La noche en “El sueño” de Sor Juana Inés de la Cruz

Por Iris Yadel Chávez Romero                                                                                   

Llamado El sueño o también nombrado como Primero sueño, este extenso poema escrito durante la época del Barroco en La Nueva España, nos describe un viaje realizado por el alma, una noche mientras el cuerpo se encontraba durmiendo. Este viaje es visualizado como un método que tiene el único afán de deseo del conocimiento. Como podemos notar, este viaje del alma se da en un estado en el cual el cuerpo permanece suspendido y parece casi muerto (estar dormido), pero no en cualquier momento, pues para Sor Juana, nuestra autora, el hombre duerme cuando la noche se hace presente y se coloca como regidora del universo.

            Es de suma importancia analizar el papel que tiene la noche, pues es durante este periodo cuando sucede nuestro poema, es durante este tiempo cuando el alma se desprende de la masa corporal mientras se realiza el sueño, es durante la noche cuando, mediante la liberación, cabe la posibilidad de conocer, entonces ¿Cuál es el papel que juega la noche en este poema? ¿Es acaso la noche la protagonista de este poema y no el alma o Sor Juana misma? ¿La noche será determinación insuperable?

La noche, la determinación de la naturaleza y el sueño del hombre.

Una sombra funesta que parece apoderarse de la tierra encaminándose hacia el cielo, esa es la noche y el principio de nuestro poema.

            Al principio nos es relatada la llegada de la noche y con ella, de manera inmediata, también llega el sueño, el cuerpo humano se siente soñoliento y el organismo comienza a reposar.

José Pascual Buxó en Sor Juana Inés de la Cruz: amor y conocimiento[1], presenta a la noche como aquella “figura cuyo difundido simbolismo le permitirá [a Sor Juana] ir fijando el carácter confuso, irracional y perverso del mundo sublunar y, sucesivamente, el sosiego de los elementos naturales y el sueño profundo que, liberando al entendimiento humano de sus ataduras corporales, le dispondrán la soñada aventura del ‘conocimiento posible’”[2]   Con el aposento de la noche  “duermen los cuerpos. Es una ley a la que nadie escapa.[3]” Con el cuerpo dormido y los humores transitando, el desprendimiento del alma comienza, el cuerpo, cual cárcel que mantiene prisionera al alma, cae encantado en un estado mortuorio.

            Octavio Paz en Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe[4], nos dice que la tradición de concebir al cuerpo dormido como “un estado próximo al de la muerte[5]” no es una novedad en Sor Juana pues Lupercio Leonardo de Argensola en un soneto describe al sueño de manera negativa diciendo que es “imagen espantosa de la muerte.” En contraste, Sor Juana no le teme a esa imagen mortuoria, basta recordar las letras de la poetisa:

El cuerpo siendo en sosegada calma

un cadáver con alma

muerto a la vida y a la muerte vivo.[6]

Entonces, “el cuerpo cae en un pesado dormir, el alma despierta, asciende y contempla el universo[7]”.

            Como sabemos la vida de nuestra autora transitó dentro del convento. Nunca debemos olvidar la tradición en la que la poetiza del Barroco escribió sus poemas pues ante todo tienen una ardua influencia escolástica, sí, sabemos que admiraba a las ciencias pero también era hija de su tradición, la cual describe a la muerte física solo como descomposición corporal que permite al alma encaminarse hacia la unión con la primera causa (desde el punto de vista religioso, con Dios).

            La tesis sobre la noche en este poema es la siguiente: se hace presente la noche y por eso es que el ser humano duerme, y cuando duerme, su alma tiene la oportunidad de liberarse de esa cárcel corporal, al dejar a un lado su prisión tiene la anhelada posibilidad de acercarse al conocimiento de la primera causa, sin embargo, no alcanza a comprenderlo todo pues llega el día y ese espíritu viajero tiene que retornar a las carnes que habita. Por lo tanto, la noche determina nuestro grado de conocimiento, sin embargo, la noche es solo una parte de toda la vasta naturaleza, por eso se sigue que la naturaleza determina cuanto conocemos.

            Al respecto, el filósofo Herder nos dice en su libro Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad[8] que la vida humana está determinada pues la “historia general de las ideas” se forma  a partir de las condiciones naturales en las que se encuentra el hombre, estas condiciones están dadas por  la tierra y la relación de la tierra con el cosmos, por eso existe una estrecha e inquebrantable relación del hombre con la naturaleza.

            Quiero decir que me apoyo del filósofo alemán solo para hablar de esa insuperable determinación de la naturaleza, haciéndola  explícita mas no quiero decir que uno y otro estén influenciados por sus escritos. También puedo aventurarme e insistir en que, al igual que el filósofo alemán, la filósofa mexicana está pensando en la naturaleza como ese ser supremo creador omnipotente, claro uno bajo la religión protestante y la otra bajo el cristianismo. Y también por la época, en que la modernidad y la tradición antigua se entremezclan para excluirse o complementarse, donde hasta Descartes, el más escéptico de los modernos de la época, evocan aún un principio y sustento ontológico llamado Dios. Quizá Paz sea mas explícito al respecto cuando dice: “el escepticismo de Sor Juana, como el de tantos desemboca en un fideísmo: la entrega a Dios[9].” Entonces esa naturaleza determinante e insuperable es un ser omnipotente llamado Dios.

 

Conclusión

No quisiera descontextualizar a la poetisa Sor Juana, sin embargo, puedo hablar de una Sor Juana que no es explícitamente determinista pero que se puede valer de una herramienta llamada Dios como el proveedor de las situaciones del mundo, claro, esto siempre y cuando lo leamos desde un punto de vista escolástico. Aun así, podría solo bastarnos con decir, muy al estilo de Herder, que es la naturaleza la que provee al hombre de las herramientas para habitar su mundo y, por lo tanto, que el día y la noche están determinados por esa naturaleza proveedora entonces, quizá, desde una visión muy fatalista, la noche tiene esa justa medida en la cual el alma no puede viajar y conocer todo cuanto le plazca porque llega el día a reinar de nuevo entonces, nunca alcanzaríamos a conocer pues seria la misma naturaleza la que no nos lo permitiría. Por ello, el hombre estaría estrictamente determinado a no conocer totalmente su universo.

            Quizá otra visión, opuesta a la primera, es una visión un poco más optimista; la naturaleza, al ser proveedora, nos ha dado la noche para tener esa posibilidad de dormir y mediante el desprendimiento del alma conocer, quizá nos haya dado solo cierto tiempo de obscuridad para no acceder a todo el conocimiento en una sola noche y de manera contundente, mas bien, la naturaleza nos ha provisto de tal manera que nuestro intelecto avance poco a poco en el camino al conocimiento de la primera causa y entonces, podríamos pensar que entre más años pasan, mi intelecto alcanza a comprender más.

            De cualquier modo, fatalista u optimista, tenemos presente que en este poema, el intelecto tiene la oportunidad de aprehender el conocimiento, no sé si sea o no el suficiente, si baste o no baste, pero finalmente se muestra una actitud firmemente filosófica por parte de la autora, ese anhelo de conocimiento, esa sed de sabiduría: es simplemente el quehacer filosófico, claro, si entendemos filosofía como ese amor a la sabiduría, por lo cual, nuestra, hasta entonces conocida poetiza, se revela en este poema firmemente como una filósofa.

Contacto: chibiusagi_sama@hotmail.com

[1] José Pascual Buxó, Sor Juana Inés de la Cruz: amor y conocimiento, Seminario de Cultura Literaria Novohispana – Instituto de Investigaciones Bibliográficas (UNAM) Dirección General de Asuntos del Personal Académico (UNAM) –Instituto Mexiquense de Cultura, México, 1996.  pág. 139.

[2] Buxó. pág. 139.

[3] Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, México, FCE, col. Lengua y Estudios Literarios, 1982.  Pág. 486.

[4] Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, México, FCE, col. Lengua y Estudios Literarios, 1982.

[5] Paz, pág. 485.

[6] Sor Juana Inés de la Cruz, El sueño, ed., int., prosif. y not. De Alfonso Méndez Plancarte, Coordinación de Humanidades (UNAM), México, 1989. Versos 201-204.

[7] Paz. Pág. 481

[8] Herder. Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad. Trad. directa de J. Rovira Armengol. Losada, Buenos Aires 1959.

[9] Paz, pág. 498.

 

Bibliografía:

  • Herder. “Libros I y II” en Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad. Trad. directa de J. Rovira Armengol. Losada, Buenos Aires 1959.

  • José Pascual Buxó, Sor Juana Inés de la Cruz: amor y conocimiento, Seminario de Cultura Literaria Novohispana – Instituto de Investigaciones Bibliográficas (UNAM) Dirección General de Asuntos del Personal Académico (UNAM) –Instituto Mexiquense de Cultura, México, 1996.

  • Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, México, FCE, col. Lengua y Estudios Literarios, 1982.

  • Sor Juana Inés de la Cruz, El sueño, ed., int., prosif. y not. de Alfonso Méndez Plancarte, Coordinación de Humanidades (UNAM), México, 1989.


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