El testamento de Magdalena Ocuima, mujer p’urhepecha del siglo XVI

Por: Gabriel Argenis Ponce Fuentes

Reseña: «Legado y memoria: el testamento de Magdalena, mujer purépecha del siglo XVI». Conferencia impartida por la Mtra. Alejandra García Moreno

Gran cantidad de pequeños pasajes de historia yacen en documentos no estudiados. Así lo indican los descubrimientos al respecto que, de tanto en tanto, suceden y el hecho de que los archivos del mundo no están completamente estudiados. Aunque el conocimiento de la mayoría de estos pasajes puede no implicar grandes cambios en la historiografía ni en la consciencia histórica del mundo, de un país o de una región, tal conocimiento sí puede contribuir a corroborar, clarificar o enriquecer panoramas establecidos. A veces más allá de lo histórico; por ejemplo, en lo político y en lo simbólico.

Esto, me parece, sucede con el pasaje guardado en el testamento de una mujer p’urhepecha del siglo XVI llamada Magdalena Ocuima. Dicho documento fue encontrado, revisado y difundido recientemente por Alejandra García Moreno, maestra en Historia por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, quien actualmente estudia testamentos de mujeres del siglo XVIII en Michoacán. Fue en una conferencia realizada el 3 de septiembre de 2025 en el Museo del Estado de Michoacán, cuyo espacio físico es una casona barroca en el centro de Morelia, muy acorde para conferencias como ésta, que la maestra García Moreno compartió públicamente el hallazgo de tal documento en el Archivo Histórico Municipal de Pátzcuaro, archivo de la jurisdicción donde hace siglos vivió la señora Ocuima.

Testamento de Magdalena Ocuima, «india natural de Pátzcuaro». Foto: Gabriel Argenis Ponce Fuentes.

Después de señalar la relevancia historiográfica de los testamentos en tanto declaraciones vinculadas formal y legalmente a la verdad, la estudiosa refirió diversos elementos informativos acerca de este expediente. En lo formal: el testamento está escrito en lengua p’urhepecha y está acompañado de una traducción al español contemporánea a la redacción original del testamento cuyo interprete fue Francisco de la Cerda, fungió como testigo un hombre llamado Francisco Tsitsiki (apellido en lengua p’urhepecha que significa flor) y fue escrito en 1592 encontrándose Magdalena “enferma del cuerpo”, pero “sana de la voluntad”. En lo contextual: el testamento está acompañado de otros documentos de un proceso de inconformidad posterior. En lo personal: se registra que la señora Ocuima se autoidentifica como “india natural de Pátzcuaro”, que es viuda, que la lista de sus bienes incluye la casa que habitaba y, algo llamativo, dos esclavas negras, Ángela de 30 años y la hija de ésta de entre 12 y 13 años como aparece en un pasaje presentado directamente por la Mtra. García Moreno:

«Y ten declar por mis bienes la casa de mi morada que se compone de tienda, sala, aposentos, cocina, corredor, patio y corral con el solar que le corresponde: y constará por lo títulos como también los linderos, y con ella dos prietas esclavas la una nombrada ángela de treinta años de edad y una hija de la susodicha de doce a trece años de edad con todos los demás bienes y alhajas que se hallaré puertas adentro y mis albaceas manifestaren y así lo declaró para que conste.»

En otro pasaje del testamento se enlistan bienes diversos que son un rico muestrario de la existencia cotidiana de la señora Magdalena Ocuima:

“Y ten declaro que yo tengo un guyipil leonado, quiero que se venda en dos pesos y medio o lo que mis albaceas vieren que vale

Y ten declaro que tengo una freçada de castilla, mando que se venda en lo que mis albaceas vieren que vale
Y ten declaro que yo que tengo una cobija de bengala mando que se venda en lo que mis albaceas vieren que vale
Y ten quiero y es mi voluntad que si Dios me llevare que a mi hija Monica se le den los cedazos de cernir harina y una arteza que yo tengo
Y ten declaro que tengo un jubón que fue de mi hijo (Andrés Cicique, difunto) mando que se venda y del dinero que se hallare por el se (tachado= compre) le de al cura para que lo aya en limosna
Y ten declaro que tengo un sayo negro de mi hijo y unas medias coloradas, y una hacha mando que se venda todo y se le de al cura”

También en el testamento se enlista deudores de algunos pesos y tomines: uno llamado Gabriel “natural de Janecho” (lugar actualmente llamado Janitzio), otro “un indio que se dice Diego questa casado con mi nuera” y “una india que se dice Maria, mujer de siguangua”. Y se dispone que los bienes sean heredados a su hija, que vivía en otra localidad, y que ocho pesos sean donados a la Cofradía del Santísimo Sacramento para formar parte de ésta póstumamente.

Los asistentes a la conferencia manifestaron cierto asombro al saber que una mujer en el siglo XVI podía heredar con libertad sus bienes y expresaron curiosidad por saber si el documento en lengua p’urhepecha pudiera ofrecer aún más información al revisarlo directamente.

Desde mi perspectiva, el referido pasaje histórico, además de ser un ejemplo del uso de instrumentos legales por parte de mujeres en el siglo XVI, tiene la peculiaridad de que lo protagoniza una mujer autoidentificada como “india” en una región del mundo donde apenas décadas atrás arribaron individuos con la determinación de desplegar un orden de dominación y aprovechamiento sobre todos los identificados como “indios” o no europeos como también es el caso de la población traída o descendiente de África.

Este pasaje también corrobora que ese orden jerárquico, en el espacio geográfico que se llegó a nombrar “Nuevo Mundo”, no tuvo una estructura homogénea porque, en distintos grados, integró y permitió elementos nativos, entre ello diversas lenguas, que le favorecían o no representaban un riesgo para su estabilidad. Por otro lado, cabe señalar que tal orden no logró dominar por completo recursos naturales, culturas y pensamiento. Todo lo anterior concuerda con que Pátzcuaro, el lugar de residencia de Magdalena Ocuima, fue una capital prehispánica que se mantuvo como un asentamiento muy importante: fue elegida por Vasco de Quiroga como segunda capital del recién establecido Obispado de Michoacán, después de Tzintzuntzan que también fue otra capital prehispánica, y en ella vivieron descendientes de los gobernantes p’urhepecha y otras personas relacionadas con ese estrato político, económico y social. Estos vivían en el centro de Pátzcuaro cerca de los templos, conventos y colegios cristianos, como fue el caso de Magdalena Ocuima. Lo cual hace suponer que esta mujer como nativa tenía relevancia política y social.

Aún queda mucho por desplegar de este pequeño pasaje de historia y de sus conexiones con otros pasajes a través de un mayor estudio documental, historiográfico y reflexivo, algo a lo que invitó cordialmente la Mtra. García Moreno al finalizar la conferencia aquí referida.

Alejandra García Moreno, investigadora, expone sobre el testamento de Magdalena Ocuima. Foto: Gabriel Argenis Ponce Fuentes.

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