecho que dominas el idioma oficial; a donde uno se mueva, el idioma está en todas partes para delatarte forastero.

Dejando el plano de la cotidianidad, si nos preguntamos por las implicaciones filosóficas, el asunto no sube de grado, cambia de posición y las consecuencias ya no son tan previsibles. ¿Qué sentido tiene un discurso narrativo o filosófico indígena expresado en español que hereda las ideas de otra sociedad? Hemos aprendido el idioma español, ¿expresamos lo mismo?

II

Los reclamos se han dejado oír en el último siglo con la expresión: “¡Exigimos justicia!” Pero, ¿qué esconde semejante expresión? Hemos aprendido a repetir algunas ideas, por ello, insisto, ¿estaremos entendiendo lo mismo?

La poeta ayuuk Rosario Patricio Martínez titula a su poema “Mëj käjp ayo’on” en español como “Nación de injusticia”.

Mëj käjp ayo’on

Në’ëpmyëët ja’ poj  ayuujk tëë

taktsoony, tëë et näxwiiny tnënijkxy ta

jam t’ëskë’yaky ku ka’öy jä’äy tëë

ayo’on taknäxkëdä’äky, ak mëët

o’ojkë’n taknäxkëtä’äky

Nación de injusticia

El viento, salpicado de sangre, ha

llevado el mensaje fatal a la

naturaleza sobre el tirano que ha

aterrizado lágrimas, dolor, furia

y expiración.

Leído en español, no parece tener equívocos; leído en ayuuk, sí tiene un problema. Esto no es arbitrario, lo hacemos de forma muy seguida, hace años, para un ensayo traduje “democracia” como “kajp-madakp”, una traducción etimológica literal “decisión en el pueblo”, pero eso no decía mucho en la lengua mixe: la había forzado. La traducción que hago del mismo título de la poeta es: “desgracia en el pueblo grande”. “Ayo’on”, es desgracia, es un sentimiento de que hay un problema, que algo está mal. Käjp es pueblo. El adjetivo “mëj”, es grande.

Sí, “nación” podría ser sinónimo de pueblo, si se piensa en la homogeneidad cultural e incluso lingüística. Con mayor seriedad, sabemos que una nación puede contener diferentes pueblos y culturas. Justo viene lo interesante. La autora en español, da a entender al pueblo/nación México (la que nos engloba a todos), pero en la lengua indígena no define a qué pueblo se refiere, sólo dice que es un pueblo grande. Leído en lengua materna, pensé en el periodo del cacique Luis Rodríguez, por lo que no tuve problema en pensar al “pueblo en desgracias”, su periodo se destacó por un orgullo mixe, como de despojo y asesinatos.

Podemos sacar de esto dos premisas: una, la funcionalidad de los enunciamientos en español para el otro (sacar ventaja, endulzar el oído, estrategia discursiva); dos, el problema epistemológico que surge entre las lenguas indígenas y el español, en cuya traducción se ocultan los problemas sociales y su solución. La ruptura está justo aquí.

La poeta se refiere a Newiin Kajp, esto sí tiene sentido en la lengua, es el pueblo de México, al que no se pertenece. Pertenecer a México, sólo se da en lengua española. Explico. Cada miembro podrá decir “soy de tal lugar (nombre del pueblo en específico)”, así la autora indicará “ets Tuk’yoomada ja’ay” (soy una persona de Ayutla), pero no se dice “ets Newiin ja’ay” (soy una persona de México), eso equivale a decir que no eres mixe, sino de México, porque el Newiin Kajp no envuelve al Ayuuk kajp (pueblo mixe), aún menos a cada pueblo. Cabe indicar que sólo en últimas fechas se dice “Ayuuk Kajp”, pero se ha debido a una construcción identitaria que responde a las construcciones en español, como a la identidad colectiva en contra y en identificación contra los citadinos o el gobierno. Esto nos señala la división que se vive desde las culturas originarias y que se oculta en español: “nación” es un constructo social que llega desde una lengua extranjera y que obliga a mirarse de cierto modo. No es de extrañar que los jóvenes en la actualidad estén pensando en votar por primera vez o que acusen al gobierno por no enviar apoyos sociales, cuando antes, justamente se impedía que el Estado interviniera de algún modo.

Si profundizamos en el poema, encontraremos al “tirano”, como imagen del gobernador autoritario que centra su poder en la violencia, en cambio, en ayuuk, la imagen se concentra en lo que provoca en las personas; “el tirano”, expresado en mixe “ku ka’öy jä’äy tëë ayo’on” es la persona que hace que lo malo venga (aterrice), que haya desgracias.

¿Se han preguntado, estimados lectores, por qué los indígenas que no hablan bien el español dicen “tengo un pensamiento triste”? Probablemente, quienes no dominan el español, son quienes mejor traducen su pensamiento. Las burlas que han sufrido, debieran ser reconocimientos. En el español correcto, se concreta en la idea “estoy triste”, en la lengua propia, se dice “tengo un pensamiento triste”, porque el pensamiento para ser tiene una causa, ya indicarán ustedes que se puede estar triste sin una razón, porque en español, dado su marco epistemológico, les permite creerlo. En la lengua propia, la “sin-causa” se traduce en otra forma de razón, “tengo un pensamiento triste porque algo me oprime (oprime mi cuerpo, hay algo dentro de mí que me hace sentir triste)”. La nada en español, no es la nada en la lengua indígena.

Por lo tanto, ¿cómo hemos aprendido la traducción? Es cierto, viene de muy atrás, en la época de la Colonia, lo que muestra que el límite de la expresión en segunda lengua se ha debido a los procesos histórico-políticos y socio-culturales, más que a la equivalencia epistemológica, fuimos heredando los sentidos, suponemos ¿que no hubo equivocaciones? El engranaje trabaja de forma muy similar para otras lenguas indígenas que se expresan en la segunda lengua, es lo que llamo “discursividad indígena”, el sentido construido en español.

III

El “indio” es una representación aprendida a través del idioma español, como las palabras “libertad” y “justicia”, pero desde las lenguas indígenas los sentidos son otros. Ayuuk ja’ay (persona mixe) no es el indio construido por los europeos, la representación mental difiere, incluso el indio pronunciado por un indígena puede tener un nuevo sentido.

Las fórmulas enunciativas, por supuesto, que han tenido una funcionalidad en el contexto de las luchas, que bien podemos resumir: “somos indios, los dominados, exigimos justicia del gobierno”, pero no olvidemos que ese modo de expresión, denuncia una supuesta forma de pensar, y que condiciona las acciones. Esta forma enunciativa tiene mayores efectos que expresar o traducir los deseos y demandas, incluso la podemos justificar como el camino de nuestra lucha, pero ¿por qué las luchas indígenas se quiebran? ¿Por qué nos sigue siendo tan extraño eso que ellos llaman “nación”?, es decir, ¿por qué en ocasiones parece que somos parte de la nación y otras lo negamos?

La línea del pensamiento indigenista, surgido después de la Revolución Mexicana, hacía nacer al “indígena” como figura de las proclamas agrarias y de las demandas sociales, pero como personaje literario, al igual que el indio narrativo europeo, o el salvaje en unión con la naturaleza del romanticismo, abrió un nuevo discurso: la justicia; noción que parecía aceptable, o eso pensamos que ellos querían escuchar, resultó útil, aunque tal vez no sea lo que se busque necesariamente, es decir, se entienden de otro modo.

Los intercambios de sentidos, se dan en un aspecto cotidiano, cuando los indígenas vamos a las universidades, cuando dejamos de hablar nuestro idioma, cuando dialogamos con personas que no son de la comunidad, al emigrar, en fin, bajo las múltiples situaciones diarias que se viven. Así, poco a poco, fuimos aprendiendo a “traducir” el pensamiento, pero no siempre por la equivalencia epistemológica o de sentidos equivalentes, sino por razones sociales.

¿Cómo se dirige el discurso cuándo se habla en español o en lengua materna?, ¿por qué existe esta fragmentación? He notado a pesar mío, y en el pesar de mis antepasados, lo que Natalio Hernández (náhuatl) dijo: “el español es nuestro”. El español, en las conversaciones secretas tiene una expresión singular, incluso lo que realmente se desea es dicho sin ambages. Por ello, confío que, en algún momento, se logre ver en la lengua indígena y en el español, dos reflejos, como lo dice la poeta Irma Pineda (zapoteca).

He visto la grieta en el muro, es como un río. La discursividad en español, el sentido construido en la segunda lengua a partir de las condiciones sociales para la traducción es una unificación de sentidos, pero como el flujo constante de un río que se extiende a través de las montañas, se alimenta de varias vertientes de lenguas indígenas que se puede quebrar para que se oigan los manantiales de los diferentes mundos.

Hubo un tiempo, en que pensé que se podía dividir el mundo, a partir del pensamiento en español y en la lengua del español, porque así me lo enseñó el abuelo, pero no es así. Nuestra vida ya no nos pertenece entera, nuestro lenguaje se ha mezclado con el mundo, en el que habitan los Otros, pero también contra quienes luchamos. Esa grieta me dice que hay que soltar los conceptos que no sirvan, dejar de pensar el mundo a partir de los conceptos de los otros. ¿Si en lugar de decir “injusticia”, se expresa: “tengo un sentimiento de desgracia a causa de tu gobierno”? ¿Suena muy poético? ¿Se burlarán? ¿Más? ¿Importaría en todo caso?

La justicia y sus leyes, no son las mismas. Por ello, la “justicia” en los pueblos no tiene una dimensión unificada, las leyes no son omnipotentes ni están escritas en papel, siempre dependen del contexto para proceder, de las acciones de la persona para comprenderla, de una asamblea en la que todos tienen voz (en la que también se fraguan complicidades), pero de lo que se trata es de equilibrar las fuerzas que el individuo quebró. ¿Se podrá dejar de recurrir al juez que envían de la ciudad, si se puede sacar ventaja? Una ventaja mediada por el lenguaje español, por supuesto, porque quienes dominan el español. Dadas las circunstancias actuales, de dos leyes, dos lenguas, dos formas de entender el mundo que encarnan en una misma sociedad, ¿cómo romper con las cadenas?

Nos hemos creído una mentira: el mundo que han creado para nosotros. El mundo expresado en español. Hay que dejar que ellos vean los mundos indígenas. Hay que quebrar el español para expresar el propio pensamiento. Ahora lo veo con claridad, es el mismo río, sólo debemos cruzarlo, estar al otro lado del pensamiento para entenderlo; si han visto el río, sabrán que podremos derribar el muro.

*Ana Matías Rendón. Licenciada en Filosofía (UNAM), con Especialidad en Literatura Mexicana del Siglo XX (UAM), y formación en la Maestría en Estudios Latinoamericanos (UNAM). Ensayista, editora independiente y Directora de Sinfín, Revista Electrónica. Contacto: anmarendon@outlook.com

 

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