¿Puede haber filosofía latinoamericana y mexicana auténticas sin la presencia del filosofar y lengua indígenas?

En esta ocasión es un honor para el Círculo de Estudios de Filosofía Mexicana compartirles la colaboración especial del mes de marzo de 2016, a cargo del Dr. Ignacio Ortiz Castro, profesor e investigador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Tecnológica de la Mixteca, Oaxaca.

¿Puede haber filosofía latinoamericana y  mexicana auténticas sin la presencia del filosofar y lengua indígenas?

(El filosofar desde la Nación Mixteca)

Por: Ignacio Ortiz Castro*

 (Resumen)

En el presente trabajo se toman en cuenta dos tradiciones que han defendido su mundo cultural y de pensamiento: la andina y la mixteca, ubicadas respectivamente en Sudamérica y México. Especialmente se hace énfasis en la tradición mixteca y un representante de la misma, Abraham Castellanos Coronado, quien se adelanta casi un siglo al tema que se debate actualmente en México, Latinoamérica y el mundo: la diversidad cultural. Así pues, este artículo se ubica en el área de la filosofía de la cultura, planteándose problemas en torno a: ¿qué es lo mexicano?, ¿puede hablarse de una filosofía y cultura auténticas sin la presencia del filosofar y lengua originarias?, ¿qué ha caracterizado a la cultura y filosofía mexicana y latinoamericana?, ¿la filosofía enseñada y practicada en nuestras facultades de Latinoamérica  han sido como meras modas?, ¿es posible (o hay) una filosofía y cultura auténticas?

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  1. Abraham Castellanos Coronado y su propuesta metodológica para la cultura y el pensamiento filosófico en México y Latinoamérica

“El castellano es la lengua oficial y debemos cultivarla; pero al pensar, al escribir, debemos pensar con nuestros dioses que son nuestra alma, debemos sentir con ese tierno sabor de nuestra lengua, que es nuestra alma también.”

“Tiempos vendrán, que este mar de ideas rompa sus prisiones y entonces Europa no dirá la última palabra.”

Abraham Castellanos Coronado (1868-1918).
Obra: Al caer el sol (desde mi celda). Teogonías mexicanas dedicadas a la niñez, a los maestros y a los artistas, Imprenta Carranza e Hijos, Cd. de México 1914.  160 pp.

El hombre andino y ñuu savi (mixteco), ubicados en territorios definidos ancestralmente, con dos lenguas: la autóctona (aymara, quechua, mixteca, etc.) y español, y con riqueza cultural e histórica, más que poner en duda sus mundos culturales, cosmovisión y filosofía, los han asumido y han refutado todo aquello que lo ha puesto en duda; así lo expresa, v. gr., el educador Abraham Castellanos: “De la nación mixteca, no apuntaron los cronistas sino groseras fábulas…”[1] Similar posición se ha dado en algunos defensores de lo andino.

Desde luego, habrá de aclarar de antemano, que no se ha tratado de un indigenismo a ultranza mixteco o andino, sino más bien posición defensiva de la tradición cultural propia, por el motivo de su discriminación histórica a partir de la Conquista y Colonización. En ambas regiones no se ha puesto en duda la valía del mundo cultural propio, sino más bien la preocupación por la reafirmación y continuidad; y, en cuanto al pensar se refiere, tampoco habría duda de un pensamiento filosófico sistemático profundo sino que existe aunque soterrado, el problema sería como ir en pos de él, con el objeto de mostrarlo nítidamente al mixteco y al andino mismos para que lo comprendan y se entiendan asimismos y proyecten renovadamente sus potencialidades, o más bien dicho, las reafirmen y den continuidad y, en un remozamiento: validen su presencia cultural y de pensamiento que han tenido desde siempre. ¿Cómo develarlo?, ¿cómo mostrarlo?, porque se vive, siente y expresa, pero aquí está el quid del asunto: Habrá que expresarlo sistemáticamente; ¿con qué objeto -se preguntará-?, con el fin de reproducirlo nítida, profunda y concientemente. Considero que tal ha sido la preocupación.

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1.1. Tres principios filológicos

¿Cómo mostrar ese pensamiento y ese mundo cultural?; tomaré a manera de ejemplo el mundo mixteco, ya que hay un precedente significativo.[2]  Sin duda es necesaria una ruta, un método mínimo al menos, el cual cuando así se requiera podría especificarse y adecuarse en cada caso o área del conocimiento…, y así lo intentaría esa generación decimonónica. Pero en lo que aquí atañe, que es el pensar filosófico, sí se concibió un método para ir en pos del mismo. Abraham Castellanos, por ejemplo, hizo una propuesta válida para la filosofía, la historia y la literatura en general y en lo particular para las culturas indígenas.[3] Castellanos en 1910 afirmó que

[…] para interpretar [códices, lienzos, mitos…] he tenido que seguir la siguiente marcha:

1º. Recorrer el país observando la raza.

2º. Analizando el espíritu de la lengua hablada:

I. Comparándola con la escritura simplemente ideográfica;

II. Analizando la escritura simbólica, y

III. Siguiendo la escritura ideológica.

Estos tres principios filológicos entran en la escritura americana, y quien se desvié de ellos, irá directamente al fracaso. [4]

¿Cómo entender dicha propuesta? ¿Cómo penetrar en ese mundo para entenderlo? Para Castellanos el problema no es si se puede llegar y es posible conocerlo, eso no estaba en duda, sino más bien cómo llegar a él. Aquí el planteamiento epistémico es cómo… Pasado y presente están imbricados, a pesar de las vicisitudes históricas en detrimento de la raíz mesoamericana; sólo se trata de pasajes, mas no de ruptura total entre el mundo mixteco precolonial y el acaecido desde la Colonia hasta nuestros días (de las demás culturas mesoamericanas por supuesto y el continente); esto es más entendible si se toma en cuenta el contexto de principios de siglo XX, época de Castellanos, en que lingüística y numéricamente la población mixteca era mayoritariamente autóctona en los Estados de Oaxaca, Puebla y Guerrero; además, hasta antes de la Revolución existían aproximadamente 112 etnias en México.

Una de las fuentes de la cultura mesoamericana estaba, a juicio de Castellanos, en los códices y lienzos, “verdaderos sistemas de escritura”, donde se encuentra plasmado pensamiento filosófico, religión, cosmovisión, hechos históricos y de la historia de linajes, etc., y era posible entenderlos mediante un método eficaz que, dicho sea de paso, hasta la época de Castellanos no se había propuesto; era posible descifrar ese conocimiento mesoamericano que se hace extensivo hasta nuestros días: “Aseguran los primeros cronistas, que los indios leían en sus libros de figuras, como nosotros leemos en el alfabeto fónico, y esto no es una exageración, ni menos se ha perdido la lectura, mientras haya una marcha científica que la siga”.[5]

¿Cuál es esa marcha?  En una primera fase “recorrer el país observando la raza”, diría Castellanos; se trata de un estudio etnológico-antropológico directo para adentrarse a ese mundo y convivir en él, como precisamente Castellanos lo hizo; empaparse de pueblo. En una segunda fase analizar “el espíritu de la lengua hablada”, es decir, lo que la lengua encierra, la manera cómo esta expresa el mundo. Así, la estructura de la lengua y su vínculo íntimo con el pensamiento, determinan un modo propio de entender el universo, de representarlo, así como de vivir y actuar en él acorde con ese pensamiento; en otras palabras, se trata de una cosmovisión que conduce directamente a una cosmovivencia. Tal sería el espíritu de la lengua hablada: de cómo el hombre reflexiona sobre el mundo y lo expresa comunicándolo ya sea en forma oral o escrita.

Esa marcha cognitiva, de modo práctico sería: en un primer momento de esa segunda fase, analizar la lengua oral y compararla con la escritura ideográfica; con ello, según Castellanos, se observará que la lengua oral y la “ideografía” plasmada en los códices no son ajenos, sino que pueden “leerse” las ideas expresadas en los glifos, ya que el Tani wisi taku[6] o escribano, las pintó acorde con una estructura y un código simbólico y de pensamiento relacionados con su idioma.[7]

En un segundo momento, habría que analizar el código simbólico, producto este de una abstracción, de una síntesis; analizar esa representación, para luego, en un tercer momento, interpretar las ideas contenidas en los códices. Para ello, se reitera, el estudio de la lengua es fundamental, pues ahí puede observarse cómo funciona la lógica de su pensamiento, porque, según Castellanos,

En las lenguas está retratado el pueblo, en ellas, como la fotografía que copia los detalles de la naturaleza están hasta los últimos detalles del pensamiento […]

[…] En sus libros antiguos [códices], con frecuencia suelen encontrarse ideografías puras, cuyos fonemas traducidos son los mismos que corresponden a sus imágenes pintadas. Si al dibujo se le agrega el color, se entiende que ya no se trata de una ideografía pura, sino de una ideología que puede encerrar toda una relación completa.

A la vez, en los mismos libros indios, están ligados los signos de tal manera, que es traducible su ideología del mismo modo que es traducible el escrito alfabético. Y no podía ser de otra manera puesto que este viene de aquel, en la historia del lenguaje escrito.

Después de examinar y comprender el espíritu del lenguaje escrito [códices], hay que seguir el método de regresión, para comparar este lenguaje escrito con el lenguaje hablado.[8]

En esa “regresión” comparativa, se encontrará que entre el lenguaje escrito de los códices, lienzos y otras inscripciones, habría íntimas relaciones con el lenguaje hablado; es por ello que en las lenguas indígenas:

Hay palabras gráficas sobre todo, refiriéndose a la denominación de las cosas mismas, y estas palabras son los fonemas de la escritura ideográfica pura [en los códices]. [Además] Hay vocablos cuya traducción literal parece eminentemente ideográfica: pero que ahondando un poco con el escalpelo de las lenguas comparadas entre las de la misma familia, se descubre que su significado están muy lejos de parecerse a las traducciones literales, que son compuestas de varias palabras simples, que han evolucionado, que tienen a la vez relaciones con nombres y con verbos que a primera vista no fuera posible descubrir, es decir, son verdaderos vocablos simbólicos cuya morfología está de acuerdo con la escritura simbólica de la raza.

Analizando la conversación en general, […] nos recuerdan el enlace de todos los caracteres escritos, la ideología que es el coronamiento de la escritura. Considerad, señores, cómo la lengua escrita en un periodo de su desarrollo, es paralela en su organización a la lengua hablada, y cómo, las facultades antropológicas de una raza, en sus decretos psicológicos son retratadas fielmente en la lengua hablada como en la lengua escrita, como copia la fotografía los detalles de la naturaleza.[9]

Es por ello que “las lenguas americanas [se refiere por extensión a  las latinoamericanas[10]] en su forma hablada y escrita” (códices, lienzos, inscripciones), a su juicio,

dan por resultado un pensamiento natural de las cosas tal cual existen en el naturaleza, un ejercicio constante de la comparación por semejanza, y una atención en el enlace [principio de relacionalidad] de los hechos para fijar su juicio y establecer sus conclusiones. De este principio, que no puede eludir el cerebro del americano, resulta una raza meramente imaginativa, resulta una raza soñadora, y una locución febril matizada de múltiples imágenes con los colores del iris, y bellas como las plumas de quetzal y como el fulgor de las auroras. Este es el indio, producto de su medio y de los tiempos.[11]

Así pues, la lengua indígena oral y escrita son expresión ineludible de todo pensar, pensar que aprehende la realidad y la recrea; por tanto se trataría de “un pensamiento natural” para Castellanos o una Filosofía de la Naturaleza, en un principio, como bien lo afirma un estudioso del pensamiento andino:

El hombre tiene que ‘escuchar’ la relacionalidad ordenada en la ‘naturaleza’, en el doble sentido: ‘escuchar’ (audire) para descubrir la estructura simbólica inherente, el misterio de la vida, el ordenamiento cósmico; y escuchar en el sentido de ‘obedecer’ (ob-audire y ge-horchen), de dar respuesta adecuada y correlativa (‘responder’) a través de su actitud y comportamiento.[12]

Al mismo tiempo, la afirmación de Castellanos en torno al hombre americano como resultado de una interacción en el espacio-tiempo, fortalece la tesis filosófica de la interrelación entre la realidad y la historicidad.

Puede señalarse que Castellanos se adelanta casi por un siglo a los estudios actuales que se realizan en torno a la relación entre lengua autóctona y filosofía,[13] pues sostiene de modo categórico la imprescindible y trascendente necesidad de pensar en serio con tales idiomas: “El castellano es la lengua oficial y debemos cultivarla; pero al pensar, al escribir, debemos pensar con nuestros dioses que son nuestra alma, debemos sentir con ese tierno sabor de nuestra lengua, que es nuestra  alma también”.[14] Igualmente, como algo adicional, puede decirse que su propuesta es un antecedente de lo que hoy se denomina Filosofía Intercultural: “Tiempos vendrán, que este mar de ideas rompa sus prisiones y entonces Europa no dirá la última palabra”.[15] ¿Cómo interpretar esto último? Existe una connotación, fundada en: 1) Una preocupación central en el análisis de la cultura a la que se pertenece o el intento de facilitar la comprensión de la filosofía propia, al tiempo de 2) centrar la atención en la búsqueda de pistas culturales que posibiliten la manifestación diversa de la filosofía desde la diversidad cultural. El punto uno parte del supuesto, tal como lo entiende la Filosofía Intercultural en nuestros días, de que las culturas de la humanidad son lugares donde se practica la filosofía; es decir, hay filosofía no porque haya un modelo paradigmático que se expande y globaliza, sino porque hay, como afirma un filósofo de la interculturalidad, prácticas culturales de filosofía, como ejercicio concreto de reflexión que se encarga de su propia contextualidad e historicidad.[16] En este sentido, no hay un único lugar de nacimiento de la filosofía, es decir, el mito de Grecia como cuna. El supuesto de que las culturas son lugares filosóficos, puesto que facilitan prácticas específicas del filosofar, implica la necesidad de desoccidentalizar logocéntrica y etnocéntricamente la filosofía desde su origen y ubicar a Occidente en su lugar, en el sentido de que “no es el lugar de toda la filosofía posible sino el lugar de ciertas posibilidades de filosofía”.[17] Pero tal desocidentalización será más nítida e incontestable cuando abiertamente se de la manifestación, cuando, parafraseando a Castellanos, este mar de ideas rompan sus cadenas occidentalizadoras, entonces Europa no dirá la última palabra…, sino su palabra con nuestra palabra en un diálogo filosófico; diálogo que tendrá que ser horizontal y de cooperación, al tiempo que retroalimentativo para ambas partes. La posición mixteca coincidiría con la andina, en el sentido de que la filosofía de Occidente es

una de las varias manifestaciones de pensamiento existentes en la historia y el espacio; pero de ningún modo la única ni la más excelsa o dogmática […] si se determina lo que es ‘filosofía’ o modernidad dentro de los lineamientos de una cierta cultura, entonces las manifestacionesde otras culturas necesariamente no satisfacen esta definición y serán tenidas como pensamiento, mitología, etnofilosofía, premodernidad, primitividad. La filosofía andina no niega el valor de la filosofía occidental, es peso de sus valores en bien de la humanidad, ni la sutileza se su racionalidad, pero si combate con fuerza su pretensión universalista y absolutista en el sentido de la supra y super-culturalidad.[18]

1.2. Historia y conciencia

Castellanos asevera que tales principios filológicos son producto, en una parte, de su amplia obra como pedagogo y estudioso no solo de su cultura mixteca, sino también de otras de México; por otra parte, comprendió que resultaba insoslayable la historia para fortalecer ese trabajo filológico, afincándose así de manera sólida el descubrimiento e interpretación de un filosofar propio. En el estudio de la historia se asientan firmemente los pies, no se parte de cero, por ello en 1910 invoca: “HERMANA MÍA: […] ¿Lo recuerdas? Hace ya tantos años que dos jóvenes vagaban por el país de los ñusabi, buscando las fuentes de la historia” […].[19]

Un recorrido histórico, con el objeto de entender la situación de esas sociedades marginadas así como su cultura, y, en lo que a él atañe, la cultura ñuu savi[20] o mixteca; se trata de la evocación que impelía y alentaba a Castellanos a tomar conciencia a través de una reflexión honda e introspectiva: …“mientras me abismo en los profundos problemas que envuelven la historia de nuestra raza”.[21] Este abismarse no es otra cosa que profundizar sobre las raíces culturales, filosóficas y metafísicas de la expresión identitaria de un pueblo. Así, la historia es toma de conciencia profunda, y sólo hay historia si se está consciente de ella, condición sine qua non.

[…] quise ante todo, saber la historia de mi raza [mixteca e indígena mesoamericana], y naturalmente después, la historia de mi patria. Pero cuando hube hojeado todos los cronistas, y los historiadores que han escrito sobre la época precolombina de esta tierra, veía una inmensa interrogación en la mente, y una obscuridad profunda en el corazón, porque comprendía que aquellas historias, en gran parte habían sido invenciones de los cronistas, que en unas ocasiones trataban de engañar al público futuro, ligando las relaciones antiguas del viejo continente y sus creencias propias.[22]

En la mayoría de los cronistas e historiadores de la Colonia, había un afán de ocultar la historia precolonial, “ejecutando con este acto el gran paréntesis que se llama “el paréntesis de la conquista””;[23] de ahí que:

Si leemos a los viejos cronistas, aquellos que dejaron los admirables monumentos que sirven de dintel a los estudios etnológicos, no necesitamos recorrer más que unas cuantas páginas para convencernos, que fueron escritas más para perseguir el corazón y la conciencia de las antiguas razas que para servir a la ciencia. Los cronistas anotaron todo lo feo, todo lo horrible de aquella civilización, y apenas si tocaron unos puntos de lo hermoso, lo sublime de aquellos corazones.[24]

La historia como conciencia y el conocimiento de la historia propia, en proceso dialéctico, hacen posible el conocimiento sin el cual no es posible entenderse como individuo ni como perteneciente a una cultura y finalmente como ser humano; por ello era necesario hacer: “Aquellos viajes, aquellas meditaciones”[25]…, recorrer la historia misma para aprehender y aprender; “viajes” también en sentido estricto, es decir, recorriendo el territorio mixteco y mexicano todo, observando y estudiando a los habitantes y sus lenguas.

Empero ese triple recorrer: físico del territorio, de la conciencia y la historia (propia y general) ¿para qué?, ¿cuál es el objeto?, ¿su sentido? En un principio: saber; pero hay que ir más allá del placer de conocer y darle matiz intencional, de un conocimiento deliberado y fenoménico; ¿en función de qué?, en función de un saber que haga consciente al individuo y fortalezca la conciencia colectiva, de un saber por mi y por el otro(s), es decir, por nosotros. Se trata de una nosotridad ontológica que da un sentido de identidad y diferencia en la unidad del ñuu savi o mixteco; esto es lo que da fortaleza: un conocer que libera y desenvuelve al nosotros. Lo que dicho en palabras de Castellanos quiere decir: “soy de la misma raza y siento como mis hermanos de la región sur [Mesoamérica]”.[26] Así, saber es liberación; es fundamento ontológico pero también epistemológico, el cual sólo es posible en un acto dialéctico, procesual y discursivo de la razón en un ejercicio libre. Se está consciente de sí mismo, de lo que se es al autoafirmarse. Simultáneamente, el saber conciente y liberador, puede adquirir legitimidad y hacerse extensivo; lo es así también por otros que no son nosotros pero los sentimos y pensamos como iguales, lo cual finalmente los hace ser parte de nosotros, de un nosotros común dentro de un mismo sino histórico y cultural. Así, concomitantemente puede hablarse de una nosotroredad: nosotros con los otros. Nosotroredad que va más allá del México-indígena y se proyecta a lo indígena latinoamericano pero sin encontrar sus límites ahí, sino también implica nosotros con todos los otros sean o no sean indígenas. Análoga a la categoría de alteridad u otroredad occidental resulta la nosotroredad; con la diferencia de que aquélla manifiesta individualidad y esta última patentiza comunalidad. Ambas implican el reconocimiento y aceptación de la diferencia, sin que ello implique necesariamente desigualdad.

Castellanos, continuando con el análisis, reivindica lo valioso del ejercicio libre de pensar, y señala:

El trabajo presente, […] está escrito especialmente para levantar el espíritu de los indios, tan atenaceados en su conciencia como explotados en su ser. Es un deber erguirse contra la tiranía, y dentro de cada línea, léase mi grito de protesta contra la brutalidad de los opresores.[27]

Nosotros con los otros: el mundo propio junto a otros mundos que, después de todo conforman un mismo mundo.[28] Finalmente, el saber como liberación es al tiempo compromiso; por ello concibe “un deber erguirse contra la tiranía” que “atenacea” la conciencia y explota al individuo concreto; en tal sentido, el pensamiento filosófico es compromiso, es una ética.

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¿Cómo entender el compromiso? Es esa conciencia como producto de un saber afincado en la realidad-historia-cultura propia que conduce (directo) al deber…, es decir, a un compromiso ineludible que se tiene con la propia circunstancia, realidad o mundo. Realidad o mundo que puede ser físico y cultural. Dicha connotación física y cultural es para Castellanos la constante histórica para los pueblos indígenas: pobreza, explotación, marginación y hasta discriminación; discriminación de su cultura y lengua propias. Así pues, existe la responsabilidad para con el mundo físico-cultural al que se pertenece; actitud afincada en la conciencia histórica de ir asumiendo la responsabilidad del pasado en el presente, al tiempo de un compromiso también responsable con vistas al futuro. De tal modo, el individuo pensante-filósofo, y el no filósofo, deben insertarse en el mundo, adquiriendo libremente su propia responsabilidad, en otras palabras, su compromiso. La filosofía finalmente es compromiso (Etica).

Empero: historia, saber, conciencia: ¿para qué -sigue siendo la pregunta-? Liberar si, pero liberar para qué…; no hay otra razón: abatir la desesperanza producto de la adversidad en el mundo: “[…] sigamos por el camino de la vida; no fue ayer, es hoy, será siempre.”[29]

El camino de la vida no exclusivamente biológico ni fisiológico sino además espiritual e intelectual que en conjunto son precisamente el camino de la vida de ayer, de hoy y de siempre; ahí estriba el sino del hombre; destino que se contempla como lejano horizonte pero que es posible llegar a él porque ahí está la vida: “Si alguna vez nos detuvimos fatigados al pie de añosos encinos, y desde allí contemplábamos el lejano horizonte, hoy […] quiero llevarte al país azul de los árboles de oro, donde no se cansa uno jamás […]”.[30]

Ahí está la Vida plena: en el País Azul de los árboles de oro…, donde la fatiga no existe, producto ésta de la desesperanza, agobio, pesares a causa de la posible muerte total del mundo cultural y filosófico propios que genera la injusticia en el mundo; por ello, ahí “no se cansa uno jamás”, porque es lugar de descanso y sosiego…; pero habrá de emprender el camino: “Vamos camino de la verde montaña […] donde [está] nuestro padre el Sol!”.[31] Es decir, donde todo está iluminado, donde se encuentra la luz que alumbra, discierne, aclara donde están los orígenes, las raíces o la propia identidad. Ir en pos del mundo propio que se encuentra moribundo desde la Conquista y la Colonia; sólo fortaleciéndolo tiene posibilidad de vida. Tal es el camino de la vida por emprender, ahí está la vida plena, la permanencia en el mundo, en el retorno al País Azul de los árboles de oro…, a la tierra propia, donde todo agobio y toda desesperanza no existen, pues ahí tiene cabida no sólo el mundo propio sino también el ajeno que ha excluido y negado por lo general: el criollo-peninsular y el europeo. Mas es necesario ir en pos del nosotros (y con los otros, sin exclusiones) en un ejercicio de reflexión o razonamiento, que simbólicamente dentro de la tradición ñuu savi se representa como la luz amarilla que ilumina, que paulatinamente en el ejercicio del pensar lleva a contemplar de manera nítida y pura la luz blanca que también ilumina y devela al ser y el mundo conveniente para todos. Ser y Mundo llenos de bondad, lo cual es expresión filosófica de lo inmarcesible y de lo incontaminado, por eso su atributo es lo blanco como la luz que le ilumina, pues la pureza del corazón es la que ahí impera. El mundo de lo bueno y su ser, es la concepción ontológica y ética de pureza, valor este que es axiomatizado por el saber y lo bueno. Pero tal logro no es fácil; es necesario emprender ascendiendo a la “Verde Montaña”, ascensión no fácil sino esforzada para contemplar…, porque solo subiendo el camino de la verde montaña, puede empezarse a vislumbrar la luz…, mas habrá que llegar a la cima para poder contemplar, observar el valle, donde el horizonte se muestra pleno. Sólo quien va y sube la montaña se ubica en la posibilidad de contemplar el valle.

La vida plena está iluminada por luz blanca y el camino a ella, es decir, el emprendido hacia la “Verde Montaña”, es luz amarilla; la consecución de la vida plena, ya como nosotroredad, es por las luces amarilla y blanca (razón/corazón).

Ahora bien, la desesperanza producto del existir físico-fisiológico deplorable a causa de la inequidad y la agonía del mundo cultural propio, de modo directo atenta contra lo particular y lo general…, es decir, atenta contra  lo indígena y no indígena, contra México en general; de ahí que resulte necesario pensar filosóficamente sobre lo mexicano; es decir, emprender el camino a la Verde Montaña para estar en posibilidad de contemplar el horizonte México….

Hay que hacer una filosofía de lo mexicano, palabras más palabras menos, recomendaba José Gaos a sus discípulos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Antes que Samuel Ramos y el trasterrado José Gaos, Abraham Castellanos ya lo había pensado más de 30 años atrás, desde otra perspectiva: De la diversidad cultural y no únicamente mestiza; lo mestizo ha matizado principalmente a la filosofía mexicana y latinoamericana desde el siglo XX; con la visión de la diversidad cultural, Castellanos se adelanta casi un siglo a lo que se debate en los actuales días en México, Latinoamérica y el mundo.

  1. …“hablar a los mexicanos de cosas mexicanas”.

¿Qué es lo mexicano?; pero antes: ¿quiénes son los mexicanos? y ¿por qué es necesario hablar de “cosas mexicanas”?[32]

Para Abraham Castellanos, hasta ese entonces (1910), México estaba definiéndose aún como nación, pero sin lograrlo todavía; por lo tanto, resultaba imprescindible entender el ser del mexicano y su crisol cultural, los cuales son ingredientes conformadores del alma o la quintaesencia de toda nación o país. Esta idea no es originaria de Castellanos Coronado, sino como admirador de la filosofía educativa, pedagogía y filosofía alemanas, la toma principalmente de Fitche, puesto que según Castellanos, México vivía en ese entonces algo similar como lo acontecido en Alemania tiempo atrás, una falta de identidad para conformar lo nacional; por tanto, al igual que Juan T. Fitche, había que hablar de “cosas” propias, de lo nuestro, había que filosofar sobre lo propio; eso había sido la clave del engrandecimiento alemán, el volver los ojos a la propia cultura y lenguas junto con el español.[33]

¿Cómo formar “el alma nacional”? inquiría constantemente, si una variedad de intereses de todo tipo heredados desde la Colonia: culturales, políticos, económicos, de clase, etc., tan encontrados, dividían al pueblo mexicano. Los intereses hegemónicos de las élites (mejor dicho el criollismo subyacente) no siempre han sido compatibles con los de las clases dominadas. Se trataba de un país profundamente desigual. ¿Cómo lograr un México sin tantas diferencias negativas? Caminos podría haber varios, incluso, el mismo movimiento revolucionario de 1910 que transcurría, pero tampoco este último era la solución cabal a la problemática histórica, pues finalmente el torbellino revolucionario culminaría nuevamente en la toma de posesión del poder por un nuevo grupo y con la implantación de un nuevo orden con ciertos logros sociales, políticos, económicos…, mas no tocaría lo esencial. Por muchas revoluciones que acontecieran, México seguiría siendo un país injusto y desigual si no se entendía la problemática en lo esencial, consistente en no comprender y fortificar la verdadera “alma nacional”. Cualquier movimiento revolucionario es indudable que puede traer ciertos cambios, pero nada más, pues no hay cambio sustancial y trascendente; esto último, se reitera, sólo es posible si se conforma el alma nacional, hasta ese entonces y también en el ahora no comprendida. Para ello debe darse un conocimiento del ser nacional, producto este de la historia del país y de su cultura. La sustancialización de lo nacional resultaba crucial.

Todo esto conlleva a lo planteado ¿sobre qué es México?, ¿quiénes son los mexicanos?, ¿qué son “las cosas mexicanas”? Sólo entendiéndolo puede construirse la patria verdadera; mientras no se constituya verdadera patria los intereses encontrados de los mexicanos serán primero antes que lo mexicano y los mexicanos de carne y hueso; es decir, los intereses personales o grupales estarán por encima y, por lo mismo, no tiene posibilidad de desarrollarse una alma nacional, pues esta es enteca. Su entecacidad es más que evidente: es deplorable. ¿Por qué?, por la sencilla razón de que mientras se siga excluyendo sistemáticamente el legado mesoamericano, no pude existir un alma nacional vigorosa, puesto que la diversidad cultural es donde se acrisola aquella. Discriminar lo mesoamericano es negar una parte fundamental de lo mexicano; por lo tanto, resulta de suma vitalidad: “concordar el espíritu de las dos civilizaciones, y trabajar con un método científico para conseguir la unidad nacional”.[34]

Lo mexicano estriba en dos legados: lo mesoamericano y lo occidental europeo-españolizado. El verdadero México es diverso en lo cultural y lingüístico y no sólo mestizo y mucho menos monolingüe y: …“se me objetará que el pueblo mexicano actual, ya no es el pueblo de la conquista, sino un conjunto de mestizos y criollos; pero también es otro error,”[35] puesto que muchas etnias, Castellanos las denomina acertadamente naciones indígenas, estaban presentes y no debía ignorárseles. Así pues, la tarea filosófica (como la literaria y la histórica) estribaría en lo verdaderamente mexicano: la diversidad en la unidad, puesto que México como país, está constituido por ambos legados, incluso, psicosomáticamente, el elemento mesoamericano es predominante,

… y aunque gran parte de los mexicanos han formado un grupo étnico distinto del aborigen esta raza mezclada ha conservado sus caracteres psíquicos inclinándose más a las razas indias que a la raza hispana con sus ideales latinos. Y ha sido tan fuerte la influencia de la raza americana sobre la raza blanca, que los metizos han formado una variedad hasta en sus caracteres físicos, y, esta variedad, es india, es mexicana, NO ES LATINA. […] …y en efecto, el pueblo es mexicano, NO ES LATINO. Si la casualidad nos ha hecho hablar en lengua latina, no es prueba que la lengua sea la determinante etnológica, sino en nuestro caso, un mero accidente.[36]

Al parecer se cae dentro de un etnocentrismo de matiz indigenista pero no es así, y esto es lo valioso de su pensamiento, sino que va en pos de la conformación de un México diferente; diferente de ese México racista y excluyente de finales del siglo XIX (y que llega hasta nuestros días) en el cual las clases dominantes crearon un modelo de nación mexicana al que aspiraban, pero excluyente de los pueblos originarios, de los mestizos indígenas y de origen africano. De ese México que buscaba cánones culturales extranjerizantes y se contentaba con imitar, y no se veía y hasta se despreciaba la riqueza cultural presente en el legado indígena, pues México, psicosomática y culturalmente, está impregnado de modo fundamental, por la herencia mesoamericana, de la cual eran depositarios (y siguen siéndolo) los indígenas. En este sentido, “el Maestro Castellanos, se adelantó, y en mucho, a la tesis actual del México Profundo de Guillermo Bonfil Batalla”;[37] efectivamente, puede afirmarse que es extraordinaria la coincidencia. Incluso, puede aseverarse que en parte, los intelectuales mixtecos contribuyeron a la cimiente de la diversidad cultural desde finales del siglo XIX y principios XX, al formar parte  de instituciones culturales como: La Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, de la de Historia Natural de México, de la Sociedad Científica Antonio Alzate, de la Sociedad Indianista Mexicana, además de participar en algunos eventos del Congreso Internacional de Americanistas.

No huelga señalar, que la Sociedad Indianista Mexicana, se fundó a iniciativa de un colega y compañero de Castellanos, Francisco Belmar, mixteco oaxaqueño estudioso de las lenguas mesoamericanas:

…la Sociedad Indianista Mexicana, creada en la ciudad de México en el año de 1910 con la doble finalidad de estudiar y transformar la condición de los grupos indígenas existentes. Esta agrupación sobrevivió hasta 1914, y posteriormente fue relativamente olvidada.

[…] en los últimos años del porfiriato fue notable el interés que los estudiosos de las disciplinas manifestaron por el indio, lo cual permite entender la formación de sociedades especializadas en su estudio y rehabilitación.

Un hombre en el que se concentraron estas tendencias fue Francisco Belmar, principal animador del proyecto de crear una agrupación consagrada al estudio y a la regeneración de los grupos indígenas del país. Francisco Belmar (1854-1915) fue originario de Tlaxiaco [Mixteca Alta], Oaxaca. […] Estuvo estrechamente vinculado a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, de la que fue secretario, y se mantuvo una relación durable con el grupo de científicos sociales -lingüístas, antropólogos y etnólogos- que integraron la sección de investigación del Museo Nacional en el último tercio del siglo XIX.[38]

La Sociedad Indianista Mexicana, según los antropólogos Juan Comas y el propio Guillermo Bonfil Batalla, tiene un destacado papel como precursora del movimiento intelectual indigenista que se desarrolló bajo el auspicio de Manuel Gamio durante la primera mitad del siglo XX, el cual, sin duda alguna, se revitaliza en nuestros días.[39]

Así pues, podemos señalar que tanto para Castellanos como para Francisco Belmar, lo mexicano se escapa, se volatiza si no se incluye abiertamente la herencia cultural mesoamericana. Una verdadera literatura, historia y filosofía de lo mexicano tendrá que incluirla. De otro modo, seguiremos siendo un remedo literario, filosófico, etc., de Europa y Estados Unidos: “Nosotros propendemos a la imitación. Somos amigos de la imitación constante, sin regla y sin norte […] Lo mismo en la escuela que en cualquier género de conocimiento;”[40] por otro lado, no podemos estar aislados del mundo, empero la forma en que debe procederse es por adopción y adaptación, mas no debe prohijarse a ciegas, sino aquello que convenga y convenza. La adaptación a nuestro medio no debe hacerse “sin criterio alguno”; incluso, la misma adopción debe regirse por criterios que la propia realidad exija, de ahí que: “los principios que sean buenos, adoptarlos”, pero “no imitemos, escojamos los principios. Tomemos la idea para amoldarla al espíritu que tenemos en nuestra sangre. La imitación nos llevará al fracaso”.[41]

Asimilar sería la tesis de Castellanos, tal como lo postularían las corrientes de lo mexicano y lo latinoamericano que nacieran entre la década de los 30 y 40 del siglo pasado, teniendo en México representantes como Samuel Ramos y Leopoldo Zea, entre otros.

Tampoco lo únicamente mestizo y criollo conforma lo mexicano; es tan solo una parte, un aspecto. Además, todo indica que vivimos de prestado: nuestros ensayos filosóficos al igual que “nuestros ensayos literarios presentes, son más hispanos y franceses [alemanes y norteamericanos] que mexicanos. Los productores, talentos de más o menos fuerza porque no ha despertado el genio nacional”;[42] pero el genio propio base de toda filosofía, de toda literatura existe, tan sólo habrá que mostrarlo. ¿Cómo? Volviendo los ojos a esa otra parte negada de nosotros y por nosotros mismos: lo mesoamericano y lo indígena americano. Incluyendo no excluyendo; la afloración exuberante del genio nacional estribaría en la asunción seria de la diversidad en la unidad; sólo hasta entonces el genio filosófico al igual que el literario, artístico en general, científico… emergerán florecientes, lozanos y no entecos. ¿Cómo lograrlo? seguiría siendo la pregunta. Abraham Castellanos diría que siguiendo ciertos criterios o principios generales al menos:

PRIMERA.- Estudiar a fondo la teogonía indígena, en las crónicas, en los códices y en los monumentos [arqueológicos].

SEGUNDA.- Estudiar el modo de sentir, pensar y querer de las razas actuales analizando las lenguas indias.

TERCERA.- hacer la selección folklorista, es decir, recoger en toda su pureza los cantos, las leyendas, la música de las razas actuales.

CUARTA.- Distinguir las épocas de nuestra vida histórica antigua y contemporánea acomodando los sucesos al carácter propio que se revela en cada época.[43]

Tales reglas afincarían la base de la filosofía y la cultura nacional; sólo entonces, afirmó categórico Castellanos, “cuando hallamos comprendido las hermosas concepciones de nuestros antepasados, entonces señores iremos rectamente en busca del “alma nacional””.[44]

En cuanto a lo filosófico se evitarían modas filosóficas, en otras palabras, a la espera de lo que se piensa en otra parte del mundo para traducirlo, repetirlo y ya pasado el fervor, estar pendientes de nueva cuenta; y aunque somos parte, filosóficamente hablando de Europa, sin embargo se va casi siempre a la zaga y por lo general nos quedamos en la repetición de tal o cual personaje, de ésta o aquella corriente filosófica. La auténtica filosofía mexicana y latinoamericana tendrá que partir de sus fuentes prístinas: Lo mestizo y lo indígena, aunado a lo criollo y lo negro, constituyentes de una unidad diversa; pero en palabras de Castellanos al igual que de Bonfil Batalla, lo indígena, y de entre este lo mesoamericano, será el sustrato. La visión filosófica mestiza y/o criolla llámesele de lo mexicano o latinoamericano, nació y creció incompleta y por lo mismo endeble; sólo se fortificará si incluye abiertamente lo autóctono americano.

  1. La importancia de lo indígena para la autenticidad de la filosofía latinoamericana

Es de entenderse que el filosofar mestizo y/o criollo de lo mexicano y latinoamericano tiene una explicación histórica, pero en nuestros días el quehacer filosófico deberá dar un viraje incluyendo el trasfondo autóctono americano, pues solo así, existe la posibilidad de que lo literario y lo filosófico se fortalezcan convirtiéndose “en rica fuente de originalidad y grandeza”.[45]

        “Integración de América Latina” de Jorge González Camarena

Algunos filósofos latinoamericanistas como Leopoldo Zea, dirían, a manera de ejemplo, que habría que filosofar sin preocupación si hay originalidad o no, pues lo mexicano y lo latinoamericano característicos se darían por añadidura;[46] la postura de Castellanos pondría en duda el carácter mexicano y/o latinoamericano si no se involucra desde el origen mismo del filosofar lo complejo de la diversidad cultural mexicana y del subcontinente, puesto que solo aparecería en ese supuesto mexicano solo uno o dos aspectos: el mestizo y el criollo, faltando notoriamente la raíz indígena que, aunque pudiera estar presente en lo mestizo, sin embargo este último no lo abarca completo. “Nuestro proceso filosófico”, como afirma una autora peruana, “visto desde la problemática indígena, evidencia que no ha podido lograrse todavía, a través de la reflexión, una síntesis cultural armoniosa que exprese los legados culturales indígena y occidental”.[47] Así pues, no está de más plantearse la siguiente cuestión: ¿Lo mestizo y lo criollo y su producción filosófica y su talento afiliado a las distintas escuelas extranjeras, todo este conjunto, tienen bastantes elementos como para justificar la existencia de una filosofía nacional? No definitivamente.

Nuestra filosofía en general, ha seguido escuelas y personajes europeos o norteamericanos y ha asumido una actitud de ir tras las novedades filosóficas; pero por otro lado, los llamados latinoamericanistas han trabajado fundamentalmente desde un filosofar, se reitera, mestizo y criollo, de ahí también su limitación, aunque quizás menos grave que la de aquellos catcheres filosóficos de los cuales están llenas nuestras facultades de filosofía en América Latina; por supuesto, esto no quiere decir  que deba rechazarse de antemano toda filosofía externa, sino que debe ser bienvenida toda manifestación de pensamiento filosófico exógeno, mas no trocarse en serviciales de los mismos, además de que, culturalmente  somos también Occidente, pero con matiz cultural propio. Así pues, la filosofía mexicana estaría todavía por hacerse, una filosofía auténtica nacional estaría por acaecer.

¿Cómo impregnarle lo mexicano  y latinoamericano a nuestra filosofía? Precisamente hablando de las dos partes fundamentadoras: lo español-europeo y lo autóctono americano (unido a lo negro). Lo autóctono americano estriba en: estudiar los idiomas escritos y hablados, interpretar su simbología, estudiar sus sistemas teogónicos y cosmogónicos, su cosmología, en comprender su estética y su ética, su comunalidad como visión del mundo y cosmovisión, etc., sólo así será posible, se reitera una vez más, una  filosofía auténtica de lo mexicano y latinoamericano.

* Ignacio Ortiz Castro es licenciado y maestro en Filosofía, así como doctor en Estudios Latinoamericanos en el área de Filosofía e Historia de las Ideas en Latinoamérica, títulos otorgados por la Facultad de Filosofía de la UNAM. Actualmente es Profesor-Investigador de Tiempo Completo del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Tecnológica de la Mixteca, Mixteca Oaxaqueña, México. Autor del libro: Entre el idilio y la nación: Atonaltzin y Xochiquetzal. Leyenda mixteco-chocholteca (2006). Coeditor de seis libros en torno a la cultura mixteca, publicados por la UTM, productos de su participación como miembro coordinador del evento anual: Semana de la Cultura Mixteca: Presencias de la cultura mixteca (2002); La tierra del sol y de la lluviaPersonajes e instituciones del pueblo mixteco (2004); Pasado y presente de la cultura mixteca (2005), Ñuu Savi. La patria mixteca (2006) y Raíces mixtecas (2007).

[1] Abraham Castellanos, El rey Iukano y los hombres de oriente. Leyenda indígena inspirada en los restos del “Códice Colombino”, p. 3. México, D. F., A. Carranza e Hijos, Impresores, 1910.

[2] Al menos, tal preocupación la encontramos expresada claramente en 4 intelectuales de la Mixteca Oaxaqueña de finales del siglo XIX y principios del XX: Abraham Castellanos Coronado, Mariano López Ruiz, Francisco Belmar y Manuel Martínez Gracida. Me circunscribo a la parte oaxaqueña, sin tocar posibles intelectuales de la Mixteca Guerrerense y Mixteca Poblana.

[3] Abraham Castellanos fue discípulo preferido y distinguido del pedagogo suizo Enrique C. Rébsamen. Castellanos, unas veces solo y otras en compañía de Rébsamen, rediseña la educación en algunos estados de la República Mexicana, con base en la filosofía educativa del “Método Rébsamen”. Por ser tan importante Enrique Conrado Rébsamen en la historia de la pedagogía y la educación en México, omito voluntariamente referencia biográfica sobre dicho personaje.

[4] Abraham Castellanos. El Rey Iukano y los hombres de oriente. Leyenda indígena inspirada…, p. 4.

[5] Idem.

[6] Taa: señor; ni: marcador de tiempo, crecer en saber; wisi: color, pintura, dibujo; taku: papel. Se traduciría como señor que aprendió a expresarse sobre papel (equivale al tlacuilo  náhuatl).

[7] Afortunadamente para el pueblo mixteco, algunos códices precoloniales se salvaron de la destrucción y el saqueo colonial; aunque fuera del territorio y ubicados la mayoría en el extranjero, tales escritos son testimonios auténticos de su historia, cosmovisión, etc.; suerte que no tuvieron otras culturas en Latinoamérica.

[8] Abraham Castellanos, “Séptimo discurso. El problema de la raza indígena. Su primer libro de lectura” (Pronunciado en el Primer Congreso de la “Sociedad Indianista” el día 31 de octubre de 1910), Discursos a la Nación Mexicana sobre educación nacional, pp. 69-70. México, Librería de Ch. Bouret, 1913.

[9] Ibídem, pp. 70-71.

[10] Castellanos no era ajeno intelectualmente a la cultura indígena del subcontinente, de ahí su participación al menos en el XVII Congreso Internacional de Americanistas, celebrado en septiembre de 1910 en la Ciudad de México, donde presentó la conferencia “El rayo de luz y la cronología indiana”.

[11] Abraham Castellanos, “Séptimo discurso. El problema de la raza indígena. Su primer libro de lectura” (Pronunciado en el Primer Congreso de la “Sociedad Indianista” el día 31 de octubre de 1910), Discursos a la nación Mexicana sobre educación nacional, p. 71. Las cursivas son mías.

[12] Josef Estermann, Filosofía andina. Estudio intercultural de la sabiduría autóctona andina, pp.177-78. Ecuador, Edicones Abya-Yala, 1998.

[13] Véase por ejemplo las obras de Carlos Lenkersdorf: Filosofar en clave tojolobal, México, Miguel Ángel Porrúa, 2002, 275 pp. Los hombres verdaderos. Voces y testimonios Tojolobales, México, UNAM-Siglo XXI, 1996, 165 pp.

[14] Abraham Catellanos, Al caer el sol (Desde mi celda). Teogonías mexicanas dedicadas a la niñez, a los maestros a los artistas, p. 151. México, Imprenta de A. Carranza e Hijos, 1914.

[15] Ibídem, p. 158.

[16] Véase: Raúl Fornet-Betancourt, “Reflexión y crítica”, Supuestos, límites y alcances de la filosofía intercultural, (http://www.ciudadredonda.org/filósofo/artículos/reflexión2001_01.pdf),  p. 5.

[17] Idem.

[18] Guillermo Enríquez, “La filosofía andina desde la posmodernidad hasta la globalización”, http://www.pucp.edu.pe/eventos/congresos/filosofía/programa_general/jueves/sesion16.45-18./EnríquezGuillermo.pdf, p. 8.

[19] Abraham Castellanos, El Rey Iukano y los hombres de oriente. Leyenda indígena inspirada”…, p. 70. Se refiere a su ya para entonces fallecida hermana Emilia Castellanos, quien lo acompañaba en su viajes de exploración y estudio tanto en las zonas arqueológicas de Monte Albán y Mitla como en las poblaciones mixtecas.

[20] Ñuu: pueblo; savi: lluvia;  Pueblo de la Lluvia o Mixteca.

[21] Abraham Castellanos, El Rey Iukano y los hombres de oriente. Leyenda inspirada…, p. 7.

[22] Abraham Castellanos, Conferencias histórico-pegógicas (Primera conferencia -enero de 1917-), p. 7.

[23] Idem.

[24] Abraham Castellanos, “Décimo discurso. Fines de la escuela normal veracruzana” (Pronunciado al celebrarse las bodas de plata de la Escuela Normal Veracruzana, el día 2 de diciembre de 1911. Homenaje al patriota General Juan de la Luz Enríquez y al Maestro Rébsamen), Discursos a la Nación Mexicana sobre educación nacional, p.101.

[25] Idem.

[26] Abraham Castellanos, El Rey Iukano y los hombres de oriente. Leyenda inspirada…,  p. 4.

[27] Ibídem, p. 4-5. Negritas mías.

[28] De ahí que el Maestro Castellanos recorriera su mundo ñuu savi pero además otros: el maya, purépecha, zapoteco, huichol, etc., trabajando como pedagogo, profesor e investigador en Michoacán, Veracruz, Oaxaca, Yucatán, Nayarit, Querétaro, D. F., e  Hidalgo.

[29] Abraham Castellanos, El Rey Iukano y los hombres de oriente. Leyenda indígena inspirada”…, p. 8.

[30] Ibídem, p. 8, 9.

[31] Ibídem, p. 9.

[32] Véase: Abraham Castellanos, “Segundo discurso. Importancia de la escuela normal mexicana” (Pronunciado en la Escuela Normal de México el 24 de octubre de 1908), Discursos a la Nación Mexicana sobre Educación Nacional, p. 30.

[33] Cfr., Abraham Castellanos, “Segundo discurso. Importancia de la escuela normal mexicana (pronunciado en la Escuela Normal de México el 24 de octubre de 1908)”, Discursos a la Nación Mexicana sobre Educación Nacional, pp. 28-30.

[34] Abraham Castellanos, “Séptimo discurso. El problema de la raza indígena. Su primer libro de lectura” (pronunciado en el Primer Congreso de la Sociedad Indigenista el día 31 de octubre de 1910), Discursos a la Nación Mexicana sobre la Educación Nacional, p. 71.

[35] Abraham Castellanos, “Undécimo discurso. La literatura indiana. A los literatos mexicanos”  (Diciembre de 1911. A la memoria del Maestro Altamirano), Discursos a la Nación Mexicana sobre Educación Nacional, p. 105. Desde luego, Castellanos no ignora la negritud presente de modo preponderante en la Mixteca de la Costa (está ubicada entre Guerrero y Oaxaca y también se la conoce como Costa Chica) como en ningún otro lugar de México.

[36] Ibídem, p. 108-109.

[37] Ignacio Ortiz Castro, “Abraham Castellanos: Vigencia de su filosofía de la cultura y la educación”, La Tierra del sol y de la lluvia”, p. 158. Universidad Tecnológica de la Mixteca, Oaxaca, México, 2003.

[38] Beatriz Urías Horcasitas, “Etnología y filantropía. Las propuestas de “regeneración” para indios de la Sociedad Indianista Mexicana, 1910-1914”, Modernidad, tradición y alteridad. La ciudad de México en el cambio del siglo (XIX-XX), México, IIH-UNAM, 2002, p. 225.

[39] Ibídem, p. 221.

[40] Abraham Castellanos,  “Las escuelas alemanas y su adaptación al medio”, Conferencias histórico-pedagógicas, p. 88.

[41] Ibídem, p. 91.

[42] Abraham Castellanos, “Undécimo discurso. La literatura indiana. A los literatos mexicanos” (Diciembre de 1911. A la memoria del Maestro Altamirano), Discursos a la Nación Mexicana sobre la eduación nacional, pp. 117-18.

[43] Ibídem, p. 126.

[44] Abraham Castellanos, Conferencias histórico-pedagógicas”, p. 20.

[45] Abraham Castellanos, “Undécimo discurso. La literatura indiana. A los literatos mexicanos (Diciembre de 1911. A la memoria del Maestro Altamirano), Discursos a la Nación Mexicana sobre la educación nacional, p. 126.

[46] Véase: Leopoldo Zea, “II La filosofía como originalidad”, La filosofía americana como filosofía sin más, pp. 32-56. México, Siglo Veintiuno Editores, S. A., 1977.

[47] Maria Luisa Rivara de Tuesta, “Filosofía, ideología y doctrina en la reflexión latinoamericana”,  ponencia, Universidad de San Marcos, Lima, julio de 2001, 5 pp.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Muy interesante, si lo graban en formato MP3 (cualquier celular graba en este formato), con gusto lo transmitiremos en las 2 emisoras de radiosofando http://www.radiosofando.com y http://www.radiosofando.com.mx

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