Celebrando casi tres siglos del espíritu moderno de Rafael Campoy.

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Por Paulina Landecho
Twitter:@p_landecho
CampoyEl día de hoy se celebran 292 años del nacimiento de una figura destacable, sin embargo olvidada tanto de la historia del México novohispano, como de la historia de la filosofía mexicana. Rafael Campoy ─nacido el 15 de agosto de 1723 en Álamos, Sonora─ fue jesuita, parte del denominado grupo de los humanistas del siglo XVIII. Campoy fue introductor de las ideas modernas a la Nueva España, donde aun se reflexionaba en torno a las viejas concepciones escolásticas. Por ello es importante, primero, esclarecer algunos puntos generales sobre la concepción y métodos escolásticos utilizados en el México novohispano. Ya que con esto se comprenderá a cabalidad el por qué de la radicalidad de sus ideas modernas. Momento donde, como ya he señalado, los jesuitas son partícipes con su brillante filosofía.
Durante el auge en la Nueva España (1550-1625), quizás se señalaría con mayor frecuencia la obra filosófica de fray Alonso de la Vera Cruz, sin embargo la labor del jesuita Antonio Rubio y la de su correligionario Suárez, es digna de destacar. Quienes se preocuparon por hondos temas filosóficos se dedicaron al estudio y escritura de comentarios sobre Aristóteles. Los aspectos que consolidaron el pensamiento escolástico en Nueva España fueron cuatro, según Bernabé Navarro: el estudio de fuentes directas; la reacción contra el nominalismo y la aplicación exacta del método escolástico proveniente de la época decadente medieval; la preocupación por atender problemas de la realidad en el Nuevo Mundo; y finalmente la inquietud por conocer y contactar filósofos contemporáneos. Sería plausible marcar que a partir de 1625 hasta 1718 se conforma y brilla la escolástica, sin embargo señalaría que en realidad este es un periodo de renovación y transición filosófica. Si bien desde el periodo anterior, con Rubio y Suárez, se distinguían los albores de ver a la realidad como vértice y objeto de estudio, para este periodo se acrecentaban al introducirse los destellos de la modernidad. Dicha, tenía su primera aparición con Sigüenza y Góngora, y Sor Juana Inés de la Cruz. Navarro describe a la perfección, cómo en ellos surge una nueva disposición mental que da paso a nuevas rutas filosóficas.
“[…] se trasluce cómo en ellos han empezado a advertir que la filosofía y la ciencia de tipo filosófico se han convertido en disciplina mental abstracta, y que las afirmaciones de los filósofos o de la Escritura se toman sólo en su aspecto formal como argumentos de autoridad para demostrar la realidad[1].”
Sin embargo, ellos jamás se opusieron a la religión, simplemente les fue insuficiente para dar razón a la realidad natural. Por una parte, Sigüenza y Góngora se ve influenciado por Descartes, Kepler y Galileo, consagrándose así como el primer científico del Nuevo Mundo. Por otra parte, Sor Juana además de intentar dar razón a la realidad natural, hace objeto de su estudio su realidad social. Así pues, quizás no propiamente la filosofía moderna se introduce en el Nuevo Mundo. Sin embargo sí las intuiciones e inquietudes clave que distinguen a la modernidad, y esto los jesuitas las sabrían aprovechar.
Campoy 2Ya para el siglo XVIII, la modernidad abre paso entre la filosofía escolástica decadente, y consecuentemente traería la revolución del pensamiento y con ello claramente, la gesta de un movimiento social. La duda presentada por Descartes corre como un fino hilo por todo el posterior desarrollo del pensamiento. Durante este periodo, destacan principalmente los jesuitas Francisco Xavier Clavijero, Diego José Abad, Francisco Javier Alegre, y Rafael Campoy, quien nos atañe el día de hoy ¿Cuál fue su labor filosófica? El primero de los aspectos por señalar, es el método, medio esencial por el cual renovarían la filosofía tradicional; los filósofos jesuitas rechazaron todo argumento ad verecundiam, en cambio, se inclinaron por la investigación y estudio en las fuentes directas[2]. Por lo tanto, el rigor en la búsqueda por la verdad, es un método fundamental que lleva a cada filósofo jesuita a ser sumamente crítico frente a la realidad. Ahora bien, entrando en los matices, en sí, de la filosofía jesuita, es pertinente mencionar las influencias que éstos tuvieron: Bacon, Malebranche, Leibniz y Descartes. Sin embargo, la enorme inteligencia de los filósofos jesuitas no se apropia del pensamiento de sus influencias, sino que lo adaptan en torno a problemas que atañían a su contexto. Algunos de los problemas que abordaron fueron: el estudio desde la física —y no desde la metafísica— de la naturaleza y la defensa de la tesis del pecado filosófico. Así mismo, tratan el tema de la dignidad humana, al plantear la relación con el «otro». Como bien señala el Dr. Ramón Kuri…
“La originalidad de estas tesis teológicas de la Compañía de Jesús no reside tanto en su relación con determinadas posiciones escandalosas como en su otredad original (relación con el otro), que se planteó conscientemente como rechazo de una determinada filosofía escolástica y de la destrucción del hombre y de la actividad humana a que no pocas veces ésta había conducido […]”[3]
Es decir, el movimiento jesuita sitúa al hombre en una nueva posición ontológica, donde él reconoce y recoge su condición humana. De tal forma que desde este nuevo estadio, el hombre se reconoce ante él mismo y el otro, y se compara, sufre y se ve miserable ante la divinidad. Sin embargo, ellos no buscaban contravenir a la Institución eclesiástica, sino, en cambio, integrar las ideas de la modernidad. Empero, dado que el hombre ahora es digno objeto de estudio, consecuentemente lo será su realidad; por ende este nuevo objeto de estudio albergará algunas cuestiones que contradicen a la vieja tradición teológica-filosófica. Situación que lleva a consolidar a Rafael Campoy y sus correligionarios como peligrosos para los intereses de la Nueva España. Es por ello, que en 1767 la Compañía de Jesús es expulsada. Campoy muere, en el exilio, el 21 de diciembre de 1777 en Bolonia, Italia.
Bibliografía
—Kuri Camacho, Ramón, El barroco jesuita novohispano: la forja de un México posible, 1ª edición, Prólogo de Ernesto de la Torre Villar, México: Universidad Veracruzana, 2008.
—Navarro, Bernabé, Cultura Mexicana Moderna en el siglo XVIII, México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1964, Seminario de Historia de la Filosofía en México.
________. Filosofía y cultura novohispanas, 1ª edición, Edición y presentación de Mauricio Beuchot, México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1998.
—Santos Hernández, Ángel, Los jesuitas en América, 1ª edición, Madrid: Editorial Mapfre, 1992.
 
[1] Bernabé Navarro, Filosofía y cultura novohispanas, p. 29
[2] Cabe señalar, que el estudio en fuentes directas ya se venía proponiendo desde los filósofos, el padre Antonio Rubio y Suárez.
[3] Ramón Kuri Camacho, El barroco jesuita novohispano: la forja de un México posible, p. 465
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