El jesuita criollo mexicano: Francisco Javier Clavijero

 Por Monserrat Ríos Reyes

Por su Historia Antigua de México, publicada hace diez años se ha hecho bastante conocido el nombre de este ilustre varón […] un mexicano de tan extraordinario mérito…[1]

Hoy se conmemoran el 284 aniversario del nacimiento de Francisco Javier Clavijero, el jesuita criollo mexicano quien por la defensa que hace de su tierra natal, sería una de los primeros forjadores del nacionalismo mexicano.

Francisco Xavier Clavijero nació el 9 de septiembre del año 1731 en la ciudad de Veracruz. Desde muy pequeño y por la ocupación de su padre, quien era encargado de una parte de la región mixteca, estuvo en contacto directo con los indígenas de esta zona, hecho que le hace conocedor de su cultura y su circunstancia.

Estudió en Puebla gramática, teología y filosofía, de ésta última, años después cuando fuera maestro, se opondría a seguir enseñando el contenido tradicional que hasta entonces imperaba, pues consideraba que era momento de transmitir el pensamiento moderno.

Se dedicó a la teología de tiempo completo, aunque al mismo tiempo ampliaba sus conocimientos en disciplinas como: lenguas, matemáticas, ciencias físicas, historia, artes, música y todo aquello que nutriera su espíritu en las ciencias y las disciplinas liberales. Posteriormente decide dedicarse por completo a la vida religiosa, adentrándose a la Compañía de Jesús el 13 de febrero de 1748, donde continúa desarrollando su intelecto, generando grandes aportes, entre ellos, a las lenguas:

“…hablaba elegantemente como pocos, el español, el latín, y el mexicano; comprendía perfectamente el idioma francés y el portugués y lo escribía sin ninguna dificultad, si bien no le era fácil expresase verbalmente en esas lenguas porque raramente se alcanza el uso oral de un idioma; entendía a los laletanos y a los mallorquinos como si fueran conciudadanos suyos, y podía hablar algo por lo menos con los alemanes, ingleses y otros hombres tanto asiáticos como africanos.” [2]

De las lenguas americanas se le conocen trabajos de traducción a más de 30 lenguas, lo que le sirvió para descifrar muchas de las pinturas de los indios.

Clavijero, Francisco Javier
Ilustración del libro de Juan Luis Maneiro y Manuel Fabri, “Vidas de mexicanos ilustres del siglo XVIII”

Su profundo interés por el conocimiento lo llevo a leer autores de gran nombre y de pensamiento moderno como: Regis Pedro Silvano, Duhanel, Saguens, Purchot, Descartes, Gassendi, Newton, Leibniz, entre otros, que contribuyeron a que tuviera una visión del conocimiento moderno que contrastaba con la escolástica decadente de la época. Estos conocimientos modernos causaban molestia a la escolástica porque “se temía exageradamente que con las luces de las nuevas doctrinas se introdujera también a los errores contra la fe cristiana.[3]; pese a esta opinión él no dejó de sentir gran interés por la modernidad, propiamente las ciencias y la filosofía moderna, a tal grado que fue nombrado prefecto del Seminario Mexicano de San Ildefonso, cargo al que renunciaría porque “debía de cumplir su encargo, no según su juicio, sino según el del rector”, lo que significaba continuar con una filosofía tradicionalista y faltar a su principio de búsqueda de la verdad.

Retorna al Colegio de San Pedro y San Pablo en la ciudad de México, dónde continúa su educación en Teología[4], no transcurrido mucho tiempo, es ordenado sacerdote y pide dedicarse al ministerio de los indios en el colegio de San Gregorio. Es aquí donde inicia su actividad escrita, con pequeños opúsculos que contenían ideas acerca de necesidad de la integración de las ciencias, la literatura de calidad, la buena oratoria, las lenguas, la filosofía y algunos problemas históricos.

El 25 de octubre de 1767 Clavijero embarca en Veracruz con rumbo hacía Italia, junto con sus hermanos de orden que habitaban en la Nueva España, ante el exilio ordenado por Carlos III de toda la Compañía de Jesús; los motivos de la expulsión fueron desconocidos, la única escusa del rey fue, porque:

estimulado de gravísimas causas, relativas á la obligación en que me hallo constituido de mantener en subordinación, tranquilidad y justicia mis pueblos, y otras urgentes, justas y necesarias [razones] que reservo en mi real ánimo [5]

Clavijero es exiliado y en condiciones fatales que casi le cuestan la vida, después de una larga travesía llega a Italia, dónde no pierde el ánimo, inclusive dice: “me consideraré feliz después de nuestra gran desgracia, si me es dado habitar en Bolonia, ciudad que es culta entre las primeras, patria de tantos literatos y famosa por muchos títulos”[6], así, instalado en la “seda de la sabiduría”, Clavijero escribe su magna obra Historia antigua de México retomando como punto central su tierra y patria mexicana.

Clavijero fue un hombre inteligente, noble, sencillo, letrado y de presumible benevolencia hacia los indígenas, tanto, que una vez expulsado de Nueva España, su obra también se concentraría en la defensa de los habitantes de América.

Las primeras intenciones por escribir esta historia, era cubrir la falta de noticias sobre las primeras poblaciones del Nuevo Mundo; en segundo lugar, ofrecer datos cronológicos que en un futuro sirvieran en la conformación de una historia de México; finalmente, su motivo más sentido, hacer una defensa de la verdadera historia de la tierra, los animales y los hombres de América, ante las falsedades narradas en Investigaciones filosóficas sobre los americano o memorias interesantes para servir a la Historias de la especie humana, donde cuyo autor prusiano, Cornielle De Paw, aseguraba informar sobre la inferioridad natural y racional de los americanos[7], tesis a la que se le unían otros científicos naturales del momento, como: Gage, Marmontel, Raynal, Robertson y Buffon; sin embargo, la obra principal a refutar, para Clavijero, era la de De Paw pues “en ella, como en una sentina o albañal, ha recogido todas las inmundicias, esto es, los errores de los otros,”[8]; aunque también afirma refutará al conde Buffon.

De este modo, desde su trágico exilio, Clavijero escribe Historia Antigua de México “para servir del mejor modo a [su] patria, para restituir a su esplendor la verdad ofuscada por una turba increíble de escritores modernos de la América”[9], es decir, restablecer la verdad y hacer justicia ante la crítica falsa que se ha hecho “por hombres inteligentes y prácticos [de otros] países[10] que nunca pisaron América. Por el contrario contando a manera de historia, él deja en claro que su testimonio presentado estará fundado en los 36 años vividos en México.

Previo a la expulsión de Nueva España, y durante sus múltiples actividades, escribía el interesante “Diálogo entre Filaletes y Peleófil, cuyo argumento es que en el estudio de las cosas físicas debemos procurar inquirir la verdad y de ninguna manera propugnar alguna opinión establecida conforme al arbitrio de los mayores”[11], mayores que se entiende por la autoridad. Esto es importante porque lejos de ser un escrito, vamos observar como en la obra de Clavijero esto se vuelve un principio de su labor histórica, de defensa y de vida, pues prefería ir contra de la falacia de autoridad y asumir las consecuencias, antes de suprimir la verdad.

[1] Maneiro, Juan Luis y Manuel Fabri, Vidas de mexicanos ilustres del siglo XVIII. Trad. y notas de Bernabé Navarro, Biblioteca del Estudiante Universitario/ UNAM, México, 1989., p. 109

[2] Juan Luis Maneiro, op. Cit., p. 119.

[3] Ibid., p. 121.

[4] Previo a su cargo en el Seminario Mexicano, Clavijero, en el Colegio de San Pedro y San Pablo trabajaba documentos sobre los antiguos mexicanos, textos que había legado Carlos de Sigüenza y Góngora. Aquí mismo inició sus relaciones con hermanos de orden, todos humanistas como: José Rafael Campoy, Andrés Cavo, Francisco Javier Alegre, Juan Luis Maneiro, entre otros.

[5] Libro I, Título XXVI, Ley III, D. Carlos III. Por pragmática sanción de 2 de Abril de 1767, “Extrañamiento de los Reguladores de la Compañía de Jesús de todos los dominio de la España é Indias, y ocupación de sus temporalidades” en Novísima compilación de las Leyes de España. Madrid, 1805, p. 181. Disponible en línea: http://fama2.us.es/fde/ocr/2006/novisimaRecopilacionT1.pdf [Consultado el 05/10/2014]

[6] Juan Luis Maneiro, op., cit., p.145.

[7] Ibid., p. 597.

[8] Ibid., p. 598.

[9] Francisco Javier Clavijero, Historia Antigua de México. Edición y prólogo del P. Mariano Cuevas, 21ª edición, México, Porrúa S.A, 2009, p. xx.

[10] Ibid., p. XXII.

[11] Ibi., p. 140. En la cita número 21 del texto de Maneiro se señala que el texto está perdido.

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