Reseña de Los condenados de la Tierra de Frantz Fanon

Frantz Fanon. Los condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica. México. 2001.
Por Pablo Guerrero
le_orme@live.com.mx

Frantz Omar Fanon fue un psiquiatra, escritor y revolucionario. Nació en la isla de Martinica, colonia francesa, el 20 de julio de 1925, y murió de leucemia el 6 de diciembre de 1961 en los Estados Unidos, a donde se trasladó para tratar su enfermedad. La importancia e influencia que ha generado Los condenados de la tierra, ha convertido al libro en un clásico del anticolonialismo a nivel mundial.

Este libro cuenta con un prefacio del célebre filósofo francés Jean-Paul Sartre, posteriormente el contenido que consta de cinco capítulos, seguidos de una conclusión, y por último, un epílogo de Gérard Chaliand. A continuación haré una breve exposición de cada capítulo y la conclusión de esta obra que se ha vuelto imprescindible para pensar gran parte de lo que sucede en el llamado Tercer Mundo.

Fanon

Capitulo I. La violencia

Frantz Fanon describe como opera la ideología dentro de la lucha colonial, en ella hay una ideología dominante maniquea que divide al mundo en blanco y negro, bueno y malo, lo virtuoso y lo vicioso, el hombre y la bestia, etc.; y que termina por justificar la violencia ejercida sobre el colonizado. Toda colonización es violenta, y en ella una fracción de la humanidad pierde su libertad y es tratada como un objeto, lo cosifican, es decir, pierde sus derechos, su dignidad, su tradición cultural.

Ante esta pérdida de todo lo que constituye al hombre colonizado, existe la posibilidad de recuperar su ser por medio de la lucha, “la ‘cosa’ colonizada se convierte en hombre en el proceso mismo por el cual se libera”1, nos dice Frantz Fanon. ¿De qué forma podemos sobreponernos a la violencia del colonialismo? Mediante otra violencia que le haga frente; pues no se puede razonar con el colono, “el colonialismo no es una máquina de pensar, no es un cuerpo dotado de razón. Es la violencia en estado de naturaleza y no puede inclinarse sino ante una violencia mayor.”2

La violencia es un acto necesario para la reivindicación de la humanidad del colonizado, mas sólo se puede luchar de forma efectiva si hay unión entre los explotados o inferiorizados; nunca inferiores. Pues “en lo más profundo de sí mismo, el colonizado no reconoce ninguna instancia. Está dominado, pero no domesticado. Está inferiorizado pero no convencido de su inferioridad.”3 Y es justo en la lucha donde el subyugado materialmente demuestra su libertad mental. “En el plano de los individuos, la violencia desintoxica. Libra al colonizado de su complejo de inferioridad, de sus actitudes contemplativas o desesperadas.”4

Esta lucha por la libertad se puede ver de forma más concreta en la lucha por la tierra; elemento necesario, pero no suficiente para ser libres.5 Pensamos, a menudo, la libertad y la autodeterminación como cualidades abstractas asequibles por medio de la autognosis; sin embargo, todo valor espiritual tiene principio la materialidad. Así, los sujetos no despojados de su tierra tienen, todo lo necesario, para ser autónomos, al emplear su trabajo de forma creativa.

Capítulo II. Grandeza y debilidades del espontaneísmo

En este capítulo, se examinan algunos aspectos en ciertas colonias donde existe cierta incompatibilidad entre los partidos nacionalistas y la masa rural, y entre la diferencia de intereses entre la ciudad y el campo. El partido nacionalista tiende a representar más a la ciudad que al campo, es, generalmente, incapaz de actuar en beneficio del pueblo, problema que se agudiza por dejar dichos intereses en manos de “élites más conscientes” con condiciones de vida distintas a las del campo, entre los integrantes del partido.

El territorio está profundamente dividido entre los herederos de la cultura europea, asentados generalmente en las ciudades y los que conservaron su cultura y tradiciones autóctonas que viven en el campo. Este fenómeno le permite ahondar a Frantz Fanon en las diferentes condiciones materiales, y en la distinta forma de pensar entre el pueblo y la ciudad, y que constituye un gran reto para lograr la unidad nacional.

Los campesinos desconfían del hombre de la ciudad. Vestido como un europeo, hablando su lengua, trabajando como él, viviendo a veces en su barrio es considerado por los campesinos como un tránsfuga que ha abandonado todo lo que constituye el patrimonio nacional. […] Es la oposición entre el colonizado, excluido de las ventajas del colonialismo y el que se las arregla para sacar partido a la explotación colonial.6

Cuando se dan las luchas por la liberación del territorio, tanto el campo como la ciudad se dan cuenta de la dificultad para llegar a acuerdos y de los proyectos distintos que piensan para el país; a estas impresiones, llegan los colonizados cuando, por caminos distintos buscan generar caminos que no comparten. El compromiso con la lucha revela diferentes matices dentro de la sociedad y logra una conciencia más atinada de la misma, la lucha permite deshacernos de una visión claroscura que no permite tomar decisiones propias.

El pueblo comprende entonces que la independencia nacional descubre realidades múltiples que, algunas veces, son divergentes y antagónicas. […] El pueblo que al principio de la lucha había adoptado el maniqueísmo primitivo del colono: blancos y negros, árabes y rumíes, percibe que hay negros que son más blancos que los blancos y que la eventualidad de una bandera nacional, la posibilidad de una nación independiente no conducen automáticamente a ciertas capas de la población a renunciar a sus privilegios o a sus intereses.7

¿Qué significa todo esto? Que la lucha contra el colonialismo no termina con un simple movimiento social o símbolo que afirme nuestra independencia política, económica o mental, sino que la independencia requiere de continuar defendiendo ciertos espacios insospechados.

Apartheid is the reason for the whole South African disaster. No doubt: the apartheid policy is responsible for the racial tensions. The black race is excluded from a lot of places, e.g. at the bayside like indicated on this sign-post. (06/23/76)(AP PHOTO)

Capítulo III. Desventuras de la conciencia nacional

Cuando dejamos a un partido político la tarea de conformar una conciencia nacional, esta resultará fragmentada, pues el partido nacional tiende a beneficiar sólo a una burguesía que no desea un gobierno más democrático, ni formas de vida más equitativas entre los miembros de un país, sino que desean heredar, simplemente, los beneficios que tuvo anteriormente el colono. Bajo el discurso nacionalista es como el burgués legitima todas las iniquidades.

Es que, para ella, nacionalizar no significa poner la totalidad de la economía al servicio de la nación, decidir la satisfacción de todas las necesidades de la nación. Para ella, nacionalizar no significa ordenar el Estado en función de relaciones sociales nuevas cuya eclosión se decide facilitar. Nacionalización significa para ella, exactamente, transferencia a los autóctonos de los privilegios heredados en la etapa colonial.8

El gran reto que enfrenta la burguesía consiste en impulsar al pueblo a la conciencia y mejorar sus condiciones de vida al hacerlo partícipe de las decisiones políticas que afectan a la totalidad de la nación. Sin embargo, la burguesía está miope, y en lugar de ver lo cercano, su pueblo, tiene la mirada puesta en Europa; y va a vendérsele; dice Fanon, “la burguesía nacional va a asumir el papel de gerente de las empresas occidentales y convertirá a su país, prácticamente, en lupanar de Europa.”9

Si bien Fanon nos está hablando de África, y más particularmente de Argelia, su discurso cobra una pertinencia inusitada para el fenómeno colonial en América; por ejemplo, cuando Fanon desarrolla una crítica al partido único y nacional que emerge después de la Independencia, y que cae en nueva forma de dictadura, su análisis no dista mucho de nuestra realidad mexicana. Sin suavizar sus palabras, el autor afirma: “El partido único es la forma moderna de la dictadura burguesa sin máscaras, sin afeites, sin escrúpulos, cínica.”10 Busca el sometimiento mediante una nueva forma de gobierno que no dista mucho del colonial.

Otro aspecto que le preocupa a Frantz Fanon resaltar es la justificación de dicha dictadura mediante la estupidización del pueblo. El pueblo, contrario a lo que se quiere hacer creer por los obvios motivos de dominación, es capaz de entender los problemas nacionales con la sutilidad y complejidad en los que se puedan presentar para, posteriormente, ofrecer una respuesta satisfactoria a dichas problemáticas; por lo tanto, Fanon aboga por una politización de las masas, sobre todo la rural, de una política con unos partidos políticos que representen sus intereses en las decisiones del gobierno.

El partido debe ser la expresión directa de las masas. El partido no es una organización encargada de transmitir las órdenes del gobierno. Es el portavoz enérgico y el defensor incorruptible de las masas. Para llegar a esta concepción del partido, es necesario antes que nada desembarazarse de la idea muy occidental, muy burguesa y, por tanto, muy despreciativa de que las masas son incapaces de dirigirse. La experiencia prueba, en realidad, que las masas comprenden perfectamente los problemas más complicados.11

Este desprecio de la capacidad de pensar del pueblo es uno de los tantos frutos amargos que ha ofrecido el colonialismo; fruto con el que se engolozina la burguesía, y que no permite partir de bases sólidas para lograr un gobierno autónomo, unido y fuerte frente a las presiones extranjeras y a las nuevas formas de colonización no geográfica.

Capítulo IV. Sobre la cultura nacional

La cultura en los países subdesarrollados, colonizados, o bajo la amenaza de ser colonizados de nuevo, debe comprometerse con su circunstancia social y luchar a favor de su libertad, en ese sentido, es abiertamente política o ideológica, pues colabora con la emancipación mental del pueblo. La cultura debe ser inteligible y significativa para el pueblo.

La cultura nacional es el conjunto de esfuerzos hechos por un pueblo en el plano del pensamiento para describir, justificar y cantar la acción a través de la cual el pueblo se ha constituido y mantenido. La cultura nacional, en los países subdesarrollados, debe situarse, pues, en el centro mismo de la lucha de la liberación que realizan estos países.12

Fanon utiliza un poema de Keita Fodeba para mostrar como la cultura debe ayudar a despertar la conciencia nacional, y depurar la enajenación de los individuos. En este poema se le pide un soldado a los ancianos de una tribu para participar en una guerra de los blancos, ellos para mostrar la valía de la tribu, mandan a su mejor hombre, un agricultor de nombre Naman. Este cosecha toda clase de honores en esta guerra, pero al final es traicionado y muere a mano de sus jefes blancos Aquí, nos muestra Fanon, como la poesía posee un gran contenido político al esclarecer la situación del lugar.

En los países colonizados, el colonialismo después de haber utilizado a los indígenas en los campos de batalla, los utiliza como ex combatientes para aplastar los movimientos de independencia. Las asociaciones de antiguos combatientes son en las colonias una de las fuerzas más antinacionalistas. […] Fue, en efecto, con la ayuda de los antiguos combatientes cómo los servicios secretos planeaban, entre otros medios, aplastar la nueva independencia de Guinea.13

El colonialismo despliega todas sus armas, su violencia, su doble moral, engaño, y falsas promesas para mantener la sujeción de África, así como la de América; además, genera conflictos entre los colonizados para asegurar el control. Así, el primer paso para oponerse a esta situación de vasallaje es la conciencia de que el indígena no se dignifica a través de la cultura occidental, el indígena nunca ha sido un salvaje, sino que posee cultura propia y valores como cualquier otro. Y es justo cuando la cultura o la intelectualidad no le dan la espalda a su nación cuando posee credibilidad, validez, dinamismo y creatividad.14 El segundo paso, es una lucha social que se muestra como una de las más grandes expresiones culturales de un pueblo.

Creemos que la lucha organizada y consciente emprendida por un pueblo colonizado para restablecer la soberanía de la nación constituye la manifestación más plenamente cultural que existe. No es únicamente el triunfo de la lucha lo que da validez y vigor a la cultura, no hay amodorramiento de la cultura durante el combate. […] Esta lucha, que tiende a una redistribución fundamental de las relaciones entre los hombres, no puede dejar intactas ni las formas ni los contenidos culturales de ese pueblo. Después de la lucha no sólo desaparece el colonialismo, sino que también desaparece el colonizado.15

Capítulo V. Guerra colonial y estados mentales. Y Conclusión.

En el último capítulo se señalan la gran cantidad y diversidad de transtornos mentales que surgieron tanto en la población colonizada como en los colonizadores. En los casos que señala Fanon se encuentran el de dos niños argelinos, de 13 y 14 años, que matan a su compañero de juegos por ser europeo; o el de inspector europeo que torturaba argelinos, pero que extendió dicha práctica a su familia. En todos estos casos se puede notar la manifestación mental de toda la tensión y violencia ejercida por la usurpación francesa en aquella época.

Esta situación de dominio, humillación y vasallaje orilla al colonizado a preguntarse constantemente por su identidad. El europeo realizará toda una campaña ideológica y científica para demostrar que el salvajismo, agresividad y pereza del africano, constituyen partes esenciales de su ser. Sin embargo, Fanon afirma que estas características han surgido como parte de la situación colonial; más que ser vicios, constituyen, muchas veces, la forma de oposición al status quo. Por ejemplo, la pereza del africano se opone a su explotación; al contrario, sólo un africano con alguna patología podría trabajar de forma entusiasta en la empresa europea.16 Poner en duda la supuesta esencialidad de dichos atributos en el africano, constituye un acto revolucionario que debe extenderse.

La criminalidad del argelino, su impulsividad, la violencia de sus asesinatos no son, pues, la consecuencia de una organización del sistema nervioso ni de una originalidad del carácter, sino el producto directo de la situación colonial. Que los combatientes argelinos hayan discutido este problema, que no hayan temido poner en duda las creencias que el colonialismo les había inculcado, que hayan comprendido que cada cual era la pantalla del otro y que, en realidad, cada uno se suicidaba al lanzarse sobre el otro debía tener una importancia primordial en la conciencia revolucionaria.17

Para terminar, la Conclusión del libro comienza por una crítica a Europa y a su humanismo discursivamente universal, pero elitista y racista en la práctica. El Tercer Mundo, África o América, debe aspirar a una nueva forma de constituirse a sí mismos que se distinga de la europea, para ello tiene que emplear toda su creatividad y su esfuerzo para crear lo que Europa nunca pudo hacer, un concepto de humanismo y de pensamiento que sea integral y no excluyente; esa es nuestra tarea.

Ante el libro de Fanon el lector no puede quedarse en la indiferencia, su crítica no sólo toca a Occidente, sino que deja ciertas tareas y problemas que resolver para el presente. Por ejemplo, ¿podemos apelar a la unidad nacional para resolver nuestros problemas neocoloniales? Y de responderse afirmativamente a la pregunta, ¿qué características tendría esta unidad para no confundirse con nacionalismos dogmáticos, homogeneizantes, intolerantes, etc.? Este libro también es una llamada de atención para Latinoamérica y África para buscar una forma de pensar y de gobernarnos que tengan el atrevimiento de partir de nuestros mismos; pero fracasaremos en esta tarea si no entablamos un diálogo con nosotros mismos y nuestra sociedad para entendernos y descubrir nuestras posibilidades.

1Frantz Fanon. Los condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica. México. 2001. p. 31.

2Ibíd., p. 54.

3Ibíd., p. 46.

4Ibíd., p. 86.

5Ibíd., p. 39.

6Ibíd., p. 103.

7Ibíd., pp. 132 – 133.

8Ibíd., p. 139.

9Ibíd., p. 141.

10Ibíd., p. 151.

11Ibíd., p. 171.

12Ibíd., p. 214.

13Ibíd., p. 213.

14Ibíd., p. 224.

15Ibíd., p. 225.

16Ibíd., p. 272.

17Ibíd., p. 286.
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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Carolina de la Mora dice:

    *No sé por qué no aparecen en mi comentario los nombres de los libros. Me refiero a :
    Fanon, Los condenados de la tierra
    Bonfil Batalle: México profundo

  2. Carolina de la Mora dice:

    El libro de <> es clave para comprender la situación de colonialismo y -como señala el autor de la reseña- no sólo en África sino también en el resto de latinoamérica. Algunas de las observaciones de Fanon sobre el menosprecio de las costumbres de los campesinos y las de la gente de la ciudad, se parecen mucho a las que señala Bonfil Batalle en su libro: <>; Los indígenas en México,así como los campesinos en África son vistos por la gente de la ciudad como personas incultas incapaces de aprender. En el fondo ambos autores señalan una realidad que nos atañe y que le atañe a todos los pueblos colonizados. Su divulgación es importante a nivel cultural e intercultural. El primer nivel porque pone en perspectiva “viejos” problemas a las nuevas generaciones; y a nivel intercultural porque nos ayuda a hacernos conscientes de las situaciones de opresión que nos son comunes en Latinoamérica.

    A este fin considero que la presente reseña (sobre ) y su divulgación es valiosa e importante.
    En cuanto al aspecto formal del texto, me parece una narración clara, ordenada e integra. Es clara porque la sintaxis es correcta y adecuada. Es ordenada porque distingue los diferentes temas que aborda el texto. Y es integra porque muestra la singularidad y conexión que guardan los capítulos entre sí. Puedo ver con claridad en qué capítulo recae con más peso el tema que me interesa.

    Gracias por compartir su trabajo.

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