Clases para abrir los ojos

Por Juan Villoro Vi por primera vez a Enrique González Rojo a mediados de los años setenta, en el Palacio de Bellas Artes. En la oscura cavidad del teatro, observé con detenimiento al poeta: un hombre elegante, con la barba canónica del sabio, concentrado en la música que, a todas luces, comprendía mejor que yo….