La décima musa: vanguardista en favor de los derechos de la mujer

Por: Lourdes Velázquez*

En el día internacional de la mujer resulta significativo recordar a las valiosas mujeres que han tenido un papel destacado en la historia de nuestro país y que son muchas, muchísimas diría yo, pero que desafortunadamente solemos olvidar, entre otras razones porque su personalidad no encaja con el prototipo de la mujer mexicana que se nos impone, o nos gusta tener. Ya que normalmente cuando alguien piensa en la mujer mexicana, se tiene la idea de la hembra del macho, ya que prevalece la imagen de la esposa sumisa que se limita a alimentar a su hombre, atender el hogar, saciar sus apetitos sexuales y tener hijos. Una posición casi de víctima. Sin embargo, cuando se hace un recorrido a través de la historia de nuestro país, nos encontramos con un buen número de luminarias femeninas; algunas, ciertamente encarnando la figura de la mujer invisible, la que permanece atrás del hombre “grande” y desde el anonimato hace posible la gloria para él como podría ser el caso de Margarita Maza que fue el sustento de la fortaleza de Juárez o la esposa del enemigo de este, Conchita Lombardo de Miramón. Pero hay muchas otras (y no son pocas que han sido capaces de emprender abiertamente la lucha, siendo actoras directas en la Guerra de Independencia, por ejemplo: Josefa Ortiz de Domínguez y Leona Vicario o que enarbolaron banderas, como Carmen Serdán que se unió al movimiento anti reeleccionista con el mismo ardor que sus hermanos, al igual que muchas “adelitas” que han quedado en el anonimato pero que siguieron a sus hombres durante la Revolución y otras tantas reivindicadoras de causas, como lo fue en el periodo postrevolucionario, mi admirada, Antonieta Rivas Mercado, para muchos desconocida, pero que fue quien impulsó el arte, la cultura y la política de nuestra patria hacia una nueva era. Sin dejar de mencionar a Frida Kahlo que merece ser tratada aparte y lo haremos en una próxima columna de Toltecáyotl… prometido.

Pues bien, todas ellas y no solo, son ejemplos de mujeres que no agacharon la cabeza y mostraron su valentía ante toda clase de adversidades, al igual que Sor Juana que tuvo que hacer frente a la misoginia de su época. Y no fue solo ella ya que como anteriormente, lo mencionamos nuestra historia   es rica de ejemplos de damas que al igual que la “musa virreinal”, no renunciaron a ninguna de las condiciones de su sexo y se asumieron como un género único: el humano, sin detrimento de la esencia femenina. Muchas de ellas fueron compañeras, esposas o amantes, trajeron hijos al mundo y, al mismo tiempo, cumplieron misiones y fueron figuras históricas.

En la época de la Colonia, sin duda la más representativa lo fue, Sor Juana, la monja que utilizó el claustro como santuario del intelecto.

Acerca de ella se han escrito centenares de libros, ensayos, novelas, etc.… Ya que un sin número de biógrafos, historiadores, poetas, novelistas y admiradores de México y el extranjero han intentado profundizar en su obra e indagar sobre los enigmas de su vida. Y no han sido poco los políticos que han utilizado su figura, inventando homenajes, premios, medallas y aprovechando su nombre en sus superfluos discursos. Pero si uno se esforzará en leer al menos una parte de lo que ha sido publicado acerca de la Décima Musa se daría cuenta que muchas son novelas sin ningún fundamento de tipo histórico en la que se presentan afirmaciones e hipótesis que seguramente provocarían la risa o hasta las carcajadas de Sor Juana, si esta pudiera leerlos. Ya que varios estudiosos han querido ver misterios donde no los hay o de descifrar supuestos enigmas. Prueba de ello es que la mayoría de los autores cuando escriben sobre de ella usan términos como: quizás, tal vez, se cree, es posible, puede ser que Sor Juana debió ser… es decir, de nada tienen certeza y hacen una hermenéutica de su obra, la gran mayoría de las veces sin bases para ello. Es verdad que ya nadie podemos entrevistarla, ni cuestionarla directamente, pero me pregunto, aun si estuviera viva ¿valdría la pena preguntarle lo que está ahí, en los poemas y muchos escritos que su mente, alma y corazón le dictaron y que nos dejó como herencia? ¡No hay enigmas! Sor Juana es su obra: sus palabras, su amor más elevado, la contienen sin más. A través de ellas desveló secretos de su propia alma, pero también visos del alma de la humanidad. Incluso en su obra que titulo: Enigmas ofrecidos a la casa del placer impreso en 1695[1] no hay misterios, ni incógnitas. Como bien dice Javier García González, en su precioso libro: Los 20 enigmas de Sor Juana Inés de la Cruz descifrados, y que confirmaría mi hipótesis “en los enigmas Sor Juana comprende su vastísima cultura, su experiencia de la vida, su ingenio y su arte de poetizar; es decir, son una cifra de su vida”[2]

Sor Juana, Carta Atenagórica I.jpg

Por las circunstancias de su vida y la multiplicidad de sus intereses, fue incansable escritora; ningún tema le fue ajeno y de su pluma salió todo tipo de textos: prosa y verso, lirica profana o de tema religioso, comedia, teatro, auto sacramental y hasta recetas de cocina. La brevedad de la vida, el tiempo, el amor y el desencanto son algunos de los temas presentes en su obra, los cuales, elaborados por una monja en magistrales composiciones poéticas, fueron motivo de escándalo y propiciaron la aparición de sombras que terminaron por quebrantar el espíritu de la poeta novohispana.[3]

No quiero repetir por enésima vez lo que ya de ella “oficialmente” se sabe, que nació un 12 de noviembre de 1651 (en realidad el año no ha sido plenamente especificado por la historia) en San Miguel Nepantla, Edo. de México, que fue bautizada como Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana ¿Hija legítima o ilegitima? ¿Qué más da? Lo importante es que aprendió a leer a los tres años y a partir de entonces se sintió invadida por un impresionante deseo de conocimiento. Tuvo acceso a la biblioteca de su abuelo. Y fue en ella donde pudo vislumbrar, tal vez, el curso fatal de su destino ya que su condición de mujer le impedía asistir a las aulas, teniendo que consolarse con los libros. Más tarde escribiría: “Cuán duro es estudiar en aquellos caracteres sin alma, careciendo de la voz viva y explicación del maestro”[4]. Fue una mujer de una inteligencia inquieta, dueña de una gran memoria y una extraordinaria cultura. En su autobiografía, Sor Juana pasó bruscamente de su infancia a su ingreso en el convento. De ese modo omitió 10 años que el premio Nobel de literatura Octavio Paz, considera los más importantes en la vida del “Fénix de México”. Por el padre Daniel Calleja, biógrafo y contemporáneo suyo, se sabe que fue poetisa oficial de la corte, donde entró con título de muy querida de la señora virreina.[5] Era muy apreciada y requerida por virreyes y virreinas que acudían a ella a menudo para diversos menesteres haciéndose acreedora de su mecenazgo. A los 16 años decidió hacerse monja. Años más tarde es ella quien da su verdad de esta importante decisión: “Entré de religiosa, porque aunque conocía que tenía el estado cosas, muchas repugnantes a mi genio, con todo, para la total negación que tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir…”.[6] Por lo anterior resulta evidente que su decisión no fue seguramente un acto de veneración, sino de rebelión: “los negros hábitos monásticos la vestirían no como la monja, sino como la mujer que por su derecho al desarrollo intelectual no se permitiría ser esclavizada por el sexo masculino ni vería sus habilidades reducidas a la cocina, los hijos y el hogar”.[7]

Sea cuales fueran la razón o las razones de su decisión, al inicio tuvo la fortuna de que fray Payo Enríquez de Ribera le permitiera vivir rodeada de sus amados libros y también poder dedicar la mayor parte de su tiempo a la lectura y escritura que a la oración y obligaciones conventuales.

Su condición de mujer e intelectual le ocasionó muchos conflictos. ¡En esa época tantas cosas eran prohibidas! Someterse a la voluntad del sexo opuesto, ser poco sabias y muy calladas era lo esencial. Por lo que tuvo que enfrentarse a múltiples ataques productos de la envidia de hombres mediocres que no veían en sus obras más que el resultado de la vanidad de una mujer que por serlo estaba condenada a la oscuridad del pensamiento. Para la sociedad virreinal del S.XVII eminentemente masculina, Sor Juana era una manifestación casi diabólica, por inusual.

Pero también es cierto que si no hubiera sido mujer y no hubiera encontrado en su camino personajes tan perversos como Antonio Núñez de Miranda y Francisco Aguilar (por mencionar algunos), quizá sus palabras no habrían tenido el poder necesario para sobrevivir en el tiempo. Porque no dudo en afirmar que fueron precisamente sus enemigos y censores quienes fortalecieron su talento. No olvidemos que las letras se hacen más intensas con las amenazas ya que las dificultades nos dan temple y firmeza. La historia nos enseña que son los grandes retos los que convierten lo imposible en obras de arte. Y fue así que para poder dar una respuesta a sus enemigos, aprendió a decir lo indecible y a ser sumamente sutil para revertir los ataques y no ser acusada de nada. Incluso podemos decir sin temor a equivocarnos que: ” La respuesta a Sor Filotea de la Cruz” es el primer documento en el que se ponen de manifiesto los derechos de una mujer a ascender a los terrenos de la ciencia y la cultura.

Importante fue también, como lo hemos ya señalado, su estrecha relación en la corte, con las esposas de los virreyes, en especial con su amiga María Luisa, condesa de Paredes ya que gracias a ella la obra de Sor Juana fue publicada en España, primero en Madrid y posteriormente en Sevilla. Pero todo esto la gran mayoría de los mexicanos lo sabemos. Ya que Sor Juana forma parte de los cánones de la obligada cultura oficial. Desde su primer biógrafo, Diego de Calleja hasta Octavio Paz, pasando por Margarita López Portillo entre otros, la han idealizado y dado una importancia para algunos inmerecida, análoga a la que se le ha dado en otro aspecto a Frida Kahlo. Y sin duda es una figura capital no solo de las letras novohispanas, sino de toda la literatura mexicana. Su obra está casi toda escrita en verso rimado, que manejaba con una habilidad y elegancia poco comunes, de acuerdo con el estilo de su tiempo que era el barroco. El barroco como estilo literario tenía 2 modalidades: el conceptismo y el culteranismo, también llamado gongorismo debido a que su máximo representante era Luis de Góngora y Argote. Sor Juana pertenecía a esta última, es decir al gongorismo. Carlos de Sigüenza (sobrino de Góngora) no solo era contemporáneo sino también gran amigo de Sor Juana y ambos con su trabajo intelectual, así como con el enfoque que le dan a la Filosofía, dominan el panorama cultural de las últimas décadas del S.XVII en la Nueva España e inician lo que debía ser, en el siguiente siglo, el movimiento más serio en la Filosofía Mexicana, sobre todo en lo relativo al tema de que las ciencias naturales se estudien por separado de la Filosofia y de acuerdo con sus propios métodos.

Este logro, más el hecho de que se le llegará a comparar con Góngora y Quevedo le valió ser considerada ¡La más importante figura de esta corriente literaria, la mujer que más brillo ha dado a las letras mexicanas! Por que como lo hemos ya señalado pocos fueron los temas que le fueron ajenos. En lo personal, de toda su obra, lo que a mi juicio me resulta más interesante es su producción poética y dentro de ésta resaltaría tres tipos de textos:

1) El Primer Sueño, extenso poema que ha sido considerado con mucha razón, la obra maestra de Sor Juana y en el que se encuentra plasmado su pensamiento filosófico.

2) Los sonetos de amor, que marcan el punto diametralmente opuesto al Primer sueño por su filiación netamente humana. acercan a Sor Juana al terreno de las pasiones humanas: los celos, el sufrimiento ante el amor no correspondido, el odio, la dependencia amorosa, el amor culpable en diferentes formas; todos, en fin efectos de un amor que alejándose de lo divino sumergen al alma en un mar de sensaciones.

3) Las famosas redondillas, que se han tomado como modelo y bandera de los derechos de la mujer en el terreno emocional. Y que colocan a la Décima Musa a la vanguardia de las corrientes contemporáneas en favor de los derechos de la mujer porque en ellas se denuncia la frivolidad con la que el hombre juzga la conducta de la mujer cuando esa conducta ha sido propiciada y conducida por él mismo, dicho en palabras a la manera de Sor Juana censura a los hombres que acusan en las mujeres lo que ellos mismos causan.

Por lo que con tales afirmaciones, serían muy pocas las personas que se atreverían a admitir en público que no la han leído, ya que serían inmediatamente catalogadas de incultas y se sentirían apenadas y ridículas.

Pero ahora que están tan de moda las encuestas, habría que preguntar en las calles, en las escuelas, en los cafés, incluso en internet si las personas saben en realidad quién fue Sor Juana. Y como habíamos señalado casi todos dirán que sí, pero de saberlo, ¿habrán leído alguno de sus poemas? Además del muy conocido “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis…”, ¿serían capaces de recitar alguna otra redondilla o acaso pueden mencionar títulos de romances o villancicos? Esto es lo realmente importante. Estoy segura que Sor Juana hubiera preferido que sus compatriotas conociéramos de memoria alguno de sus versos, aunque los intelectuales no le dedicaran tantas páginas. Que hiciéramos nuestros sus versos y que alguno de sus sonetos pudiéramos, sin más recitárselos al ser amado, haciéndolos nuestros.

Óyeme con los ojos,
ya que están tan distantes los oídos,
y de ausentes enojos,
en ecos, de mi pluma mis gemidos;
y ya que a ti no llega mi voz ruda,
óyeme sordo, pues me quejo muda

o este otro

Yo no puedo tenerte ni dejarte,
ni sé por qué, al dejarte o al tenerte,
se encuentra un no sé qué para quererte
y muchos sí sé que para olvidarte[8]

Como conclusión diremos que otra de las versiones que conciernen a la Décima Musa, es la referente a su muerte, ya que en la escuela se no ha enseñado que la causa fue la peste. Pero en realidad no, no fue esa la verdadera razón que la llevo a la muerte, sino “una agresiva mutilación de su alma”, como la ha llamado Beatriz Rivas. Fueron las palabras que le hicieron escribir y firmar con su propia sangre, un 5 de marzo de 1694. En las que se comprometía a abandonar la búsqueda de la sabiduría, a dejar los escritos supuestamente profanos para poder dedicarse en cuerpo y alma, a la vida conventual. La obligaron a pedir perdón por haber dudado de los dogmas de fe y por haber ofendido a Dios. Y eso no fue todo ya que el trago más amargo, seguramente lo tuvo, el día en que entraron a su celda para incautar sus amados libros, en total más de cuatro mil volúmenes. No resulta difícil imaginar lo desamparada y desahuciada que debió haberse sentido. Muy probablemente nunca en su vida habría probado un dolor tan grande, apenas sobrevivió un año a esta “su tragedia” ya que las fuerzas y las ganas de seguir viviendo la abandonaron.

Falleciendo el 17 de abril de 1695. “Tras la muerte de la monja jerónima el gusto barroco cayó en desuso, y su figura quedó relegada como simple extrañeza legendaria. Los dos siglos siguientes empolvaron sus obras. No es extraño, pues, que sobre la personalidad más atractiva de nuestra historia colonial existan más dudas que certezas”.[9] Sería pues esta una breve síntesis de la vida y obra de Sor Juana análoga, quizá a las que se pueden encontrar en las muchas páginas que sobre ella se han escrito, pero las incógnitas que hay detrás del barroquismo de su ser y de su escritura van apenas resolviéndose. Porque no existe dentro de la literatura española ninguna figura tan conocida y enigmática a la vez como Sor Juana Inés de la Cruz. Idealizada muchas veces, criticada fuertemente otras, pero al fin y al cabo una mujer…una gran mujer de indiscutible talento e inteligencia privilegiada.

[1] Cruz, Sor Juana Inés de la, Enigmas ofrecidos a la Casa del Placer, edición y estudio de Antonio Alatorre, México, El Colegio de México, 1994.

[2] García González, Javier. Los 20 enigmas de Sor Juana Inés de la Cruz descifrados, ed. del Consejo Publico del Estado de México, 2014, p.13.

[3] Cfr. Alatorre, Antonio. Sor Juana a través de los siglos. México: El Colegio de México – El Colegio Nacional – UNAM, 2007, p. 17.

[4] López Portillo, Margarita, Estampas de Sor Juana Inés de la Cruz. Cit. Respuesta a Sor Filotea de la Cruz. Burguera, Mexicana de Ediciones, S.A., México 1979, p. 180.

[5] Paz, Octavio, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. México: Fondo de Cultura Económica, 1982.

[6] Cruz, sor Juana Inés de la, Obras Completas, ed. intr. y notas de Antonio Alatorre, México, FCE, 2009.

[7] Cfr. Mauleón de Héctor, “Sor Juana, la poeta que debió callar”. En Mujeres que dejaron huellas. Revista Contenido, 2do. Tomo, México, 1998, p. 8.

[8] Cfr. Cruz, Sor Juana Inés de la, cita en Op.cit. López Portillo, Margarita. p. 238.

[9] Ibid. Mauleón de Héctor p.9

* Lourdes Velázquez es Licenciada en Filosofía por la Universidad La Salle (México) y Doctora en Filosofía por l Universidad de Génova (Italia), con mención honorífica.

Fuente: Carta de México.

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