Violencia, ¿a quién responsabilizar?, o de la educación como solución II/III

 Cynthia Damián

Retomando la reflexión anterior, se intentará ahora explorar de manera breve las dos vías señaladas al final del ensayo, esto es, la educación con valores y enseñar valores como las opciones en las que recae el problema de la situación de nuestra ápoca: la indiferencia, y que ha dado pie a la situación actual de violencia y deshumanización.

            En primer lugar, educar con valores representa la postura institucional, donde a partir de un discurso se diseñan las estrategias y mecanismos que se han de seguir al momento de educar a los niños y jóvenes del país. En esto, claro está juga un papel importantísimo el tipo de educando que se quiera formar. Por ello, las políticas educativas son la muestra perfecta del ciudadano que se quiere. Hace 20 años los programas de estudio en la primaria incluían nociones básicas de ciencias naturales, que después fueron relegados a la educación secundaria, por ejemplo, pero que en el fondo muestra el desinterés por éstas áreas del conocimiento para el desarrollo profesional.

            Aunque las ciencias en la actualidad no son lo más preciado por el gobierno, representan un área de conocimiento no tan agredida –en los planes de estudio al menos- pero sí en las políticas al momento de asignar presupuestos. Quizá el nivel de agresión radique en la importancia que las innovaciones tecnológicas tienen en las mediciones que la OCDE realiza anualmente para medir los niveles de desarrollo de un país.

            Hace dos años sufrimos la RIEMS (Reforma Integral de la Educación Media Superior), programa del gobierno federal donde quedó claro que las disciplinas humanísticas son prescindibles de la élite política mexicana que dirige desde los más altos escaños los destinos del país. Dicha reforma se proponía aglutinar en una sola materia el amplio y vasto espectro de disciplinas humanísticas por el sistema de competencias, donde lo que vale y cuenta es el “talento” que tengas al desempeñar diferentes tareas, estén o no relacionadas con la formación académica que anteriormente se ha recibido, y que muestra más bien el interés por “formar” “ciudadanos plásticos”, que cumplan con su trabajo y no busquen más allá, pues desempeñar un trabajo un día y al siguiente otro no brinda la oportunidad de llevar a cabo la autocrítica u observaciones acerca de lo realizado. Hasta aquí la primera vía.

            Pasemos ahora a analizar nuestra segunda opción: enseñar valores, ésta refiere a la formación del ciudadano. Aquí se apuesta por la formación de ciudadanos desde un ambiente propio, personal, y que en la mayoría de las ocasiones se aleja de lo que las instituciones ofrecen, pues requiere para su existencia de disciplina e interés de la propia persona, de un mecanismo autodidacta y crítico que permita ver más allá de lo que ordinariamente se es capaz de observar. Claro que esta segunda opción es factible si quien emprende la crítica tiene acceso a la información, si ha buscado más allá de lo que los medios proporcionan o se han involucrado en proyectos civiles o ciudadanos con el afán de participar de mejoras sociales, culturales, etc.

            Los ciudadanos así formados tienen responsabilidad social y están comprometidos desde su trinchera en acciones encaminadas a mejoras sociales desde una perspectiva humana, consiente y reflexiva, que se extiende a aquellos que forman su círculo inmediato.

            Sin embargo, el panorama no es alentador ni las soluciones rápidas o fáciles, más en un país como el nuestro, donde las leyes son perfectas y dan la imagen de estar construyendo un país desarrollado y capaz, pero que en la realidad muestran los problemas del sistema burocrático, la corrupción y el desinterés en todo aquello que conduzca al país hacia verdaderas mejoras. Pareciera más bien que el interés de los políticos se centra en el siguiente escalafón al que podrían acceder y no a cumplir sus tareas de ciudadanos comprometidos.

            Ahora bien, el espejo donde todo esto refleja es la educación. Un sistema educativo ideado para formar gente competente olvida el lado humano; la formación autodidacta representa una vía, que en una sociedad apática es acallada por los medios, por los poderes fácticos que rigen la vida, pero que se arriesga en el intento de conseguir una mejor sociedad. Queda pues por analizar la viabilidad de ésta vía, ya que de la otra tenemos evidencias acerca de su funcionamiento y sus logros, reflexión que queda pendiente para la tercera y última parte de esta reflexión.

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